lunes, 29 de febrero de 2016

ARRUGAS EN LA SABANA I " Visita a Donosti" 7º Cp.


              Visita a Donosti
                                                              Donosti  playa  de Ondarreta  al fondo  monte Igueldo
  Clausurada a mediados de setiembre  con  éxito la exposición de la obra pictórica en Madrid, Carmina comenzó a preparar la exposición en Donosti. La semana anterior a la inauguración la pintora trasladó parte de su obra, en esta ocasión mostrara sus cuadros de paisajes marinos y pinturas de temas de los caseríos del país vasco.
 El día anterior a la inauguración Carmina se levantó muy temprano, miró por la ventana de su habitación, el día amaneció  oscuro estaba nublado,  quizás llueva. Hizo los trabajos  de  su casa y la comida, después de desayunar  cuando sus hijos   se fueron al colegio se vistió con la ropa adecuada y llamó por teléfono al móvil  de Salvador.

    Rim... rimm... rimm...

   —¡Diga!

   —¿Salvador...? -suena la voz suave a través del   aparato.-Soy Carmina, ya estoy preparada.-

—¡Bien, vale! sólo tengo que recoger unos papeles y enseguida voy, espérame donde convenimos ayer.

 Carmina paseaba por la acera mientras esperaba, la mañana se mostraba fresquita y las nubes  amenazaban lluvia. No tuvo que esperar casi nada, llegó Salvador unos minutos más tarde, paró su coche  y subió Carmina. Se dieron un beso y partieron hacia  Donosti. Por el camino hablaron de sus planes de trabajo, lo que cada uno tenía que hacer en la ciudad. Carmina  tenia que organizar la puesta a punto de la exposición y Salvador pasar por la redacción del periódico para entrevistarse con su jefe.
                                                                   Barra de  pintxos  en un  bar de Donosti


     Cuando llegaron a Donosti en el cielo se abrían claros que dejaba paso a tramos de cielo azul que asomaba el sol por el sur. En el horizonte del mar se escondía las nubes tras el monte Igueldo  y acumulaban agua de forma amenazadora; surgían negruzcas, de color pizarra, venían del norte y avanzaban sobre la bahía de la Concha, mientras el viento azotaba y levantaba la arena seca de la playa. No tardaría en llover. Aparcaron el coche en el aparcamiento subterráneo que está debajo del Paseo de la Concha, y se dirigieron caminando hasta la calle Zubieta donde se encuentra la galería de arte y allí se despidieron, dándose un beso.


  —¡Llámame cuando termines tu trabajo!

      —¡Si! ya sabes si puedo me reuniré contigo para tomar algo y si no más tarde nos veremos en la sala.

  —De acuerdo amor. ¡Avísame!, Si te quedas con tu jefe a comer ¡eh!.

  Carmina pasó la mañana colocando los cuadros con el comisario de la sala de exposiciones y poniendo a punto la iluminación. En la cafetería de al lado  encargó un refrigerio para obsequiar a los invitados para la inauguración del día siguiente.

                                                                       Tapa de Mejillones pintado al óleo( 5 x 5) por Mamen Píriz


  Salvador pasó poco tiempo con su jefe y fue por a la  exposición  a reunirse con Carmina. La lluvia hacía su presencia a esa hora en la ciudad, a pesar del tiempo salieron a dar una vuelta, por la parte vieja de Donosti. Disfrutaron de sus típicos rincones tomando unos vinos, degustando varios pintxos en varias tascas famosas de dicho lugar.



    La lluvia cesó, desaparecieron las nubes dando paso a claros. La brisa perfumada de salitre alivió el calor de sus cuerpos, cuando enfilaban la callejuela con pavimento de adoquines. La breve y umbría entrada nos ofreció al fondo, casi como en una visión de túnel, una naturaleza luminosa en leve contraste de tonos azules de cielo y mar. La sorda ubicación de los mástiles de veleros balanceantes se confundía con el agudo graznidos de las aves marinas en su preciso y precioso cielo alrededor de la bahía.


                                         Donosti  puerto  fondo  monte Iguedo


       A la izquierda del callejón frente al puerto, en el límite de la penumbra y la constante profusión de la luz, se hallaba el restaurante Aita Mari, que previamente Salvador había hecho una reserva. Una construcción de dos plantas y fachadas renovadas que les  hacía recordar a las austeras construcciones de la década de los cuarenta, fecha relativa en la que se construyó. Su interior es más bien austero, no le falta nada ni tampoco le sobra, tanto en la decoración como en el amueblado, a diferencia de algunas edificaciones dedicadas a la restauración y que, con el pretexto de sus proximidades al mar enjaezaban barras y paredes con doradas escafrandas de buzos, enormes manivelas de buques, quinqués y demás parafernalias extravagantes. 
    Ascendieron las escaleras de madera pulida que conducían al comedor principal con el oído y la vista avizores ante la mirada de algún casual conocido y, cuanto más, ante la que por mejor cercanía del sitio que fuere, se prestaran a buen refugio a modificar oídos indeseados. Por fortuna, nada de eso ocurría  y pudieron tomar asiento en una mesa encargada de víspera sin otro contratiempo que el de encontrarse ligeramente alejados de las ventanas con vistas al puerto. El lugar muy acogedor, la dueña les acomodó en un rincón reservado. Los dos se sentaron uno al lado del otro, al lado había una mesa dispuesta y preparada para otros dos comensales.
   Intercambiaron impresiones sobre el acogedor y reservado lugar. Carmina y Salvador mientras esperaban que la camarera les trajera la carta, rozaron sus labios por un tiempo momentáneo de haber pasado desapercibidos, en el significado tranquilizador de este término, dado su contexto de aquel lugar y situación. Una amable camarera les presentaba  el menú y les sirvía un aperitivo. El contenido del menú era variadísimo, pero ellos tenían predispuesto degustar un buen besugo.

