martes, 29 de diciembre de 2015

EL DÍA QUE NACÍ YO



      Es la calle donde  nací 

El día  que nací   no  fue  un día  normal, sino más  bien un día muy especial. Nací  un  26 de Febrero de 1955 sobre las 9 de la noche. Ese día, un invierno cerrado hacía mucho frío y soplaba un aire huracanado. Probablemente ese día era sábado o domingo, mi padre estaba en casa y no había trabajo, y en el pueblo había funciones de teatro y cine.

Mi madre por la tarde rompió aguas y comenzó a tener dolores de parto. Mi abuela puso agua a calentar y preparó la cama y sábanas para el parto. El alumbramiento era eminente y llamaron a la médico y éste avisó a la comadrona para ayudar a mi nacimiento.

Mi madre aguantando los dolores pacientemente mientras las contracciones eran cada vez más seguidas. Ya al anochecer llegó la la partera quejándose del vendaval que había en la calle que cada instante  era  más  fuerte.
Al poco tiempo llamó a la puerta una vecina portuguesa muy amiga de la familia la llamábamos "Sesa".  Venía  asustada y avisando que en el pueblo la guardia  civil había suspendiendo  el  teatro y el cine y avisaron a los oliventinos que se irían  a  sus casas y se encerraran en casa, cerraran bien las puertas y las ventanas y que se aproximaba algo imprevisible. No se sabía era un huracán o algo peor un terremoto.

La comadrona al oír tal noticia se acordó de sus hijos que los había dejado en el cine y se fue en su búsqueda. Mi padre enfadado le dijo: Cómo iba a irse en ese momento sí ya su mujer estaba de parto y próximo  el nacimiento.  Ella hizo caso omiso y se fue dejando a mi madre con mi abuela. Mi padre salió tras ella. Cuando regresaron, mi madre ya me tenía entre sus brazos. Nací muy pequeñita y muy morena.

Las circunstancias de lo que acontecía en el pueblo dio momentos colectivos de histeria y a la población con el caos de confusión a contravenir las indicaciones más sensatas  que  informó la guardia civil. Algo de eso debió de ocurrir en mi pueblo según me han contado a lo largo de los años. Hubo gente que cargaron con todos los enseres y pertenencias que pudieron y salieron a los campos. Otros se dirigieron al cementerio, a saber con qué finalidad y, no faltaron quienes sacaron a sus mayores enfermos e inválidos. Otros se ataron en el parque a los árboles y otros obedeciendo a las autoridades, se quedaron en casa, cerraron puertas y ventanas. Como mis padres que al nacer yo, con la alegría de mi nacimiento se olvidaron de que algo malo pasaba  en allí fuera. 

En los días siguientes la guasa y las bromas salpicaron de obligados comentarios entre los habitantes del pueblo, ya que afortunadamente, no hubo ni terremoto, ni huracán. Estoy segura que un huracán de alegría llenó de felicidad a mi humilde familia del primer nacimiento de la hija de Antonio y Maria. 

Quizás ese día marcó mi personalidad inquieta y revoltosa sea deudora de la agitación y revuelo que me acompañaron en mi venida al mundo. Toda mi familia me ha contado esta historia a lo largo de los años.

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