
Cuando se prendieron las cortinas de la cocina, a su vez ardieron los cristales y estallaron. Con el estruendo los trozos
saltaron a la calle. Descolgué las cortinas, las tiré por la ventana
enredándose en un joven que pasaba en bicicleta. El fuego lo envolvió todo, él
salió ardiendo. Con el
susto en el cuerpo, salí de casa, bajé las escaleras, sólo pude socorrer a un hombre
que pasaba por allí. Un trozo de cristal se le había incrustado en su
calva cabeza. El joven seguía montado en la bicicleta ardiendo mientras, el
fuego se propagaba por la cuidad.
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