viernes, 10 de febrero de 2017

VIAJE A LEÓN " Castrillo de los Polvazares"


Durante el viaje a León en diciembre de 2013 después de visitar Astorga, fuimos a comer el cocido maragato a Castrillo de los Polvazares, un pueblo que visité en la excursión con mis amigas en junio del 2009. Las fotos son de las dos épocas.

Castrillo de los Polvazares 

La localidad se encuentra situado en la zona central de la provincia de León, en la comarca de Maragatería, a una altitud media de unos 850 metros sobre el nivel del mar.


Junto a Murias de Rechivaldo, Santa Catalina de Somoza y Valdeviejas, el término de Castrillo de los Polvazares se integra y conforma el municipio de Astorga, en su vertiente suroriental, a unos 45 kilómetros hasta la ciudad de León y 5 kilómetros del centro de Astorga.

Es uno de los pueblos que mejor conserva su estructura original medieval, con sus calles y casas de piedra, declarado en su totalidad Conjunto Histórico-Artístico. El Camino de Santiago tiene su recorrido a 50 metros de esta localidad.


Casi todo el pueblo conserva la misma arquitectura y las puertas y ventanas pintadas de verde 
Un pueblo perfecto en su estructura de piedra rojiza. Con casas de altísimos muros, puertas con arcos de medio punto, fachadas tratadas con mucho esmero rozando casi la coquetería, calles amplias y patios interiores. Todo empedrado creando, en conjunto, la perfección absoluta.


Rincones del pueblo 

En esta villa vivieron familias enteras de los llamados maragatos. Aquellos que comenzaron a transportar el pescado desde Galicia en mulos hacia el interior de Castilla y que terminaron por acarrear cualquier clase de alimento, telas, muebles e incluso, dinero. Los maragatos eran muy honrados. Este poder e influencia llegó a crear una tradición y cultura propia que muy bien podemos ver en las bodas maragatas que se llevan a cabo entre ellos mismos.


Crucero de madera 
Justo a la entrada del pueblo, todavía queda un crucero de madera sobre un pedestal de piedra. La característica de esta cruz es que cuenta con una capilla colgada justo donde se unen los brazos con el tronco que en su interior conserva un pequeño crucifijo. Estructura que se repite en otros cruceros de la villa y en parte de algunos de los pueblos cercanos, municipios que sirvieron de inspiración a Concha Espina para escribir la Efigie Maragata.


Se notaba la helada en el suelo 

Quizás, el comienzo de la decadencia de este bello pueblo comenzara con la llegada del ferrocarril a estas tierras. Muchas familias maragatas emigraron a Galicia, Madrid e incluso a tierras de América como Argentina y Uruguay.

Foto hecha en verano y sillar de piedra para sentarse 

Calles muy anchas, foto en invierno 

En Castrillo de los Polvazares nos llama mucho la atención la anchura de sus calles. Quizás se hicieron así para facilitar el trasiego de los carros, los caballos y los mulos. Otra cosa muy curiosa son los asientos de piedra que hay en muchas entradas de las casas que, posiblemente, sirvieran para facilitar la subida a los caballos y mulos.


En los rincones sombríos no se quitaba la helada 
Si tenéis la suerte de encontrar alguna puerta entreabierta os llamará la atención la belleza de sus patios interiores, largos y muy grandes, decorados con elementos rústicos, con jarras y botijos. Si no, la altura de los muros de estas casas solo aumentará vuestra curiosidad por saber qué es lo que se esconde dentro.

En verano sobre el carro

Si visitas Castrillo de los Polvazares entre semana es muy posible que te sientas dueño de todos los rincones de este pueblo, nosotros fuimos en invierno, un lunes, con mis amigas lo visitamos un sábado del mes de junio y allí desayunamos. Silencio y tranquilidad, estas son sus claves. Sus calles desiertas, las ventanas y puertas cerradas y un silencio estremecedor que sólo puede romperse, si te lo imaginas, con el rechinar de las ruedas de los carros y los golpeteos de los cascos de los animales en la piedra. La piedra de Castrillo de los Polvazares.



                                           

















En la Plaza Mayor destaca la pequeña iglesia con su campanario y un poco más abajo, la antigua fuente.



 

Detalles de las ventanas, puertas y balcones de madera.
  


La arquitectura del pueblo, de macizos muros rojizos y puertas y ventanas verdes, está formada por las llamadas ‘casas arrieras’. Estas casas, diseñadas con el propósito de servir para la actividad comercial de sus habitantes, servían como viviendas a la vez que se usaban como depósitos de las mercancías que compraban y vendían sus dueños, entre ellas salazones de pescado, vinos, productos de secano y embutidos.

Distintas fotos de rincones y calles  del pueblo sacadas durante  mis visitas. 







 
 


 



                                              
Como fuimos al mediodía y era lunes muchos de los restaurantes estaban cerrados. Encontramos abierto el Mesón La Magdalena en una casa rural. El interior estaba decorado muy bonito y rústico. Y por supuesto dimos cuenta del cocido maragato. La forma peculiar de servirlo es al revés de otros cocidos. Primero se sirven los segundos, carnes chorizos, garbanzos, verduras y por último sacan la sopa. Es imposible terminar todos los platos.  Había que dejar sitio para las natillas maragatas.



Comedor en el patio cerrado 


Comedor donde comimos

Dispuesta a comer este rico cocido
  
Carnes y garbanzos con verduras

Relleno, los chorizos y tocino

  
Lo último se sirve y se come la sopa 




He subido una receta de internet





PARA EL RELLENO DEL COCIDO MARAGATO:
Un poco de morcillo, tocino, ajo, perejil, pan rallado y huevos.

                                                              









Y después de salir del restaurante nos dimos un paseo por el pueblo sacando fotos. Pudimos entrar en una casa sin restaurar nada y este es su patio. Allí un amable matrimonio longevo nos vendió unos quesos y miel.  


¡¡Espero que os haya gustado!!
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