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domingo, 25 de septiembre de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA " Por fin " II entrega del 18º cp. y fin

Los dos últimos capítulos he dejado que mis lectores elijan.  Este final  es abierto para  seguir unos capítulos más. Los lectores han elegido por votación el otro final que lo leeréis en la última entrega. 

La alcoba, cuadro pintado por Mamen Piriz.
                          
   Salvador llevaba un tiempo con la salud mermada por la gripe. Tuvo que ir a trabajar con fiebre. El atentado terrorista en Madrid tenía a todo el equipo de la prensa en activo. Salvador empeoró y tuvo que quedarse en la cama porque la fiebre no se le iba. Sus hijo estaban en la universidad, su mujer cuidaba a su madre y él estaba solo en casa en la cama.

Carmina estaba en su mente, no había podido estar con ella hacía tiempo. Desde que el médico le había recetado Viagra, las reservaba para estar con ella. Tenía tantas ganas de ver a Carmina. Las pastillas como le había recomendado el médico las tenía que tomar media hora antes de tener una relación. Salvador tomó una un día a solas, su reacción fue buena, su pene tuvo una erección y se alivió masturbarse, pensando en Carmina, no le costó eyacular. La necesitaba a su lado y ahora más que nunca. Cogió el móvil y la llamó.

— ¡Hola Carmina! estás sola?

— ¡Si! ahora voy a ir mi estudio. ¿Y tú cómo llevas la gripe?

— ¡Mal! sigo con fiebre, me encuentro en casa en la cama ¿por qué no vienes? deseo tanto verte.

— ¡Vale! enseguida llegaré, cogeré en el bus que pasa ahora.

Carmina llamó a la puerta, él la estaba esperando. Se miraron a los ojos, se dieron un abrazo y se besaron largamente.

— ¡Carmi amor, qué ganas tenía de verte! ¡estar contigo! cada vez se hace más largo el tiempo, que poco nos vemos.

— ¡Ya, cielo! no es fácil vernos, desde que trabajas en Donosti. La situación ha cambiado, es difícil vernos y debemos tener mucho más cuidado.

—Tenemos que hablar del tema, pero cariño vamos aprovechar el tiempo ahora. Me acabo de tomar una pastillita de Viagra.

Juntos se fueron al dormitorio e iniciaron el baile del amor. Carmina se dejó llevar por el encanto de la pasión. Salvador se desprendió del pijama, ella se quitó la ropa quedando en ropa interior, llevaba puesto el conjunto de sujetador y braga que a él tanto le gustaba. Se unieron en un abrazo, los besos no faltaron en la ceremonia de entrega del uno al otro. Los labios de Salvador rozaron el cuello de su amada y ella le susurraba al oído palabras de amor que le sonaban a música celestial.

Fueron despacio, sin prisa notando cada caricia, cada latido, cada beso, cada susurro, el propio olor corporal que despierta feromonas hizo su efecto. Sus cuerpos se unieron y bailaron al unísono sin prisa, disfrutando uno del otro de cada centímetro de piel. El goce y placer era dulce como la miel. Carmina notó el pene erecto y lo introdujo en su vagina. Maravillaban del placer que sentían, era lo que esperaban.

Esta vez las arrugas en la sabana fueron de placer y no de rabia, cuando Carmina las arrugaba. Esta vez fue distinto sintió a Salvador como nunca lo había sentido. El roce del pene en su interior, hizo que Carmina llega al éxtasis repetidas veces. El flujo seminal de Salvador se vertió en su interior llegando los dos a la vez a ese clímax tan deseado. Poco a poco descansaron. Comentaron el disfrute con besos y caricias mientras que Salvador le acariciaba los muslos, ella le daba besitos en el torso.

— Carmina, menos mal que al fin te hice caso, mi miedo a enfrentarme con la realidad me tenía paralizado, estar contigo me animó a consultar al médico. Pensé que mi problema era por no tener relaciones seguidas. Con lo poco nos hemos podido ver. Con Charo no mantengo ninguna relación hace tiempo, mi vida sexual no era la adecuada.

— Es que hay que consultar al médico los problemas, aunque sean sexuales cuando no funcionan, esto un problema de salud y tanto como la salud del cuerpo, la salud sexual es importante, hay que consultar cuando no van bien. Me alegro que esa pastilla te ayude a recobrar tu disfunción eréctil.

— Carmina ya se que no es el momento pero deseo vivir contigo. Tengo pensado separarme de Charo y debemos solucionar nuestra vida irnos a vivir juntos. No quiero forzarte pero tu debes hablar con Joan y plantearle lo nuestro.

— Salvador ya hablaremos en otro momento se me está haciendo tarde, he de irme.

Carmina trató de eludir en ese momento hablar con Salvador, sus pensamientos a pesar de quererle iban por otro lado. Ella ya había cumplido con el trato que había prometido a Charo, quería que Salvador volviera con su esposa. Sabía que le iba a costar mucho ahora dar ese paso atrás, pero era lo mejor para los dos matrimonios. Sus parejas no tenían la culpa de que ellos se enamoraran, tenía que haber cortado antes esta relación. Estropear dos familias, revolucionar a los niños, sus hijos adolescentes y quizás no entenderían que el amor no siempre dura entre las parejas. Y si lo comprendieran no querían que sus padres se separasen.

Carmina llegó a casa, quiso contarle a su marido lo que pasaba, pero no pudo, Joan era un buen hombre un maravilloso padre y un excelente marido. No quiso hacerle daño contándole todo. Callar sería lo mejor. Tendría el secreto bien guardado.

La pintora habló con Salvador, él comprendió lo que Carmina decidió. Sabía que algo así pasaría. Hablaron mucho y entre los dos decidieron que la amistad estaría entre ellos. Porque la pasión se podría enfriar, pero el amor perdurará entre los dos. Hicieron la promesa de seguir siendo amigos y que siempre se iban a querer.



FIN




Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905




n

lunes, 12 de septiembre de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA " En la redacción" I entrega del 18º cp.

