domingo, 28 de agosto de 2016

ARRUGAS EN LA SABANA " La cita no fue posible" II entrega del 17 º cp.


                                      La cita no fue  posible
Enfermo en cama
                              
   Salvador tentó la mesilla de noche con la palma de la mano hasta alcanzar la funda de sus gafas. Se las puso para consultar el termómetro recién extraído del sobaco. La penumbra del dormitorio le permitió observar la línea de mercurio detenido cuatro centígrados más allá de los treinta y ocho grados. Una inoportuna gripe invernal, la gripe siempre lo es, le impedía acudir a la cita, días atrás convenida, con su amada artista. Pocos momentos antes su mujer había salido de casa. A pesar de los escalofríos y el sordo dolor de las articulaciones y  de la zona lumbar se levantó y se dirigió a la sala. Marcó el número de teléfono de Carmina. Colgó al cuarto timbrazo. Marcó de nuevo y volvió a cortar finalizada la cuarta señal. No estaba en casa. Le extrañó que, habiendo quedado en verse, se hubiera ido la pintora. Aunque, ¿por qué habría de resultar extraño si aún faltaba más de hora y media para la cita y posiblemente habría salido de compras? No le quedaba más alternativa que llamarle al móvil pero comprendió inmediatamente que iba a incurrir en una imprudencia pues ese número quedaría grabado en la memoria de su teléfono. Las posibilidades de comunicación con su amada quedaban definitivamente anuladas pues su mujer no tardaría apenas unos momentos en regresar a casa. Se asomó a la ventana y echó un vistazo al grisáceo día de primeros marzo empapado por una fina y neblinosa llovizna. Volvió a la  habitación en la cama. Sintió un alivio al distenderse poco a poco su dolorido cuerpo. Se centró en el recuerdo de Carmina.


   ¡Cómo hubiese deseado y apetecido su presencia en su cabecera! Ella acariciaría los cabellos y él juguetearía con sus dedos en las manos entrelazadas. Bromearían y se dirigirían palabras de amor entretejidas en breves frases. Anhelaba su presencia como siempre, aunque más en esta ocasión pues, se sentía desesperado, inerme, sólo y afligido por la enfermedad. Amaba a esa mujer y en muchas horas insomnes en la que la noche taladra su tenebrosidad en las mentes y en los corazones, se había imaginado junto a ella para siempre. Pero la luz de la razón que, por débil que sea, se resiste en los humanos a ser engullida por los arrebatos pasionales, le sacaba del bullicio sentimental y le acompañaba hacía los prados de la sensatez para advertirle que, en demasiadas ocasiones, la convivencia es la mejor enemiga de la pasión, de la espera ansiosa, del descubrimiento de algo nuevo en él o ella. Que puede matar el embrujo mutuo hasta derivar en un terrible y mero soportarse recíproco. Salvador dio un fino braceo en la cama, como si esta idea o reflexión le zaheriera en lo más profundo de sus sentimientos. Intentó evadirse en el recuerdo del próximo artículo que debía publicar en el periódico. No lo logró.



  ¡Carmina...! ¡Carmina...! Su recuerdo estaba profundamente grabado en su memoria.  La imagen de Carmina vaporosamente cubierta con el cortísimo salto de cama y un tanga que apenas le cubre  su zona  genital le provocó una subida de erección.  Se bajó el pantalón del pijama y comenzó a masturbarse. La imagen de la artista, las caricias de su cuerpo y el rítmico movimiento de sus nalgas facilitándole el suave roce del pene en el interior de la vagina  le inundaron de un dulce bienestar que facilitaba el intenso placer de la eyaculación. Maldijo entre dientes cuando escucho el ruido del cerrojo y la apertura de la puerta.


