jueves, 18 de agosto de 2016

MI PREFERIDO VALLE DE ATXONDO


Le llaman el Valle de Atxondo o valle del silencio

Hoy os voy a contar otro de mis lugares con encanto, el Valle de Atxondo.  Muchas veces lo he visitado de niña con mis padres. Entonces íbamos muchos domingos en tren  desde  Eibar. Nos bajábamos en la estación de Durango y cogíamos otro tren que iba hasta Elorrio y nos apeábamos en un apeadero  en Apatamonasterio.  De allí  íbamos caminando por la carretera, hasta Arrázola a visitar a mis  tíos  que vivían en un caserío en Arrázola cuando llegaron de Extremadura. Incluso pasaba vacaciones con mis tíos y primos. A veces me llevaba el lechero que venía a con su camión a Eibar a vender la leche  en cantinas. En ese camión venían las caseras a vender sus productos de la huerta. Cuantos viajes hice con ellos montada en ese viejo camión, las caseras jugaban a cartas en el trayecto que recuerdos aquellos, da para hacer un relato). Ahora recorremos el camino  lo recorremos muchas  veces para pasear, pasar el día, pasar una  tarde,  o  hacer una caminata despacito, sin prisas disfrutando del paisaje. Las  viejas vías abandonadas de la minería las quitaron, hicieron este bidegorri para el paseo.  

Bidegorri en euskara, camino rojo es castellano 

Este paseo es una antigua vía estrecha de ferrocarril que sirvió hasta 1920 para transportar hierro y cobre de las antiguas minas del Amboto hasta Durango.
 Apenas quedan vestigios de ellas; el camino transcurre a lo largo del río Arrázola durante cinco kilómetros de bellos prados y huertas con una fauna variada de altura, aves rapaces o jabalíes a los pies del mítico Amboto, en el valle de Atxondo. A pesar del tiempo pasado, el paisaje conserva el encanto rural de antaño con preciosos caseríos y los rebaños pastando en las faldas del monte.

Camino despejado y rebaños  al fondo  la montaña Amboto

Cascada que se forma en el río Arrazola

Maravillosos paisaje y caseríos antiguos 


Los cinco kilómetros se encuentran entre Apatamonasterio y el final del valle de Arrázola son totalmente llanos y sin ninguna dificultad para las personas mayores o niños, de modo que es un paseo ideal para ir con la familia. El camino es ancho y muy bien señalizado. tiene en su recorrido numerosos lugares para el ocio con fuentes, mesas y bancos de madera para almorzar, así como servicios públicos y buena luminosidad. El recorrido de ida y vuelta completo dura un poco más de tres horas si se hace con detenimiento y contemplando el paisaje que merece la pena. 
Si se va con niños se entretienen  viendo los animales por el camino, burro vacas, ovejas, cerdos, gallinas.

Si continuamos y a poco más de medio kilómetro llegamos al núcleo de Marzana, con una torre de estilo renacentista del s. XVI, una ermita dedicada a San Martín y una fuente con abrevadero. 
Ermita de San Martín 

          
Barrio de Marzana
Siguiendo adelante nos encontraremos con la Ermita de Santiago y el caserío Urrutia al lado de una fuente con más señales de señalización y un poco más tarde cruzaremos un molino y la Torre de Ibarra del siglo XVIII hasta llegar al caserío de Ollargane, en su fachada aparece el nombre de Pedro Albalade y la fecha de 1519, está considerada la más antigua de Vizcaya.
Otra  parte del  camino con arboleda

Este tramo regala una amplia panorámica del valle con sus dispersos caseríos, y también ofrece el refresco veraniego y el cromatismo otoñal de los avellanos, robles, pinos, castaños y alisos que perfilan el camino.


Cartel   que anuncia el caserío más antiguo de Bizcaia
Arrazola

Plantaciones de flores  rudimentarias

Caserio y el  molino
Seguiremos caminando a través de un sendero despejado y cruzamos un puente centenario para llegar a la ermita de San Roque. Desde aquí se aprecia el esplendor del ojo del Amboto. Al otro lado del río está el caserío Makatzeta que actualmente es un restaurante.




Ermita de San Roque






Un largo ferrocarril cargado hasta las cartolas de mineral de hierro baja por la vega del río Arrazola. Cruza entre extensos maizales y parcelas sembradas de trigo sarraceno, cebada y centeno. Se ven burros, algunas ovejas y muy pocas vacas. Va a Apatamonasterio. La locomotora de vapor Aurrera tira en cabeza. Circula alegre. Pita, suelta humo, mucho humo. Los aldeanos, la mayoría mujeres y niños, no le hacen ni caso. Se agachan agotados con la laia y la morisca. Arriba, las empinadas laderas del Anboto, morada de la diosa Mari, están pespunteadas de hombres. Son mineros.


Cueva  de Mari  mujer  mitolígica
Esta imagen podría ser la del valle de Atxondo en 1902. La minería estaba en su apogeo. Las minas Triunfante y Potosí (hierro) y Violeta (plomo y cobre) habían reventado el paisaje. La contaminación envenaba los manantiales y los viejos modos de vida se habían trastocado. 25 años después el ferrocarril minero se detiene. Los filones ya no son rentables. Termina la guerra y en 1959 la última explotación cierra. Y con ella desaparece el tren. 

Pasa el tiempo y 50 años después grupos de caminantes, alegres, sudorosos, pisan la caja del ferrocarril. No hay raíles ni vagones. Poco les importa. Recorren los 5 kilómetros de vía verde más bellos y cómodos de toda la geografía vasca. El camino de Arrazola es todo eso y más. Una excelente ruta, bien señalizada, sin ruidos, cerrada incluso a las bicicletas, que permite un caminar despreocupado por el fondo de un valle idílico. La vegetación ha escondido las cicatrices mineras. A nuestra derecha, los paredones de Anboto lucen más amenazadores que nunca.

Pasa al lado de algunos caseríos arreglados y  de piedra.
Soportales de la Iglesias de San Miguel de Arrazola

El camino  se hace al  andar


Ya solo nos falta llegar al final a través de una senda escoltada por árboles y así acabamos el recorrido, solamente nos queda la vuelta.










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