En la redacción

Explosión  (73 x 60 cms) pintada en acrílico por Mª Carmen Píriz.

                        
   Por la mañana temprano la redacción del periódico hierve en un hormiguero de trasiego de órdenes, papeles, fotos y juramentos. Los teletipos acababan de anunciar una masacre terrorista en Madrid. Trenes de cercanías volaban por los aires. Se le había asegurado a Salvador la crispación de un artículo de oposición política crecía del desaguisado.

  La advirtieron que su escrito debía comprender a los criterios de claridad, anexión y belleza estructural pues, como es notorio, las ventas de periódicos no depende hoy día, de la aglomeración de datos referentes a un suceso sino en las respuestas al ¿cómo? ¿por qué? ¿para qué? ¿ahora qué? cuyas respuestas las exigen los lectores.

  Salvador incapaz de poner en orden sus ideas ante la pantalla del ordenador, se servía de folios en los que tachaba palabras, frases y párrafos enteros en un desesperado desenfrenados esfuerzo por concentrar su energía mental en el tratamiento del ataque terrorista. No podía lograrlo.

 Con el rostro contrariado y una muesca de crispación tallado en su semblante no podía apartar de su imaginación la amabilidad con la que Carmina se había referido últimamente a sus relaciones íntimas. Adoraba a la pintora y ésta le correspondía con un amor sincero, pero un instinto primario le advertía que las circunstancias comenzaban a dar un giro inesperado a sus relaciones. Recordaba que, en alguna ocasión había sorprendido a Carmina con un rictus de preocupación y con la mirada, fija en el techo de la habitación, en plenas relaciones sexuales.

 Había acudido al médico de familia quien le disuadió de cualquier consulta con el urólogo, había solucionado su relativa disfunción eréctil con la mínima dosis de unos miligramos de Viagra. No piensa que no pueda ser ese el medicamento.

— ¡Salva, que poco implicado te veo hoy.....! Apenas un párrafo en el folio con las prisas que tiene esos...., -la compañera de redacción señala el despacho del redactor jefe, mientras le guiña un ojo-

— Ja, Ja, aquí por encima de todo se valoran las prisas - le respondió con desgana-

 Vuelve a concentrarse en su rumor emocional. Cavila con la posibilidad de que las adversas circunstancias laborales de su marido hayan acentuado los complejos de culpabilidad de Carmina, pues en ocasiones, le ha comentado que Joan no se merece este comportamiento infiel. Claro que, tampoco descarta el periodista que ciertos malentendidos a propósito de la participación de su amada en ciertos círculos que le han levantado alguna sospecha, pudiera estar en la base de este posicionamiento.

— ¡ A ver, esos artículos! los quiero dentro de media hora en mi despacho- bromea el jefe de redacción.

Foto  del atentado del tren, copiada de internet.
                  

   La noticia tenía prioridad a las demás del noticiario normal. La confusión que había de quienes habían sido los terroristas a primeras horas de la mañana llegaban confusas. Los políticos hacían declaraciones que había sido ETA. Las fotos de los corresponsales llegaban por fax era una masacre, en los vagones, había muchos muertos y muchos heridos, la gente de las casas de alrededor llevaban mantas, sábanas y cojines para acomodar a los heridos. Las explosiones fueron en varios vagones de cuatro trenes de cercanía. Todos los medios de emergencia estaban trabajando de inmediato y en cada momento se cambiaba de fotos para lanzar un periódico extraordinario. El caos en las estaciones de tren, con tantos heridos y muertos, las noticias llegaban y los periodistas en la redacción no paraban de recibir informaciones nuevas.

Noticia  copiada de internet.

  Salvador ese día no daba pie con bola, su salud estaba tocada con esa gripe mal curada que le mantuvo en cama el fin de semana. Y al ir a trabajar no se la estaba cuidando, la fiebre no remitía y el trabajo no le daba tregua para meterse en la cama.

— Qué te pasa Salvador le dijo su secretaria, las noticias hoy nos desbordan y tu no das ninguna orden de prioridad.

— ¡Perdona! hoy me encuentro peor y no soy capaz de concentrarme en nada.

— Ya te veo ya, Salva, antepones el trabajo a tu salud, no tenías que haber venido, la salud es primero.

— Si, es verdad pero, si de esta noticia me entero en casa tendría que venir y menos mal que estoy aquí.

  A Salvador esta noticia le mantuvo en vilo todo el día y toda la semana. Los medios echaban chispas y todo era confusión y caos en las redacciones de los periódicos.

Unos días después en el periódico resumía esta noticia:

21.31 h Cerramos a esta hora este minuto a minuto con la recreación del que fuera uno de los días más negros de la historia de España. 191 personas fallecieron este 11 de marzo como consecuencia de la barbarie terrorista, que provocó en los días siguientes en la ciudadanía española una mezcla de indignación, rechazo y consternación por lo que había ocurrido. En la jornada siguiente, miles de personas salieron a la calle, pese a la intensa lluvia, para mostrar su condena a los atentados. Fue una de las protestas más multitudinarias que ha habido en el país. Dos días después, el domingo 14 de marzo, hubo jornada electoral, que alzó a la presidencia del Gobierno al socialista José Luis Rodríguez Zapatero.
Abstracción.
                                                      




Continuará...













Derechos reservados  Mª Carmen Píriz García - registro: 0910304797905



lunes, 5 de septiembre de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA " La cita no fue posible" II entrega del 17 º cp.


       La cita no fue  posible
Enfermo en cama
                              
   Salvador tentó la mesilla de noche con la palma de la mano hasta alcanzar la funda de sus gafas. Se las puso para consultar el termómetro recién extraído del sobaco. La penumbra del dormitorio le permitió observar la línea de mercurio detenido cuatro centígrados más allá de los treinta y ocho grados. Una inoportuna gripe invernal, la gripe siempre lo es, le impedía acudir a la cita, días atrás convenida, con su amada artista. Pocos momentos antes su mujer había salido de casa. A pesar de los escalofríos y el sordo dolor de las articulaciones y de la zona lumbar se levantó y se dirigió a la sala. 

