domingo, 24 de junio de 2018

Crucero por el Báltico: Museo del Hermitage San Petersburgo

Os hable de que el Museo Hermitage seria un post aparte, pues bien, no  ha sido  todo lo ilusionante que yo esperaba. Es un gran museo y no lo niego. Pero la forma de ver  este museo no me ha gustado nada. Primero cuando íbamos a ir a verlo el guía nos desvió la visita porque con la disculpa,  de  que  ya  había cola, pues nos llevó a su terreno. Nos llevó a una tienda para con la disculpa que allí tendríamos baños gratis pues, primero eso, comprar y, luego ir al museo. Al pagar nos  preguntaron el número del guía (tenía comisión). Cuando  fuimos la cola se había duplicado y tuvimos que esperar a entrar más tiempo. Lo bueno de la cola era que nos enrollamos con un grupo chino que estaba delante de nosotros y se nos pasó el rato por lo menos divertido. Dentro era casi imposible ver todas las salas sin gente. No comprendo cómo un Museo tan importante como este no tenga un orden en el recorrido y cada guía nos llevaba y nos traía sin orden ni concierto. Los grupos no se respetaban unos a otros, las entrada y salidas de las distintas salas a veces eran un caos.  Nos dejaron hacer fotos, creo que por previo pago con la entrada.  Espero poder volver, pero sin este caos, que será difícil. Mejor ir para eso e invierno cuando no haya cruceros.


El Hermitage se encuentra situado en el corazón de San Petersburgo, entre el malecón del río Neva y la Plaza del Palacio.

El Hermitage ocupa cinco edificios unidos (el Palacio de Invierno, el Teatro de Hermitage, el Hermitage Pequeño, el Hermitage Viejo y el Nuevo Hermitage) que forman un hermoso conjunto arquitectónico.

Actualmente el Hermitage atesora más de dos millones y medio de objetos culturales y artísticos de los pueblos de Europa y Oriente desde los tiempos más remotos hasta el siglo XX.

La historia del Hermitage se inicia con Pedro el Grande, cuando adquirió varias obras de arte, entre las que se encontraban David despidiéndose de Jonatan, de Rembrandt y La Venus de Táurida. Se considera que el museo nació oficialmente en 1764, cuando un comerciante berlinés envió 225 cuadros a Catalina II en pago de unas deudas. Al recibirlos Catalina quiso que su galería no fuera superada por las colecciones de otros monarcas y comenzó a comprar casi todo lo que se vendía en subastas europeas.




El Palacio de Invierno, que pasó a formar parte del museo en el año 1922, fue durante dos siglos la residencia principal de los zares. Había sido construido para la emperatriz Isabel, hija de Pedro el Grande, y sus fachadas, el interior de la iglesia palaciega y la majestuosa escalera principal son un raro ejemplo del llamado barroco ruso del siglo XVIII. Sin embargo las salas del palacio son del siglo XIX, pues tras incendio de 1837 se reconstruyeron según la moda de la época. A pesar de que se convirtieron en salas de exposiciones no han perdido todo su esplendor. Lo primero que vimos al llegar fue la escalera principal del Palacio de Invierno, impresionante.

Escalera de San Jorge
            






















La primera que nos llama la atención es la escalera de San Jorge que constituye la suntuosa entrada al palacio. Su riqueza resulta extraordinaria con esculturas, mármoles, tallas doradas, columnas policromas, etc. Desde ella, la familia imperial contemplaba la ceremonia del bautismo en el rio Neva. La sala del pabellón servía de paso al Hermitage de Catalina II, en donde la emperatriz exponía su colección de pintura que había reunido a base de comprar las obra a nobles europeos arruinados. 

Sala del trono Pequeño


Comenzamos el recorrido por La Sala del Trono Pequeño, o también llamado Salón Memorial de Pedro I, quien aparece en el cuadro detrás del trono flanqueado por dos columnas de jaspe. Aquí lo que me llamó mucho la atención fue sus suelos hachos con maderas nobles y que bien conservados y limpios los tienen a pesar de los miles de personas que los pisan a diario.



                                           
Galería de la Victoria














Seguimos por la Galería de la Victoria en la Guerra Napoleónica, un pasillo que conmemora la victoria de Rusia contra Napoleón con cuadros de generales varios colgados en las rojas paredes.

Salón de San Jorge

Después llegamos al Gran Salón de San Jorge, el Salón del Trono Imperial, una de las salas más grandes del palacio. Aquí se encuentra el trono imperial con el águila bicéfala, símbolo del estado ruso, presente en el tapiz detrás del trono y en la decoración de las lámparas. Hoy en día este salón se sigue usando para ceremonias de estado.



















