miércoles, 11 de febrero de 2026

Visitamos Ourense, ciudad- 20-10-25

Hotel Exe Aurense 4*

Salimos del hotel ya con nuestras maletas para el regreso a casa. Nos esperaba en la zona de As Burgas  el guía para mostrarnos lo más importante de Ourense. En poco tiempo pudimos ver mucho solo por la mañana.

Las fuentes termales de As Burgas son uno de los espacios más emblemáticos y queridos en la ciudad, directamente ligado a sus orígenes. Aquí nacería la antigua Auria (palabra indoeuropea ligada al agua), un asentamiento romano formado alrededor de estos manantiales mineromedicinales que hoy continúan manando a más de 60° C en el corazón del Centro Histórico.

Fuentes de As Burgas

Visitarlas es imprescindible para conocer la historia de Ourense y entender su íntima relación con las aguas: tocarlas y sorprenderse, descubrir sus misterios en el Centro de Interpretación  y disfrutar de un baño en la piscina termal al aire libre, (estaba cerrada), prácticamente de la misma forma y en el mismo lugar que la de nuestros antepasados romanos hace dos mil años.

El grupo escuchando al guía

Durante siglos aquí han convivido la curación, el ocio y el culto; ha sido el lugar de encuentros de sus habitantes, origen de leyendas, escenario literario y fondo de infinitas postales. Por todo ello, no es casualidad que Ourense se conozca como la «Ciudad de As Burgas».


Plaza del Mayor de Ourense

La Plaza Mayor de Ourense ha sido desde siempre el epicentro del casco antiguo de esta capital gallega, ese lugar donde los ourensanos se reunían para celebrar, comerciar o para dejarse ver. Sin embargo, esta plaza es más peculiar de lo que puedas imaginar ya que no es habitual que un espacio público tan importante esté situado en un “incómodo” plano inclinado que obliga a las construcciones circundantes a adaptar sus paredes según esta particularidad. Aunque caminar no llega a ser tan molesto… una vez que te acostumbras.


De un primer vistazo llaman la atención los edificios circundantes, que muestran diferentes tipos de arquitectura, y los soportales situados en tres de sus cuatro laterales. Esos tres laterales formaban parte de El Espolón, que era ese paseo donde los nobles caminaban y se exhibían ante sus iguales. De estas historias os hablaremos en los apartados siguientes porque las plazas mayores, a poco que nos fijemos, están dispuestas a contarnos decenas de anécdotas.

Fachada del Concello

Catedral de San Martiño

La historia de la Catedral de San Martiño es un periplo de construcciones y alteraciones, más de ocho siglos de transformaciones que han modelado su estructura y aspecto actual. La seo, cuya primera fecha de alzado habitualmente se sitúa entre los siglos XII y XIII, ocupa un templo de cruz latina con influencias compostelanas y del arte cisterciense, construido en un estilo románico tardío, ya con notas del gótico. Es uno de los principales monumentos de la ciudad y el elemento central alrededor del cual se articulan las calles del centro histórico.







El colorido de las decenas de figuras de este pórtico iluminan la Catedral de Ourense: es una imagen que se fija en la memoria. Su impresionante policromía le ha valido el título de Pórtico del Paraíso, por oposición al gris del de la Gloria en Santiago, del que tomó inspiración.


 
La influencia de Santiago (Pórtico de la Gloria) y los modelos del Maestro Mateo se hace patentes en el conjunto, aunque la pieza ourensana es posterior, del siglo XIII. Fue reformado en el siglo XVI, colocándose la bóveda estrellada y la imagen de San Martín.

Las estatuas a modo de columnas reproducen a los profetas, que portan cartelas con su nombre y entre los que encontramos la sonrisa amable de Daniel. También a los apóstoles, estos con sus libros. El arco central conserva a los 24 ancianos del Apocalipsis, músicos portando instrumentos de la época que parecen interactuar entre sí, en animada conversación.



Este es solo el principio de una Catedral llena de secretos; aquí al lado está la Capilla del Santo Cristo, del que dicen que le crece el pelo…


Cuenta la leyenda que el Santo Cristo de Ourense fue encontrado, allá por el siglo XIV, por unos marineros en Fisterra. Sea o no verdad, lo cierto es que el tremendo verismo de esta figura gótica, en la que pelo y barba son naturales, ha ido forjando una continuada y popular devoción que acabó valiéndole la construcción de una lujosa capilla en la Catedral.

La capilla del Santo Cristo reunió y reúne un importante patrimonio por las donaciones que siempre ha recibido. A ella se accede a través de una reja renancentista de Celma, de recargado estilo barroco. El baldaquino es de Domingo de Andrade, el mismo autor que el de la catedral de Santiago de Compostela, y los retablos obra del leonés asentado en Galicia Castro Canseco. En ellos se encuentran tallas de gran interés como la Virgen Blanca en alabastro o el San Mauro de Francisco de Moure. Todo este ornato contrasta con la elegancia renacentista de la sillería del coro, obra de Diego Solís y Juan de Angés (s. XVI), y que fue trasladada parcialmente a este espacio tras la reforma del templo en 1938.

En la parte superior hay pinturas del siglo XVIII que representan escenas de la vida de Cristo y alguna otra más reciente, como la de la cena de Emaús. Este hecho deja patente como la devoción por el Cristo y las donaciones de objetos artísticos a la capilla continúan en la actualidad.

Leyenda y devoción del Santo Cristo

Además de las leyendas vinculadas a su origen marinero, el verismo de esta talla ha alimentado durante años la creencia popular de que le crece el pelo, y de que todas las semanas acude un barbero a la Catedral para cortarlo.

La importante devoción que siempre ha despertado el Cristo tiene un bello ejemplo en las dádivas que recibe en forma de lámparas, que cuelgan del techo dando a la capilla un cierto aire bizantino. Entre las donaciones al Cristo se cuentan también exvotos con forma de barco, ofrendas de marineros. Una tradición perdida era la de colgar jaulas de pájaros en las fiestas de la Novena al Santo Cristo.

Después partimos hacia el bus que nos llevó a la vuelta a casa. Al paso por tierras gallegas vimos parte del desastre de los incendios de este verano. Paramos al lado de Puebla de Sanabria para comer. El menú también alubias, pero estas no tenía almejas.  Llegamos a casa a buena hora. 

¡¡Espero que os guste!!

Fuente:Aquí

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