  Marcó el número de teléfono de Carmina. Colgó al cuarto timbrazo. Marcó de nuevo y volvió a cortar finalizada la cuarta señal. No estaba en casa. Le extrañó que, habiendo quedado en verse, se hubiera ido la pintora. Aunque, ¿por qué habría de resultar extraño si aún faltaba más de hora y media para la cita y posiblemente habría salido de compras? No le quedaba más alternativa que llamarle al móvil pero comprendió inmediatamente que iba a incurrir en una imprudencia pues ese número quedaría grabado en la memoria de su teléfono. Las posibilidades de comunicación con su amada quedaban definitivamente anuladas pues su mujer no tardaría apenas unos momentos en regresar a casa. Se asomó a la ventana y echó un vistazo al grisáceo día de primeros marzo empapado por una fina y neblinosa llovizna. Volvió a la habitación  y a la cama. Sintió un alivio al distenderse poco a poco su dolorido cuerpo. Se centró en el recuerdo de Carmina.

  ¡Cómo hubiese deseado y apetecido su presencia en su cabecera! Ella acariciaría los cabellos y él juguetearía con sus dedos en las manos entrelazadas. Bromearían y se dirigirían palabras de amor entretejidas en breves frases. Anhelaba su presencia como siempre, aunque más en esta ocasión pues, se sentía desesperado, inerme, sólo y afligido por la enfermedad. Amaba a esa mujer y en muchas horas insomnes en la que la noche taladra su tenebrosidad en las mentes y en los corazones, se había imaginado junto a ella para siempre. Pero la luz de la razón que, por débil que sea, se resiste en los humanos a ser engullida por los arrebatos pasionales, le sacaba del bullicio sentimental y le acompañaba hacía los prados de la sensatez para advertirle que, en demasiadas ocasiones, la convivencia es la mejor enemiga de la pasión, de la espera ansiosa, del descubrimiento de algo nuevo en él o ella. Que puede matar el embrujo mutuo hasta derivar en un terrible y mero soportarse recíproco. Salvador dio un fino braceo en la cama, como si esta idea o reflexión le zaheriera en lo más profundo de sus sentimientos. Intentó evadirse en el recuerdo del próximo artículo que debía publicar en el periódico. No lo logró.

 ¡Carmina...! ¡Carmina...! Su recuerdo estaba profundamente grabado en su memoria. La imagen de Carmina vaporosamente cubierta con el cortísimo salto de cama y un tanga que apenas le cubre su zona genital le provocó una subida de erección. Se bajó el pantalón del pijama y comenzó a masturbarse. La imagen de la artista, las caricias de su cuerpo y el rítmico movimiento de sus nalgas facilitándole el suave roce del pene en el interior de la vagina le inundaron de un dulce bienestar que facilitaba el intenso placer de la eyaculación. Maldijo entre dientes cuando escucho el ruido del cerrojo y la apertura de la puerta.

Mujer   en camisón, pintado al óleo.


 Carmina se había levantado temprano, por la mañana hacía frío, se había cubierto con un chal. Pronto llegaría la primavera y aún no había desaparecido el fresco del invierno. Sus ojos miraban a través de la ventana a la avenida de platanales que a cada lado de la carretera se erguían. Una monótona llovizna caía sobre ellos. De pronto abrió sus ojos negros, a lo lejos un coche apareció, era igual que era el coche de Salvador. Pero al acercarse pudo comprobar que el conductor no se parecía en nada al periodista. Al percatarse de que no era su amor bajó la vista de pronto se acordó que no tenía el vino que tanto le gustaba a Salvador y se vistió y salió a comprarlo. Cuando volvió miró sí en el teléfono habría algún mensaje, comprobó su móvil, le pareció raro que Salvador no hubiese llamado antes de la hora de la cita y se dispuso a prepararse para su llegada. La espera se le hizo larga. Miraba por la ventana continuamente y el coche de Salvador no acababa de aparecer por la avenida. Impaciente cogió el abrigo y el móvil y fue paseando hasta su estudio, donde decidió esperarle. Mientras tanto se puso a pintar en un lienzo que ya tenía empezado.

  Miró a el lienzo que colgaba en el caballete, cogió el bote blanco, el rojo, después el negro y puso en la paleta bastante cantidad de acrílico. Hizo una mezcla irregular sacando una gama de varios grises, comenzó a dar las primeras pinceladas sin saber tan siquiera qué trazos utilizaría, se dejó llevar por la fuerza del pincel y arrastró sobre el lienzo de un golpe una cantidad de la mezcla y con movimientos en diagonal, en vertical, dejó que su mano bailara de arriba abajo plasmando en el lienzo unos trazos de pintura que en ese momento de casi desgana la mano de Carmina bajó rectilínea dejando un surco de colores de gama grises y negras.

Yo ante una obra  obtenida  trabajando con desgana y rabia. 

  En primer lugar le parecía raro que no la llamara y en segundo lugar que no viniera. Impaciente esperó y esperó con una mezcla de calma e inseguridad. Cuando volvió a mirar al cuadro tenía unos trazos que le gustaron, mirando desde una cierta distancia. Había logrado un nuevo estilo de trazos, sin proponérselo. Miraba y no conseguía descifrar lo que había plasmado en los trazos pero decidió dejarlos así.

 Miró en el bolso y el recuerdo de Salvador la obsesionaba. Extrajo el móvil de la pestaña interior, buscó el número e hizo la llamada. Al otro lado de la línea una voz casi silenciosa contestó:

— Si.... si...

— Salva... Salva... amor... ¿por qué no vienes? te espero...

— Si... si... y colgó.

  Carmina se quedó sorprendida con el móvil en la mano, se dio cuenta que Salvador, por su forma de contestar, no estaba solo, seguramente estaría acompañado de su esposa o de algún hijo, por eso le colgó.

