domingo, 15 de mayo de 2016

ARRUGAS EN LA SABANA II " Nueva cita" del 12º Cp.

                                                                                                                    Desnudo pintado a  sanguina y pastel por Mamen Píríz

   Salvador necesitaba contarle a Carmina todo lo que acontecía. Antes de pasar a recogerla entró en una tienda y compró algo. Juntos se dirigieron a casa. En el trayecto el periodista le contó la buena nueva:

    —¿Sabes que me han nombrado director del periódico?

  —¡Sí!... Me alegro por ti, es un puesto que puedes desarrollar perfectamente. ¿Piensas  aceptarlo, verdad?

   —No lo se, lo tendré que pensar, esto cambia mi situación económica y laboral e incluso puede cambiar mi vida. 

    —¡Pensarlo! -exclamó la pintora- No tienes que pensar nada, ocuparas un puesto de importancia relevante, te permitirá vivir más desahogado y eso si... ¿tendrás que ir a vivir a Donosti no? ¿Has hablado con tu esposa?

    —¡No! todavía no le he dicho nada.

   Llegaron al portal y subieron juntos sin ningún miramiento. Una vez dentro, su primera idea fue tomarla en brazos y llevarla al dormitorio. Era lo que le exigía tanto su cuerpo como su mente. Pero se contuvo. No quería presionarla.

   La besó y ella entreabriendo los labios como lo había hecho otras veces, le correspondió,  aquel duelo privado y exquisito continuó hasta que Carmina le acarició su pelo.

     Salvador desabrochó torpemente los botones de su camisa y deslizó la mano hasta sus pechos. Todavía conservaba el color moreno que traslucía el sujetador. Sentirla le colmó de placer. Rodeó su cintura con ambos brazos maravillándose de su delicadeza. Los dedos le ardían en contacto con ella y siguió tocándola por el costado hasta llegar a las nalgas. 

 Carmina se estremeció pero no se retiró, al contrario, las rodillas le temblaron al rozar su pecho. Salvador acarició con la boca su pezón hasta endurecerlo de deseo. Carmina notaba que la cabeza le daba vueltas por la sensación que sentía, le gustaba, era lo que deseaba.

  El periodista la tomó en brazos y la llevó al dormitorio. Retiró el edredón hacia atrás, dejó al descubierto las sábanas blancas con dibujos rosas. Cuidadosamente besándola la empujó sobre la cama. Su piel aún resaltaba más hermosa sobre las sábanas. Carmina entrelazó sus dedos con los del periodista y le susurró.

    —¡jet`aime!

  Salvador cerró los ojos para saborear aquellas palabras, después se miraron, se besaron y él le preguntó:

    —¿Estás segura de esto?

   —Sí completamente segura- le contestó ella sin dudarlo-

Entonces Salvador no malgastó un minuto más, se desnudó, se quitó los zapatos y sin quitarse la ropa interior se tumbó junto a Carmina. Mientras se desprendía la escasa ropa, besaba su cuerpo y la acariciaba con la lengua muy despacio. 

Cuando deslizó la mano en el interior de sus muslos, ella contuvo la respiración y gimió. Carmina acarició al mismo tiempo el cuerpo de él. Le besaba el pecho, le acariciaba las caderas y aventurándose más allá de su vientre, le acarició su pene.

     El periodista la nombró con los dientes apretados. Ya no aguantaba más, le colocó  su pene entre sus muslos y mientras la abrazaba, sentía que no podía más, la apretó fuertemente. 

 Carmina tembló, despacio y con cuidado se abalanzó con movimientos de cadera hacia él. La tensión creció en su interior. Se aferró al cuerpo de Salvador antes que una violenta ola de placer irrumpiera en su interior. Salvador hundió la cara y el cuello con el último movimiento pronunciando su nombre y alcanzando el éxtasis.                          

  Escuchó la respiración jadeante del pecho de Carmina que, poco a poco iba siendo más tranquila quedándose exhausto entre sus brazos. Estuvieron  un rato sin decirse nada agarrados, descansando, hasta quedar casi dormidos.

                                                                                Dibujo a carboncillo de sus primeras  clases, dibujo de Mamen 1997

    El rostro de ella reposaba sobre el hombro de su amado. Salvador levantó  su cabeza, miró la cara y contempló el cuerpo desnudo de Carmina que ahora le revelaba sus secretos, olvidada de sí por completo al  mantener los párpados cerrados.