              

                        Almejas en salsa pintado al óleo (20 x 20 cms.) por Mamen Píriz

     Después de elegieron los entrantes y verificaron que en la carta especificaba besugo pero según temporada, preguntaron a la camarera:


    —¿Hay besugo? 

    —¡Lo siento! Hoy no lo hemos encontrar fresco en el mercado.  Esta temporada es escaso, cuando lo hay es de fuera y muy caro, pero les recomiendo rodaballo que está fresquísimo.

    —De acuerdo! -asintieron los dos al mismo tiempo.

     Después de que la camarera hizo las anotaciones de lo que deseaban degustar, Salvador cogió la mano de Carmina, la acarició ligeramente diciéndole:


 
    —Comeremos o cenaremos besugo en otra ocasión no tendré la menor duda.

          —¡Si! cielo ya lo creo, en otra ocasión.


      A Carmina lo que más le importaba era estar con Salvador. De primer plato prefirieron marisco. Brindaron con una copa de un buen vino riojano al tiempo que, una vez más, se besaban con sus penetrantes miradas.

      Entre plato y plato la conversación fue de lo más íntima, entre  miradas,  palabras maravillosas y caricias. Cuando la camarera retiraba los platos de la mesa, les dijo  lo que podían tomar de postre. Salvador cogió un cigarrillo, lo encendió, hizo un silencio momentáneo y dijo a Carmina:

      —¡Tengo algo importante que decirte! -le cogió la mano- Ya sabes lo enamorado que estoy de ti y quiero decirte sobre todo que te quiero y creo que debemos ir pensando en vivir juntos. Estoy en un estado de mi vida que ya no tengo ninguna relación íntima con Charo, aunque mi relación con ella es de amistad y cariño por el tiempo que vivimos juntos y el amor por nuestros hijos. Esta relación es como una balsa de aceite, va pasando, va resbalando poco a poco y desde que te he conoció, tú llenas mi corazón plenamente. 
   Se hizo un silencio, que Carmina se  ruborizaba e hizo un gesto de sorpresa que no esperaba esas palabras.

     —¡Tú!, Has ocupado mi alma, eres mi todo ¡mi vida!. 
  Carmina le cogió de sorpresa, aunque esperaba que ese momento llegaría, pero no quiso darle mayor trascendencia. Tranquilamente deslizó su mano por debajo de la suya, le acarició el rostro a Salvador que mostraba un semblante serio y preocupado. 

   —Yo también deseo vivir contigo, pero no podemos permitirnos dar ese paso así de repente, tenemos que ir poco a poco y sin cometer errores, reflexionando. También tengo a mi marido y mis hijos a los que adoro y no sé si tendré el valor de abandonarlos fríamente-.

     Salvador interrumpió la conversación sirviendo un poco de vino en cada copa.

     —Ya sabes que por el contrario, -siguió Carmina- mantengo una buena relación íntima con mi esposo y nuestra relación es muy apasionada, pero nuestra relación personal está más alejada, quizás por mi trabajo, quizás por mi forma de ser, o por el contrario por el aislamiento que necesito para mi persona para crear.

                        
                                Ensalada de frutas pintado al óleo (20 x20 cms.) por Mamen Piriz
     Al llegar la camarera con el postre interrumpieron la conversación, se quedaron en silencio, se miraron fijamente y sin mediar palabra se dispusieron a degustarlo. Iban picando en el plato del postre que tenían delante. Carmina se quedó pensativa mientras desmenuzaba distraídamente migajas de pan en el mantel. Salvador levantó su copa en el aire y examinando con mirada penetrante el vino dijo:
  —Me encanta el vino de la Rioja.

      Apareció de nuevo la camarera con unas copas y unas botellas de licor y les preguntó si deseaban tomar alguna.


     —Es obsequio de la casa! ¿Desean tomar café? –preguntó-
     —¡Café solo!, Por favor -Dijo Salvador.

     —¿Usted señora? no,  gracias, -contestó Carmina

     —Por favor nos trae la cuenta,- pidió Salvador-

     —Sí, enseguida. - dijo la  camarera.
     La camarera sirvió las copas y se retiró
                                                  
                              Variación de helados pintado al óleo(20 x 20 cms.) por Mamen Píriz

      Cuando terminaron, Salvador pagó la cuenta y salieron del restaurante tan discretamente como entraron.

Continuará........



Entrega anterior

Derechos  registrados

Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905




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