  En ese momento decidió volver a casa. Antes volvió a mirar el cuadro, solo aquellos trazos que había pintado le devolvió a la realidad, que estaba allí, esperando sin obtener ninguna respuesta a esa cita, insegura de que se volverían a ver ese día. Se vistió el abrigo, se puso un pañuelo en el cuello y fue andando hasta su casa.

  El paseo le sirvió para volver a pensar si esa relación con Salvador, tendría futuro. Estaba convencida de que se querían y pretendía reforzar en su corazón ese amor. Pero como contrapeso, existía el imponderable de que los dos, tanto ella como Salvador tenían sus respectivas parejas, cada uno había formado una familia ¿Sería legítimo destrozar esas dos hermosas familias? -se preguntó consternada-

 Por otra parte Salvador tenía que solucionar su problema de flacidez, que ya había iniciado los primeros pasos al ir a consultar con el médico ,tomándose unas pastillas de Maca, producto natural, que se lo recomendó el médico antes de optar por la inequívoca efectividad de la Viagra.





Continuará... 


           


Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905





lunes, 22 de agosto de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA " Se dejaron llevar por la pasión " IV entrega del 16º Cp.

                   
                                          

Carmina le esperaba con los brazos abiertos y lo rodeó por la cintura. Se dejaron llevar por los sentidos. Sus labios se buscaron y el beso apasionado dejó entrever la ansiedad por estar juntos. Carmina buscaba las manos de él y en su encuentro entrelazaron los dedos. Así, juntos, se dirigieron al cuarto contiguo al estudio.

Se desnudaron mirándose el uno al otro hasta quedarse en ropa interior. Ella con un conjunto de braga y sujetador negro y él con un slip blanco. La mirada de Salvador hacia Carmina era tierna, de deseo. Se volvieron a abrazar y las manos de él bajaron desde los hombros, los tirantes del sujetador, hasta la redondez de sus pechos donde sus manos se detuvieron e hicieron un hueco entre el sujetador para tocar sus pezones. Los rodeaba con sus dedos mientras los de la pintora se entretenían entre su cabello.

A su lado, la cama en la que se recostaron mientras apagaban la luz de la mesilla. Desde la ventana entraba un resquicio de luz solar por la que se dejaba traslucir la silueta de sus cuerpos. Se acariciaban la piel, sus labios se buscaron. El beso les transportaba a un lago de sabores y texturas mientras sus lenguas se rozaban.

               

Él volvió a acariciar los pechos mientras los labios se deslizaban desde la boca por todo el cuello hasta llegar a los pezones erectos de Carmina. Los succionaba como un bebé tratando de saciar su hambre y los acariciaba con la lengua mientras sus manos le abarcaban los dos pechos. Carmina le besaba la frente y le daba pequeños mordisquitos en el lóbulo de la oreja.

La boca de su amado continuaba el recorrido por el cuerpo desnudo, hacia el vientre donde los efluvios del sexo comenzaban a desprender su aroma mezclándose con el olor de la piel. Las manos recorrían las curvas de sus cuerpos, los muslos y las piernas hasta el dedo gordo del pie. Comenzó a darle besos deslizándose desde las pantorrillas, a la parte posterior de las rodillas hasta encontrar los muslos por los que su lengua, recorría la zona interior de los mismos.

Las manos de él deslizaron suavemente las bragas pierna abajo hasta quitárselas. La boca de su amado se introdujo en la selva de vello púbico por la que surcaba la vereda en busca de otros labios hundiendo la lengua hasta que ella se retorcía de placer al sentir las sensaciones que su mente multiplicaba.

La sensación de placer que sentía Carmina le hacía perder la cabeza hasta que el impulso de Salvador por ponerse encima de ella tratando de rozar su sexo con el de ella y en el intento de introducirlo en la vagina, no se pudo contener y el líquido seminal terminó por esparcirse.

Salvador hizo un gesto de inconformidad ante la situación. Carmina con gesto enérgico, tomó la cara entre sus manos y le apretó contra su pecho. Trató de tranquilizarlo mientras le acariciaba. Silenciosamente lo calmó dándole besos por toda las partes de la cara.
Después de un rato se levantaron y Salvador lo primero que dijo fue que trataría de visitar al médico.

Salvador sentía una sed ardorosa. Extendió la mano hacia una jarra de agua y se llenó un vaso. Lo bebió. Su sed quedó olvidada en el acto. Seguido le dio un abrazo de honda gratitud a Carmina por todas sus atenciones. Qué atenta, que cariñosa fue para él. Cuánta ternura, y cuanta serenidad se reflejaba en su hermoso rostro. Cuánto amor humilde expresaba su mirada. Y cuán dulce y cercana le resultaba la sensación que dejaban sus besos.

Luego, en la salida, las escenas de despedida tras la puerta. Salvador se marchó. Carmina dio un suspiro que le llegó al corazón, se entregó a sus pensamientos. Pensó, una vez más, en aquel instante lleno de imposibles, mientras una ola de fuego, tan dulce como la miel y tan ácida como el limón, atormentaba su corazón.

Se planteó una vez el problema, de sí le ayudara a Salvador en lo que acababan de hacer o en insistir que intentara acercarse a su esposa y que acudiera al médico con ella. Las dudas le recomían su alma.

Se preguntaba si se estaba haciendo daño contra sí misma, pues si seguía la relación podría enfrentarse con aquella mirada interior que cada ser humano lleva en su fuero interno. O si por lo contrario la necesidad de ayudarlo, no degradaría su dignidad y honor femenino. Sus dudas eran más poderosas que los posibles esfuerzos al dilema.

Cuando Salvador Salió del portal, caía una suave lluvia, pero él levantó su rostro y dejó que las gotas de agua mojaran sus mejillas. Subió por la cuesta empinada y abrió el coche y antes de conectar el motor sacó un cigarrillo de la cajetilla. Lo sostuvo entre las manos y al hacer el gesto de encenderlo lo miró y pensó. ¡Fumo demasiado! Se peguntó; ¿No será este vicio la causa de mi problema de disfunción eréctil? Agarró con fuerza el cigarrillo y lo estrujó en las manos. Bajó la ventanilla del auto y lo tiro con rabia contrariado.