Salón de Armas 


Pequeño Hermitage
Mosaico, copia de uno del  vaticano

Todos los palacios comunican unos con los otros. Desde el Palacio de Invierno accedes al Pequeño Hermitage. Este palacio fue construido para la vida privada de Catalina II. El salón que visitamos fue el Salón del Pabellón, decorado en mármol y oro, con impresionantes lámparas colgando del techo y suelos de mosaico.



En él se encuentra el reloj del pavo real, inventado por James Cox. Este magnífico reloj mecánico todavía funciona hoy en día. A cada hora en punto, empiezan a moverse los diferentes animales y el pavo real extiende su cola. Sin embargo, a pesar de que sigue funcionando, está "desconectado". Si lo que se quiere es ver el reloj en movimiento hay que hacerlo un día determinado.
El gran (viejo) Hermitage
       





En este palacio anexo al Pequeño Hermitage los salones están dedicados a la pintura del renacimiento italiano, con obras, entre otros, Madonnas de Leonardo da Vinci, las fotos no salieron bien porque estaba  protegidas con cristal. Cientos de pintura de varios autores y de temática sobre todo religiosa. En esta sala las esculturas que dice que son de Miguel Ángel.









Los techos casi todos eran impresionantes, de la sala pequeña de pintura italiana, iluminada por el techo .
El niño de la espina, me llamó la atención porque en Aranjuez hay una fuente y debe de haber dos estatuas una en Madrid y otra esta del Hermitage. 

  
El único Goya

               
Este cuadro de Rembrandt , dicen que es la joya del museo Hermitage.
David despidiéndose de Jonatan, de Rembrandt, El hijo pródigo, este cuadro como muchos otros casi no nos podíamos ni acercar, los japoneses copaban todos.
 La sala Malaquita 

La más bella de todas es la sala Malaquita; sus columnas, pilastras, chimeneas, lámparas de pie y mesitas están decoradas con malaquita de los montes Urales. El verde vivo de la malaquita, combinado con el brillo del dorado y el mobiliario tapiado con seda de color frambuesa, determinan la impresión fantástica de esta sala.




Sala de la pintura italiana y española 
Un recorrido por la historia rusa a través del arte.
El visitante puede seguir el curso de la historia del estado ruso, en un paseo guiado por las salas del Palacio de Invierno. La influencia de los valores imperiales y de la gloria están, constantemente, presentes en su ornamentación. En la sala de Pedro I puede contemplarse el retrato del emperador con la diosa de la sabiduría que le guía hacia nuevas hazañas y dos escenas del triunfo de las tropas de Pedro I en la guerra contra los suecos. La siguiente sala, la de los Blasones, está presidida por columnas doradas de orden corintio. El emperador recibía a los mensajeros procedentes de las regiones de Rusia, esta sala tiene una superficie de mil metros cuadrados, allí está presente el águila bicéfala, que es el escudo de Rusia, y los escudos de cada una de las provincias rusas.

El Palacio de Invierno era la residencia principal de los zares rusos, cosa que determina su carácter fastuoso, el Hermitage Pequeño fue construido para la vida privada de Catalina II. La emperatriz quería descansar de la vida oficial en un lugar más acogedor. Por ese motivo el palacio fue denominado “Hermitage”, palabra francesa que significa “ermita”, y a él solamente podrían acceder sus invitados personales. La mesa del comedor del Hermitage descendía a la planta baja, con ayuda de un mecanismo especial, allí era preparada por los sirvientes y luego volvía a subirse una vez ya preparada, así se evitaba que la servidumbre importunara a Catalina y sus huéspedes. Este comedor con la mesa levadiza ya no existe; el palacio fue reconstruido en la segunda mitad del siglo XIX y en su lugar hay una maravillosa sala-pabellón adornada con galerías, rejas doradas, mosaicos esmaltados, la denominada “fuente de las lágrimas”, centelleantes arañas de cristal de roca. En la sala se expone también el reloj Pavo real, obra inglesa del siglo XVIII. Cuando el reloj da las horas el pavo real instalado en un roble abre su opulenta cola y da la vuelta mostrándola. Las ventanas de esta sala miran al jardín colgante, dispuesto sobre las bóvedas de la planta baja.

Hacia finales del reinado de Catalina II, la colección del Hermitage contaba con 3.000 cuadros, casi 7.000 dibujos, más de 70.000 grabados y 10.000 piedras talladas, que eran su afición especial. Pero sus colecciones no eran accesibles al público. Ahora visitan el Hermitage unas dos millones y medio personas cada año. Se dice que si una persona dedicara solo un minuto a contemplar cada pieza del museo, necesitaría cuatro años y medio, sin descanso, para verlas todas. Por lo que les recomendamos seleccionen antes de su visita, lo que desean ver. 