Mujer   en camisón, pintado al óleo


  Carmina se había levantado temprano, por la mañana hacía frío y se había cubierto con un chal. Pronto llegaría la primavera y aún no había desaparecido el fresco del invierno. Sus ojos miraban a través de la ventana a la avenida de platanales que a cada lado de la carretera se erguían. Una monótona llovizna caía sobre ellos. De pronto abrió sus ojos negros, a lo lejos un coche apareció, era igual que era el coche de Salvador. Pero al acercarse pudo comprobar que el conductor no se parecía en nada al periodista. Al percatarse de que no era su amor bajó la vista de pronto se acordó que no tenía el vino que tanto le gustaba a Salvador y se vistió y salió a comprarlo. Cuando volvió miró sí en el teléfono habría algún mensaje, comprobó su móvil, le pareció raro que Salvador no hubiese llamado antes de la hora de la cita y se dispuso a prepararse para su llegada. La espera se le hizo larga. Miraba por la ventana continuamente y el coche de Salvador no acababa de aparecer por la avenida. Impaciente cogió el abrigo y el móvil y fue paseando hasta su estudio, donde decidió esperarle. Mientras tanto se puso a pintar en un lienzo que ya tenía empezado.



   Miró a el lienzo que  colgaba en el caballete, cogió el bote  blanco, el rojo, después el negro y puso en la paleta  bastante cantidad de acrílico. Hizo una mezcla irregular sacando una gama de varios grises, comenzó a dar las primeras pinceladas sin saber tan siquiera qué  trazos utilizaría, se dejó llevar por la fuerza del pincel y arrastró sobre el lienzo de un golpe una cantidad de la mezcla y con movimientos en diagonal, en vertical, dejó que su mano  bailara de arriba  abajo plasmando en el lienzo unos trazos de pintura que en ese momento de casi desgana la mano de Carmina bajó rectilínea dejando un surco de colores de gama grises y negras.

Yo ante una obra  obtenida  trabajando con desgana y rabia 
En primer lugar le parecía raro que no la llamara y en segundo lugar que no viniera. Impaciente esperó y esperó con una mezcla de calma e inseguridad. Cuando volvió a mirar al cuadro tenía unos trazos que le gustaron, mirando desde una cierta distancia. Había logrado un nuevo estilo de trazos, sin proponérselo. Miraba y no conseguía descifrar lo que había plasmado en los trazos pero decidió dejarlos así.

  Miró el bolso y el recuerdo de Salvador la obsesionaba. Extrajo el móvil de la pestaña interior, buscó el número e hizo la llamada. Al otro lado de la línea una voz  casi silenciosa contestó:

      — Si.... si...

     — Salva...  Salva... amor... ¿por qué no vienes?  te espero...

     — Si... si... y  colgó. 

   Carmina se  quedó sorprendida con el móvil en la mano, se dió cuenta que  Salvador, por su forma de contestar, no estaba solo, seguramente estaría acompañado de su esposa o de algún hijo, por eso le colgó. 

   En ese momento decidió volver a casa. Antes volvió a mirar el cuadro, solo aquellos trazos que había pintado le devolvió a la realidad, que estaba allí, esperando sin obtener ninguna respuesta a esa cita, insegura de que se volverían a ver ese día. Se vistió el  abrigo, se puso un pañuelo en el cuello y fue andando hasta su casa.

  El paseo le sirvió para volver a pensar si esa relación con Salvador tendría futuro. Estaba convencida de que se querían y pretendía reforzar en su corazón ese amor. Pero como contrapeso, existía el imponderable de que los dos, tanto ella como Salvador tenían sus respectivas  parejas, cada uno había formado  una familia ¿ Sería legítimo destrozar esas dos hermosas familias. -se preguntó consternada-

   Por otra parte Salvador tenía que solucionar su problema de erección, que ya había iniciado los primeros pasos al ir a consultar con el médico ,tomándose unas pastillas de Maca, producto natural, que se lo recomendó el médico antes  de optar  por la inequívoca efectividad de la Viagra.




Continuará........ 


           


Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905





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