Pensó, ¿Cómo voy a terminar con este problema? No tengo más remedio que acudir al médico. Iré al médico y lo consultaré. Dejaré que me haga un chequeo.... Pero cómo podía terminar con aquello.
         


En su mente seguía viendo a Carmina abandonarse en sus brazos; los pétalos de su boca suaves acariciando la suya, ahogando sus deseos con sus caricias; notando que la dejaba satisfechas de sus caricias, pero en la entrega total la dejaba insatisfecha.

Ella no lo demostraba, pero en su duda sí, ¿Cómo podré darle más? ¡se lo merece! Se miró al espejo retrovisor y dos lágrimas brotaban como dos diamantes y le caían por las mejillas. Vio como sus ojos se le ponían rojos, y con desesperación, cerró con fuerza sus párpados.

¡Loco! - Se dijo a sí mismo- ¡loco!


Continuará...




Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905













lunes, 1 de agosto de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA " En casa de Carmina" IV entrega y final del 15º Cp.

                                    
 Mesa de Navidad  

Aquella Nochebuena poco después de cenar y brindar en familia. Los hijos se marcharon a casa de unos amigos. Carmina y Joan se quedaron como de costumbre solos en la sobremesa:

— ¿Te gustó la película de la tarde?-Le preguntó Joan-

—No mucho, me pareció muy lenta y larga -le contestó Carmina- aquella tarde había ido con unas  amigas al cine.

Después Carmina se quedó mirando al vacío, fijó la vista en un punto determinado del mantel rojo. Jugaba con las migas de pan derramadas en el mantel, como a veces si hacía cuando no pensaba en nada.

Se levantó a recoger la mesa. Los recuerdos de la película iban pasando en su mente mezclados en su memoria con la cita que mantuvo con Charo, mientras dejaba los platos en el lavavajillas. Joan estaba entretenido mirando el televisión. El silencio más profundo reinaba entre los dos, sólo era interrumpido por el ruido de los cubiertos y los platos. Un poco más tarde, Joan se retiró al dormitorio, mientras Carmina  puso el lavavajillas en marcha y recogió la cocina.

Sonó el teléfono, Carmina no dejó que sonara la 2º llamada. Agarró el aparato con energía:

— ¡Sí, dígame!

— ¡Hola, mi amor! ¿Qué tal estás?

— Bien... estoy bien, pero... No puedo hablar ahora cielo -le dijo en una voz apenas perceptible.

— Están en casa y no puedo hablar ahora— ¡Quiero verte mañana! Necesito verte... -Le dijo-

— No puedo... no puedo ahora -le contestó Carmina y colgó el teléfono-

Carmina se quedó de pie, cerca de la ventana mirando la calle. Caía una espesa nevada. La noche oscura, solo iluminada por la blancura de la nieve en la calle. La capa de nieve escondía todos los bancos del paseo. Apenas circulaban coches por la carretera, pasó uno y marcó la rodada de las ruedas, nevaba tan intensamente que se volvió a tapar la carretera. La ventisca pegaba en el cristal de la ventana pegándose en ella.

Carmina se sentó en la sala y se quedó pensativa. Hacía tiempo que mantenía esa maravillosa relación con Salvador y escrutaba el fondo de su corazón, para saber que sentía hacia su marido, le quería pero su corazón estaba desolado, vacío hacia Joan. Sólo la violenta y forzada concatenación de sus difíciles pensamientos y borrosas asociaciones de ideas le pasó aniquilando todo, pero sin encontrar el dato más insignificante que pudiera justificar su instintiva y primera sospecha que había brotado de su alma, desde el primer instante. Sin embargo, cuando más profundizaba en aquella idea, tanto más insegura le parecían ahora sus elucubraciones. Carmina se fue a la cama, con la mirada tímida y triste:

— Pero... ¿Qué te pasa esta noche Carmina? Le dijo Joan mirándole a los ojos, Carmina se apresuró a huir de aquella mirada como si aquello ojos oscuros, tan penetrantes le adivinaran sus pensamientos de infidelidad y pecado con la penetración de un hechizo.

— He cenado mucho y tengo un poco dolor en el estómago -le contestó- Dio dos bostezos y se dejó caer en la cama cansada. 

Entonces le pareció que en vano huiría antes esas dudas y en ese instante en el que Joan se le acercó y le hundió las manos en los muslos, la acarició, volvió a sentir el latido de su corazón en aquel momento.

Algo le oprimió la garganta y hubiese querido gritar, como si sus nervios se debatiesen en las convulsiones de un sentimiento irreprimible. Cerró los ojos y apretó las manos sobre la sábana y se dejó llevar por ese instante mientras le temblaban todos sus miembros. Hicieron el amor lentamente, como nunca y se quedó tan extasiada como si le hubieran tocado los rayos del miedo, de la culpa consciente y del placer.
    

   Tarjeta de Navidad, niños en la  nieve


Carmina se levantó tarde, abrió la ventana de la cocina, a través de la ventana entraba el aire gélido. En el parque de enfrente, unos niños jugaban con patines sobre el suelo helado. La blanca mañana de Navidad se llenaba con los gritos infantiles. Fue al dormitorio de sus hijos y estuvo observándolos desde la puerta, dormían. Cerró la habitación y regresó a la cocina. Mientras vaciaba el lavavajillas, sus reflexiones giraban siempre en torno al mismo asunto. Lo que más temía, era al remordimiento que le torturaba el alma. Hubo un instante en los que la voz de la conciencia torturaba su alma con insoportables congojas. No obstante, cayó al mismo tiempo en el extremo opuesto y se sumergió con deleite enloquecedor en el amor por Salvador. Musitaba:

— Les contaré, les diré que me he enamorado de otro hombre que no es su padre, pensaba como tantas veces. Fue al cuarto de sus hijos, los observó, todavía dormían plácidamente. A la vez temía la negativa de su razón.

