domingo, 7 de febrero de 2016

ARRUGAS EN LA SABANA I " En la redacción" de 3º Cp.

     
                                                Redacción del periódico
          En la  RedacciónEl


    El local de la redacción es un remanso de paz en este declinante mediodía. El turno de trabajo de la hora del almuerzo lo acaparan Rosa y Eneko que, concentrados en las multifacéticas pantallas, ni siquiera ha reparado en la entrada de su redactor jefe. 



   —¡Hola, chicos!, ¿Cómo va la mañana?



  —¡Salva!, Ha telefoneado el "sheriff" con el encargo de que llames a Donosti- cuando llegues Rosa le ha dado el recado, sin separar la vista del teletipo.


    Salvador toma asiento en su despacho separado del resto de las dependencias por una mampara de cristal, busca el número de la extensión del teléfono del director, mientras tararea una conocida melodía de los Beatles.

  —Sí... dígame... -Una voz de agudo timbre casi femenina, suena a la cuarta señal.

   — ¡Buenos días! Argimiro. Soy Salvador de Rabie...

   —¡Ah! ¡Hola!... ¡Chico... llevamos tanto tiempo sin vernos, ni siquiera hablarnos...

   —¿Cómo marchan las cosas por ahí?, - el tono del director es francamente amistoso.

    —¿Qué tal tu mujer y los chicos? 

   —¿Hombre...! sobrevivimos, que en los tiempos que corren no es algo baladí.

    Salvador tamborilea con el lápiz la superficie de la mesa.
    —Y tú ¿Cómo llevas tu dorada soltería?

    —¡Menos guasa, hombre de orden...! Que los dos sabemos muy bien que no hay oro que reluzca en ninguna de nuestras respectivas opciones, -la risita de Algimíro confirma su satisfacción porque entiende que ha devuelto con creces la ironía de su interlocutor. 

  —De acuerdo, de acuerdo... y bien... Qué te parece que vayamos al grano,-Interrumpe Salvador los saludos protocolarios, pues desde que la comunicación el telefonazo de su director intuyó que pretendían enmendarle la plana en alguna cuestión laboral.

 —Eres un excelente periodista, - carraspea la vocecita — nos conocemos desde hace años y sabes que tengo una inmejorable opinión de ti...

   —¡Al grano, Argimiro, al grano...!

  —De acuerdo..., he leído el acta de la reunión del Consejo de Administración del viernes pasado en el que hay un apartado que té afecta. Se refiere a aquella portada en la que concediste prioridad a las matanzas de Kosovo sobre los posibles desastres de un movimiento sísmico, y parece que tu decisión no agradó a los miembros del consejo -hace una pausa escénica y continua...

   —Han juzgado que relegar el terremoto a un plano secundario relevante sí, pero, secundario al fin al cabo, supuso una ligereza por tu parte.

  —Con que esas tenemos, -Salvador se acaricia la frente con el dedo índice.

   —Y, ¿cuál es tu opinión?

  —El acta añade que, comparadas las portadas de otros rotativos, las ventas del nuestro, pudieron descender hasta un quince por ciento el día de marras.

     Salvador molesto por la actitud esquiva, de voz de su amo, del director, endurece la suya. Habla despacio, sopesa cada palabra que brota del fino trazo de sus labios apretados.

  —Tengo muy presente aquella asignatura que cursamos el último año de carrera en la facultad. Se llamaba Deontología profesional. Seguro que la recuerdas, Argimiro, cuando has hecho referencia a la prioridad o no de esas noticias has añadido los calificativos "posibles" al sustantivo "desastres", así pues, reconoces sea a modo de lapsos freudiano, que ese hecho no se ha producido aunque podría acontecer; pero, insisto, -silabea con rabia- ¡no-se-ha- pro-du-ci-do...! Así no es sino un futurible.

    Sin embargo, las desgracias de la guerra de Kosovo son bien reales y están presentes y, por supuesto, ese día lo estaban, vaya que si lo estaban.

  —¡Ah! Y no olvides, sea con el recurso a la etimología, que noticias precede del latín notus, es decir, lo ya conocido porque ha sucedido.

   —Ya, después de todo me consideras implicado en el dictamen del Consejo de Administración, - añade con expresión apesadumbrada- acabas de ensartar en tu monólogo el término deontología... 

    — Creo adivinar a qué te refieres...

    —No es difícil, -ironiza el redactor, prolongando su matiz de sequedad.

   —Creo que es oportuno en circunstancias como éstas apelar al sentido ético aplicado a la profesión, en este caso a la periodística. Me hallo más realizado como persona y como profesional cuando narro hechos de trascendencia universal que sirve al lector de soporte para una reflexión sobre el problema del mal.

    La hipocresía, la mentira, la violación, la muerte, el morbo, los puros intereses armamentísticos... todos estos ingredientes componen la satánica ensalada que ¡ójala! Acabara por indigestar a la ciudadanía y concluyera en el vómito colectivo de tanta tontería efímera de los medios de comunicación en general y de la televisión muy en particular...

   —El anuncio de un terremoto que ni siquiera ha sucedido despierta morbo. De acuerdo. Pero a una guerra que está padeciendo se le debe otorgar en los primeros planos el espacio privilegiado que, como acabo de recordarte, conduzca a la gente hacia una reflexión acerca de la sinrazón de la existencia.

    —¡Salva!, -Argimiro distiende su reflexión de voz- ¿no te habías enterado, por un casual, que ha quedado vacante la cátedra de deontología...? 

    —Bromas aparte, ten presente que la mayoría de los prebostes del Consejo proviene de la Banca...

     —¿Qué más quieres que te diga muchacho?

    —Es que vengan de donde vengan, me jode que todo, incluso la labor profesional tenga que girar en torno a los tantos por ciento y nada más...

  —¡Oye!, Me llaman por la línea interior... Tranquilízate, que lo que te he comentado ni siquiera significa por mi parte un toque de atención. Sobra recordarte que estás bien considerado en la empresa... Eso sí, me gustaría almorzar contigo cualquier día de éstos. Me han encantado tus lecciones de idealismo.
        Ha colgado el teléfono.


    Salvador se levanta y se dirige hacia el ventanal. Observa en silencio la frescura de las rosas y tulipanes del terruño ajardinado, acariciado por la tibia temperatura. Unos golpes de nudillo en el cristal interrumpen su estética meditación. Eneko entra en el despacho con unos portafolios. Apenas ha saludado cuando el jefe de redacción, sin interesarse por el motivo de su presencia, le sorprende con una inesperada interpelación.


                      
                                                                   Bombillas pintado al óleo


Continuará........


Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905





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