 Carmina como si hubiera sentido la mirada del periodista, entreabrió débilmente los ojos. Buscó entre las sábanas la mano de él y le entrelazó sus dedos, después de sentirla cerró los ojos de nuevo y con voz baja le dijo:

   —Te quiero.

 Verla tumbada así sobre la almohada, le parecía a una virgen misteriosa, que desde el cielo cayera a la tierra y se quedara de esa  forma, con los ojos entornados. Salvador se inclinó sobre ella, la besó de nuevo en la boca semi-abierta. Le miró a los ojos con esa mirada transparente y límpida y le susurró:

   —Jet´ aime

Salvador parecía otra persona. Hablaba ahora con más calma y su rostro se había cubierto con un tinte de dulzura que nunca ella le había visto jamás. Dulzura, humildad y comprensión hacía el momento que había pasado. 

De pronto al periodista le invadió  de nuevo el deseo y le sujetó las manos con fuerza. Ella aferró sus manos antes de que una ola de placer rompiera en su interior. Reaccionó al instante. Con un ademán en el que concentró toda la energía acumulada en su cuerpo, se incorporó en la cama bruscamente y le dijo:

    —¡Nos tenemos que ir!

    —Si mi amor, te llevaré a tu casa.

    —¡No! tengo que pasar por el estudio.

    —¡Ah bueno, entonces vamos!

Se vistieron y salieron de la casa. Juntos se fueron hasta el estudio de Carmina. Entraron en el portal aprovechando que salía un vecino. Subieron despacio las escaleras sin hablar siquiera. Al entrar  Salvador se quedó parado en la puerta, metió la mano en el bolsillo interior de la chaqueta e hizo un gesto con la mano hacia  atrás:

 —¡Vamos pasa! ¿Qué te ocurre? -Le preguntó Carmina-

   Se acercó a la pintora, le extendió la mano con el pequeño paquete.

  —No puedo hacer nada por borrar el fallo de hoy, por más que lo intento, así que te he comprado algo y me ha parecido un buen momento para dártelo.

  —No debías de comprar nada, 

   Carmina abrió el paquete. Era un chal rosa. Él  se lo puso sobre los hombros.

  —Quería que fuera perfecto para ti.

Carmina lo abrazó contra su pecho, y dejándose llevar por el impulso se puso de puntillas y lo besó en la mejilla.

  —Gracias Salva, es precioso. 

Él sonrió de oreja a oreja, contagiado de felicidad.  

  —Me alegro de que te guste.

  —¡Me encanta! anudando el chal por delante. 
  —¿Qué tal me queda?-

      Salvador podría pasar  el resto de la vida mirándola, estaba allí sola para él.

   —¡Preciosa! estás preciosa, pareces una princesa.

    Carmina se acercó al espejo y se miró. Después se apartó un par de mechones del pelo hacia arriba y los recogió en una coleta.

  —Gracias, Salvador -Le dijo volviéndose hacia el periodista.

  —Yo también he terminado tu retrato -se lo enseñó- ¿Te gusta?

   —Cómo no me va a gustar, si me gustas toda tú , todo lo que tú haces, ¡eres una artista!

   Se apoyó en su brazo para volver a  darle un beso en la mejilla, pero él se abalanzó y le dio un beso en la boca. Sellando de ese modo su mutuo amor. Entre ellos crecía un amor muy diferente del que el periodista sentía por su esposa. Carmina sabía abandonarse al placer y gozar de la pasión de su amante con paciencia, moderación y dulzura.

  —¡Cielo!, El sábado se juega el Derby de la Real Sociedad y el Bilbao Athletic en Donosti. Ya sabes lo que me gusta la Real. He encargado dos entradas, iré por la mañana y así  me paso por el periódico ¿Podrías acompañarme?

 —Tengo que ir un día de estos a Donosti a  visitar a mis amigas. Quizá lo puedo dejar para el sábado, las  visitaré  y comeré con ellas. Por la tarde  estaré libre para ir contigo al fútbol.

  Se despidieron con un beso. Salvador se llevó el retrato y Carmina permaneció en su estudio.

               
                                             Pintado al óleo por un amigo de la pintora

                               
                       

continuará......



derechos registrados

Mª  Carmen Píriz García - registro: 0910304797905

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