—¡Hay Dios mío! ¿Qué puedo hacer? -se preguntó, soltando un gran suspiro-

Se acercó a sus hijos y les tapó con la manta los brazos desnudos.

—¿Qué derecho tengo yo a darles ese disgusto? Ahora que tenemos una vida tranquila y ordenada.

Mientras estaba plantada ante la cama admirando la dulzura que rebosaban mientras dormían, el pequeño se despertó y le dijo:

— ¡Buenos días mamá! ¿Qué haces aquí?

— Vine a veros y a taparos para que no os enfríes.

— ¿Qué tiempo hace hoy? ¿Sigue nevando?

— No, no nieva ahora pero, hay una gran helada, he mirado por la ventana y hay un manto blanco de nieve heladora. Las aceras están resbaladizas, no anda nadie, sólo unos niños que juegan en el paseo con sus patines nuevos que les ha traído el Olentzero.

— ¡A propósito! ¿No habéis abierto anoche vuestros regalos?

— ¡No, ama! Vinimos tarde y con mucho frío, preferimos dejarlos para abrirlos todos juntos por la mañana. Y ahora mamá déjame dormir un poco más.

Carmina se acordó del regalo de su amado y decidió ir a buscarlo, lo tenía en el bolso. Abrió el paquete, lo desenvolvió, cogió el colgante y lo sostuvo entre las manos manteniendo la idea en no aceptarlo. Pero se lo colgó al cuello y se miró al espejo:

—Sí, me gusta, me lo llevaré puesto, diré en casa que me lo compré en el viaje.

Las fiestas de Navidad las pasaron tranquilas en familia. Carmina pensó durante la larga semana antes de Reyes qué podría regalarle a Salvador y por fin sus dudas quedaron desvanecidas con un mechero grabado con la marca de su equipo favorito que vio en un escaparate.

                            Mechero

          
                                                     


Continuará...




 Imagines recogidas de internet si su autor, las  retiraré de inmediato

derechos registrados

ª  Carmen Píriz García - registro: 0910304797905Entrega anterior

domingo, 17 de julio de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA " La sorpresa de Salvador" II entrega del 15º Cp.

                            La sorpresa de Salvador


Salvador supuso que estaría su marido y se marchó obedeciendo las órdenes de su amada. Se encontró de nuevo en la calle con el amargo sabor de no poderla besar, sin embargo todo aquello le dura un instante. Se quedó en medio de la acera mirando al vacío, con las cejas fruncidas, sin ganas ni fuerza siquiera para encender un cigarrillo. Fue al parque de enfrente, se sentó en un banco. Pronunció su nombre varias veces con acentos diferentes, repitiendo una y cada una de las sílabas del diminutivo, lo pronunció,¡Carmi! Repitió como si le llegara de lejos en tono de reproche, contrariado, y por fin lo pronunció de tal manera que sintió angustia en su corazón.

—¡Por qué me haces esto Carmina! -Dijo al levantarse del banco y tirando lejos la colilla.


Mientras las mujeres charlaban amistosas:

—Bien Charo ¿Qué tal os ha ido en las Islas Canarias?-le preguntó Carmina-

—En el tema turístico y diversión muy bien pero, en el tema personal no demasiado bien, estuvimos juntos pero, muy lejanos al mismo tiempo, Salvador ha cambiado mucho. Sospecho que hasta tuvo una aventura.

—¡Mujer, cómo puedes pensar eso! ¿Acaso no fue contigo?

—Si, si, fuimos juntos y lo pasamos muy bien pero... está diferente, notaba que no me hacía el suficiente caso. Sobre todo en el tema sexual no estuvo en ningún momento bien, me rehuye y evita tener el menor roce. En una palabra en la cama ya no funcionamos.

—Pero... ¿tú crees que se debe a que tiene una aventura? ¿Acaso se fue con alguna mujer?

—No, solo se fijó en una chica rubia y bailó con ella en la fiesta del hotel, pero no se fue con ella a la cama. Estuvimos juntos todo el tiempo.

—No crees que se puede deber a un asunto físico, más bien? Ya sabes... desde que estuvo enfermo y además él fumaba mucho, me lo dijiste cuando mantuvimos aquella charla en mi casa. Igual tenéis que recurrir a un profesional y solucionar el problema.

—Puede que sí, pero Salvador no es de las personas que me hace caso en ese aspecto, quizá a otra persona o a algún amigo le haga más caso, más que a mi.

—Tu trata de persuadirlo y dialoga con él, sin hacer ninguna escena de celos, más bien como su esposa. Yo creo que él te hará caso.

—¡No lo sé! Bueno... Carmina me tengo que ir, me avisas cuando puedas empezar el retrato.

—Ya te avisaré, después que pasen las fiestas seguro que lo empiezo, ¡¡Felices Pascuas!!

—Igualmente, hasta otro día.


Charo se marchó, cuando salió a la calle Salvador que todavía estaba en el parque, le vio salir del portal. Se sorprendió mucho al verla, se ocultó tras un robusto árbol. Una vez que su mujer dobló la esquina, fue al portal y tocó otra vez el interfono. Carmina no contestó.
Pensaba en lo que le dijo Charo y decidió que sería mejor no ver a Salvador hasta pasar las fiestas. El no insistió, se dirigió al coche y se marchó a la redacción.


Carmina fue directamente al armario y abrió el paquete que le había entregado Salvador. Era el colgante que le había comprado en Canarias. Se lo probó y dudó dejárselo puesto. Se lo quitó y lo volvió a guardar en el armario.


                                   

     

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Continuará...


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ª  Carmen Píriz García - registro: 0910304797905Entrega anterior

lunes, 13 de junio de 2022

ARRUGAS EN LA SÁBANA " Fiestas de gala" III entrega del cpi. 13º

  Fiesta de gala

Ilustración  de caballeros con smoking.