El Hermitage viejo fue construido en la década de 1770 para instalar la creciente colección artística de Catalina II. Ahora en este palacio se encuentran obras de los maestros de renacimiento italiano: se expone Judit, obra maestra de Giorgione, la poética Virgen de la Anunciación de Simone Martín, obras de Fra Angelico y Boticelli... Pero las perlas de la colección son dos cuadros de Leonardo da Vinci: la Madona Benois – correspondiente a su periodo creativo temprano y que representa a la Virgen como a una joven contemporánea del pintor, ataviada y peinada a la moda, que juega con su hija – ya la lacónica Madona Litta, que es por el contrario un trabajo de madurez en que la imagen de la Virgen es el ideal de la belleza física y espiritual. Entre las obras de la célebre colección de Tiziano destaca San Sebastián, pintado al final de la vida del gran maestro veneciano con trazos amplias e impetuosos, realizados no sólo con el pincel, sino a menudo con los dedos, lo que le da una expresión especial. 

Una riquísima colección del mejor arte

En el edificio del Hermitage nuevo encontramos una parte de la colección de los maestros italianos, que fue construido por Nicolas I y abrió las puertas al público hace 150 años. Aquí se encuentra arte italiano de los siglos XIII al XVIII La Anunciación de Martini, La visión de San Agustín, de Lippi, La virgen y el niño de Fra Angelico, El tañedor de laúd de Caravaggio. La única obra de Miguel Ángel, El niño en Cuclillas estaba destinada al panteón de los Médici. 

En las salas grandes, decoradas con vasos de malaquita y lapislázuli, se hallan la exposición de pintura italiana y la colección de pintura española, considerada como una de las mejores fuera de las fronteras de España. En ella se puede ver obras de El Greco, Velázquez, Ribera, Zurbarán, Murillo y Goya. La riquísima colección de los pintores españoles del siglo de oro perteneciente al banquero Coesvelt, reunida durante la guerra napoleónica, llegó al Hermitage en 1814. En esta época las adquisiciones se hicieron ordenadas y el museo compraba las obras que se consideraban imprescindibles para reflejar con plenitud la historia del arte. Además de las pinturas españolas, a principios del siglo XIX se adquirieron cuadros de maestros de los Países Bajos. Esta colección no es grande pero tiene obras maestras de Robert Camping, Roger van del Weyden y Hugo van del Goes. 

En todas las épocas los coleccionistas de Rusia tuvieron una afición especial por el trabajo de los pintores flamencos y holandeses del siglo XVII. Cinco salas del Hermitage Nuevo atesoran obras de Rubens, desde las más tempranas hasta las últimas, célebres retratos de Van Dyck, escenas de caza de Paul de Vos y abundantes naturalezas muertas de Frans Snyders. La colección de pintores holandeses cuenta con más de mil cuadros de todos los géneros. Los lienzos de Rembrandt ocupan una gran sala y dan una clara idea de toda so obra creativa: el retrato juvenil de su esposa Saskia, representada como la diosa Flora, el trágico Descendimiento de la cruz, el penetrante retrato del anciano en rojo… y al final la joya de la colección, el regreso del hijo pródigo, escena evangélica en que el maestro pudo expresar su fe en el bien y en el amor humano.

La colección del arte francés de los siglos XV al XVIII es la segunda en importancia en el mundo después de la del Louvre. Los lienzos de Poussin, Watteau y Chardin se alternan con creaciones de los mejores escultores franceses y una riquísima colección de arte aplicado. Un atractivo especial del Hermitage es su fantástica colección de pinturas del impresionismo y el post-impresionismo francés y de los maestros de principios del siglo XX. Estas obras fueron compradas, y a veces encargadas directamente a los maestros, por los coleccionistas moscovitas Serguei Schukin y Mijail e Ivan Morozov. Los paisajes de Moner y Sisley que revelan el proceso de afianzamiento del método impresionista, en encanto de las imágenes femeninas de Renoir, el halo intelectual de las obras de Cezanne, la expresividad de Van Gogh, la serenidad de los paisajes de Oceanía de Gauguin, la armonía cromática de las numerosas obras de Matisse y de las más de 30 obras de Picasso. 
San Petersburgo y Hermitage, un destino imprescindible para los amantes del arte y la cultura.

¡Espero que nos haya cansado tanta arte, a pesar de ser un poco largo este post!
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