A las nueve de la noche del sábado Salvador se puso el smoking y se miró al espejo, Charo le estaba contemplando:

—¿No me queda un poco grande? Dio media vuelta y se volvió a mirar al espejo.

—Te aseguro que té queda como un guante- le dijo-¡Y yo! ¿Qué te parece?

—¡Estás muy guapa! Es un vestido muy elegante y además el color oscuro te hace más esbelta.

Una vez preparados bajaron a recepción de bienvenida. Se abrieron paso entre un grupo de invitados que estaban conversando. Al pasar junto a ellos le tocó el hombro a Salvador:

—¡Buenas noches! Salvador y Charo ¡Qué guapos estáis!

—¡Hombre, Pedro! No te había visto, ¡y tú también!- se piropearon mutuamente.

—Permitidme que os presente a estos amigos, que acaban de llegar de Madrid, Oscar y Rosario.

—¡Encantados de conoceros! –les estrechó la mano cordialmente y se saludaron las mujeres.

Después pasaron al salón contiguo donde servían un cóctel.

—Me ha dicho Pedro que eres periodista -le comentó Oscar-

—Si, trabajo para un periódico, dirijo la revista semanal El Cultural.

—Hace tiempo que leo la revista y sobre todo me gustan mucho los artículos de arte. Me informan de las exposiciones que se van a realizar en Madrid. Recorro todas las galerías que puedo. En verano asistí a la de una pintora vasca. Me interesaron mucho sus creaciones y compré varios cuadros. Creo que se llama Carmina.

Salvador se sobresaltó al escuchar su nombre, aunque procuró no hablar sobre la pintora delante de su esposa.

Pasaron al comedor. Estaba elegantemente decorado. Sobre níveos manteles blancos brillaban los cubiertos de acero inoxidable, las copas de cristal y la vajilla de porcelana. Las servilletas colocadas sobre las copas. La decoración de las mesas eran ramilletes de flores. Se sentaron en una mesa, de tal modo que Salvador quedó enfrente de su mujer, y a su vez entre las dos mujeres y los hombres uno a cada lado de Charo. Salvador entre las dos mujeres se sentía completamente aislado, por lo que se sintió muy satisfecho. Charo no parecía aburrirse con sus compañeros de mesa. Mantuvieron en todo momento una buena conversación.

Salvador reconoció en una mesa a la joven francesa que conoció el día del baile de disfraces. El periodista posó su mirada en ella y le contempló descaradamente. Era una mirada dominadora, a la que ella se sometió con movimiento de cabeza, luego paulatinamente, se acostumbró a la situación y le contestó con una larga mirada y un guiño. Su esposa, que le observaba, le dijo:

—Si yo hubiera sido periodista escribiría un artículo titulado “EL mundo del lenguaje de los ojos” Imagínate como un hombre y una mujer que no se conocen de nada se lanzan a un duelo mudo, a una silenciosa lucha de amor, tan solo con las miradas ahora tímidas, ahora humildes, ahora evasivas, ahora insistentes, ahora altivas, consentidas, defensivas, suplicantes, prohibitivas. ¿Te imaginas todo esto expresado en música e interpretado por una orquesta?

—¿Habéis experimentado alguna vez esas sensaciones indefinibles que despierta en el alma una mirada de mujer que no sea la vuestra?

Pedro que no se había dado cuenta de esas miradas le contestó:

—Charo todos coqueteamos con la mirada alguna vez, incluso vosotras, pero siendo parejas que nos tenemos confianza no pasa nada. Pero cuando un matrimonio está mal avenido y no se tienen confianza, puede más la desconfianza que da lugar a escándalos e inseguridad. Sin duda no se romperán los matrimonios por esas causas, pero cuando esto llega a ser así, habrá otros motivos añadidos a éstas como la infidelidad.

Pedro observa las mesas de alrededor y ve a gente que mira y conversan sin tener en cuenta lo que cada persona tiene a su lado.

—Por ejemplo: Aquí, mira a tu alrededor y verás un clima tranquilo. Pero también hay un clima inmoral pues siempre están mal vistas las aventuras amorosas fuera del matrimonio. Todo parece muy natural, pero siempre hay algo escondido. La promiscuidad que se experimenta con la mujer del prójimo o cualquier hombre, menos el propio, es divertido, pero no parece tan inocente como se pretende.

Charo mira, pero solo ve la mesa de la francesa cegada por los celos.

—Sí, pero... cuando lo hacen delante de ti ¿qué puedes hacer? le preguntó Charo -intervino Oscar en la conversación. Oscar le contesta a Charo:

—Los hombres sucumbimos a las maravillosas tentaciones, unas veces por curiosidad, otras por flaqueza, aunque se trate de una meta inalcanzable. La condición humana está encadenada a unos actos que se repiten, y casi nunca aprendemos nada. En muchos matrimonios bien avenidos hay promiscuidad, con coqueteos y amoríos. Son cuestiones veniales y deseos de carne. Más preocupantes son la frivolidad y el hedonismo que se condensa en el desamor. La infelicidad o el aburrimiento provocan una actitud crítica y una escalada de imputaciones y de reproches-¿Comprendes?

Le dijo a Charo, esta asintió moviendo la cabeza en contestación.Charo sigue con la conversación:

—El desamor, desde luego- presentía que se le escapaba de las manos la conversación. Ella quería hablar de algo distinto a la Sociología del desamor.

Interviene Salvador preguntando a Charo.

—¿Te refieres a comentarios banales por los comportamientos de los matrimonios? ¿O a hablar sobre el nuestro? –le dijo Salvador a su mujer-

Charo se calló. El desamor que le preocupaba era el de Salvador ya que le sentía cada vez más lejano en cuanto a su relación sentimental.

Rosario se unió a la conversación y propuso otro punto de vista:

—Mira, Charo, las personas tenemos que tener libertad; me refiero la dulzura de vivir en libertad, aflojando los lazos del convencionalismo sin por eso caer en el abismo. Se trata de coquetear con la tentación y una vez consumada retirarse con gran alborozo, una vez amainado el peligro, ¿No es el coqueteo con el hombre o el hombre con la mujer lo mismo? ¿Quién comienza antes el peligroso juego él o ella? ¿En qué orden se suceden las provocaciones?

—Pues nadie reconoce tirar la primera piedra. -Intervino Salvador-

—¿Ignoro quien comenzó en vuestro caso o si comenzasteis al mismo tiempo? - les preguntó Pedro.

—Oscar que era un hombre muy sociable e inteligente y de conversación fluida, amante y vanidosa como todos los hombres pronunció una frase de Shakespeare:
(“El amor no prospera en corazones que sé amadrantan a la sombra”)

                                                      
                                                                                                   

El baile había comenzado al finalizar los postre Se pusieron a danzar cada uno con su pareja. Entre pieza y pieza se intercambiaban las parejas. Ya eran las dos de la mañana, cuando en un cambio de pareja Salvador bailó con la francesa. La estrechó por la cintura. El ritmo de la música se volvió más lento. La mujer se le arrimaba cada vez más, quería mantenerla al margen, pero era imposible. Una vez más el recuerdo de Carmina presintió en su memoria y se dejó llevar por el ritmo. No se daba cuenta que estaba jugando con fuego, que Charo les estaba observando desde la terraza y se estaba poniendo furiosa.

La francesa le pidió un cigarrillo y salieron a la terraza a fumar. Salvador entonces vio a su mujer y fue directamente a la mesa dónde se encontraba Charo y le pidió un cigarrillo. Abrió el bolso y sacó la pitillera, le dio uno y le ofreció otro a su acompañante con un gesto brusco y malhumorado. Encendieron los pitillos y estuvieron mirando el mar desde la balconada del hotel.

Charo se levantó de la mesa y mirando a Salvador con mirada acusadora se dirigió hacia la sala de baile, se paró en el umbral de la puerta, mirando primero a Salvador esperando que su marido se dirigiera a ella. A la francesa le echó una mirada fulminante. Salvador no se movió, se quedó mirándola inmóvil, pensativo. Ya hacía un rato que se le había apagado el cigarrillo entre los dedos cuando se dio cuenta que la francesa también se había marchado.

Un cuarto de hora más tarde Charo volvió para decirle que se retiraba a la habitación. Él se marchó con los últimos clientes de la fiesta. Cuando subió a la habitación Charo dormía con monótona y profunda respiración. Se tumbó en la cama vestido y se quedó dormido. Se despertó destemplado y miró a través del ventanal, que difundía una luz suave, un resplandor lácteo, era un alborear de invierno. Se desnudó y se metió en la cama.

Por la mañana Charo bajó sola a desayunar, se sentó en la mesa con las amigas de la fiesta y les preguntó:

—¿No estáis cansadas de trasnochar?

—No, ya ves, estamos preparadas para hacer deporte.

—Perdona, Charo, ayer me equivoqué con respecto a ti, pensabas que estabas celosa.

—¿Porque bailé con tu marido?

—No, no me enfadé con vosotras, -en su mirada se notaba un cierto reproche, a pesar de todo, logró dirigir el hilo de la conversación hacía su principal preocupación: la francesa.

—El enfado fue con mi marido, Se pasó un peine con la francesa. Se arrimó a mi marido y no lo dejó en toda la noche.
—¿Es de ella de quien estabas celosa?

—¡Caramba! ¿De quién sino? –exclamó Charo con sorpresa

—Es evidente que sus celos son motivados -dijo Rosario. La francesa es muy guapa y además joven. Todos los hombres se fijaron en ella. Es la típica mujer que gusta a todos los hombres.

—No digas eso, -le contestó Esther, mujeres como esa son capaces de provocar a cualquier hombre ¿No os fijasteis qué traje más sensual vestía, con ese gran escote en la delantera.

—luego me dio la noche y Salvador porque se va detrás de cualquiera que lleve faldas.

—Callaron al aparecer Pedro en el comedor.

—¡Buenos días, chicas! ¿Os apetece un baño en la piscina? ¿No baja Salvador?

—¡No! No creo que baje hoy, le dejé aún dormido. Yo me voy a dar un largo paseo por la playa.


Salvador, cuando se despertó, no encontró a Charo en la habitación. Encima de la mesilla encontró una nota donde le decía que iba a dar un largo paseo por la playa. Él, al encontrarse sólo fue decidido a la ciudad. Esperó la guagua que le llevó a la cercana ciudad donde las calles rebosaban de tiendas de toda clase. Salvador se divertía en pasar revista a las mercancías que le ofrecían en aquellos bazares. Se podía encontrar allí toda clase de objetos posibles e imaginables: Cámaras fotográficas y de video, relojes, calculadoras, telescopios y un sin fin de adornos de cristal y cerámica, etc. Después de mirar casi todo paso por el escaparate de una joyería, se paró, le llamó la atención un pequeño colgante de oro. Entró dentro y lo compró. El dependiente se lo envolvió en un discreto paquetito. Volvió al hotel y lo guardó en el fondo de la maleta debajo de unas camisas que ni siquiera se había puesto. Se sorprendió gratamente al comprobar que podía ir de compras él solo sin la compañía de Charo.

Se sentó en la terraza. Pronto, otros pensamientos se apoderaron de nuevo de él. Vio ante sí a Carmina, en actitudes divertidas, dulces del amor y del deseo que le hacían estremecer. Oía la voz de la pintora, tan próxima y que hubiese jurado oírla. La vio de pie, descalza ante el armario, cubierta con el picardía de noche que apenas le cubría las nalgas. Sólo brillaba la luz cerca de la cama, aquella semioscuridad hacía adivinar más las magnificas formas de aquél cuerpo de mujer, descansando sobre la almohada con los cabellos morenos esparcidos en torno a él. Respiraba el dulce olor de su cuello perfumado y veía en él colgado el pequeño colgante que le acababa de comprar.



Continuará...


derechos registrados

Mª  Carmen Píriz García - registro: 0910304797905