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lunes, 29 de agosto de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA " Morriña sensual " I entrega del cp. 17º

                                      Morriña  sensual
Pintado a pastel (50 x 65 cms.) por Mª Carmen Píriz
                  
   Después de que se fue Salvador, Carmina volvió al dormitorio, estiró las sábanas y se tumbó en la cama. No quiso pensar en nada, solo se limitó a sentir su cuerpo. Notaba la sensación agradable que emanaba de su interior, una sensación suave y dulzona que le empujaba a pasar la mano por su cuerpo acariciándolo. Su piel seguía sensibilizada por las caricias que anteriormente había recibido de Salvador. Se acarició sus pechos, pasó suavemente su mano por su tripa, por sus piernas, donde sus pelillos se erizaban. La tenía aterciopelada como si de un melocotón se tratara. Se acarició los dedos de sus pies, el cosquilleo que sintió le llevó a tocarse su rostro y acariciarse el pelo. Notaba el aroma de Salvador, lo sentía junto a ella. Apenas se acababa de ir y ya lo echaba de menos. Se quedó envuelta en sus pensamientos y decidió que tendría que luchar contra ellos y sobrepasar la barrera que la atrapaba.

  Tendida allí sobre la cama le sobrevino el sueño. Carmina se volvió de nuevo y se arropó con la manta, porque estaba a finales de invierno y todavía hacía frío a pesar de estar el cielo despejado. Se quedó traspuesta una media hora. Al abrir los ojos la primera impresión de Carmina fue producida por un delicado y alegre rayo de sol que se dejaba entrever de la ventana. Ese rayo pronto se desvaneció barrido por el recuerdo al despertar de su morriña. Se llevó la mano a la frente con un gesto de desesperación al recordar cuantas veces le había pasado lo mismo durante la relación con Salvador y cuántas veces en esa misma habitación. ¿Cuánto tiempo durará todavía esa situación?. Se preguntaba, sus sensaciones no obedecían al fracaso de no conseguir dominar la disfunción eréctil en el pene de Salvador sino, el contraste que sentía con los preliminares que eran maravillosos.

  En su imagen surgió su relación sexual que mantenía con su marido Joan. Eran tranquilas y nunca habían tenido ningún altibajo y siempre fueron completas y agradables. Carmina se negaba a comparar las dos relaciones pues tanto una como la otra era satisfactoria, aunque en estos meses estuvo alejada de los dos hombres.

  Carmina se quedó toda la tarde en el estudio trabajando absorta en la pintura. Regresó a su casa ya de noche. Su marido Joan estaba esperándola en la sala leyendo un libro. Ya había cenado, la suya la dejó tapada en el microondas. Cenó y se calentó un café con leche que lo tomó en la sala. Vieron algo la tv. Y apenas se cruzaron palabras. Joan se despidió de su mujer y se fue a la cama. Carmina esperó a que se durmiera y después se fue también.

  Al día siguiente Joan se despertó temprano y se acercó a su esposa, le acaricio, ella le correspondió forzadamente y comenzaron a besarse. Carmina trató de corresponder a su marido pero su mente se trasladó al día anterior a su estudio y no se pudo concentrar totalmente. Estaba fría y se dejó llevar por Joan. Él la intentó llevar a su terreno y ella se abandonó en sus brazos. Llevaban tiempo con bastante pasividad y ahora no era fácil concentrarse.

  A pesar del esfuerzo, Carmina no sentía nada. Notaba que el miembro de Joan le rozaba y la penetraba. Ella intentaba corresponderle en la medida de lo posible debido a la fuerza que ejercía hacia ella le era imposible concentrarse. Carmina se sentía mal, pero le veía a Joan tan centrado en su cometido que ella trataba de fingir. Nunca había sentido esta sensación tan forzada y en su mente trató de imaginarse cómo sería hacer el acto sexual, sin sentir deseo ni amor.

  Se cambiaba de posición pero su pensamiento no iba más allá de no sentir nada. Joan no se percataba de que Carmina estaba incómoda. El esfuerzo que él hacía se transformaba para la pintora en molestia y dolor. El momento no duró mucho pero a Carmina le pareció largo e incómodo. Pensó en una situación parecida a una violación. Si se sintiese así si alguien la violara alguna vez. Cada vez que cambiaban de postura Carmina sentía más dolor, estaba molesta, rígida e incómoda. No se atrevía a decirle nada a Joan porque él parecía estar disfrutando mucho y ella aguantó el tirón. Hasta que en un momento la pintora hizo un gesto de desfallecimiento y él le preguntó si estaba cansada. Carmina le dijo que sí.

   Sin mediar palabra alguna Joan se retiró, se fue al otro lado de la cama. Carmina se agarró a la sabana y la arrugó de rabia. No quiso pensar por qué esta vez le sucedió esto. Joan nunca se mereció que Carmina le fuera infiel. Esa carga para ella era lo peor. Se estaba dando cuenta que lo que sentía por Salvador le estaba separando de Joan. Hasta ahora pudo llevar las dos relaciones paralelas pero la atracción que sentía por Salvador era cada vez más fuerte. Tenía que decidirse por una o por otra. Tenía miedo de dejar a su familia, tenía miedo a lo desconocido, a la convivencia con Salvador, aunque en lo sexual la atracción era ya muy fuerte desconocía cómo sería la convivencia.

                        



continuará...






Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905

lunes, 14 de febrero de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA " 1ª entrega La noche " 8º cp.


 La noche

      Entrada al hotel en Donosti
                                                                                                                             

Carmina cogía su bolso con fuerza mientras Salvador firmaba en el libro de registros la entrada del hotel. Salvador le rodeó con su brazo y siguieron al hombre a la habitación. Este le abrió la puerta y él entregó una propina. Durante un momento Carmina se mantuvo tensa, nerviosa, pero Salvador la estrecho contra él, le apretó el rostro entre sus manos y la besó.

—Llamaré por teléfono a mi marido -comentó Carmina- descolgó el teléfono y marcó el número:

—Rimmm, rimmm, rimmm...

—Siiii... ¡Hola!, ¿Diga dime?-Carmina dudó en contestar-

—¡Hola, cariño! te llamo para avisarte que no voy a ir a casa, me quedé en Donosti a cenar, me encontré con Eli, mi colega de pintura, está aquí exponiendo en el hotel y estuve viendo su obra, también me quedaré con ella a dormir, ya sabes mañana tengo que estar temprano aquí, así aprovecharé más el tiempo.

—Sí, no te preocupes, yo me arreglaré con los chavales. ¿A qué hora es la inauguración?-Iremos cuando salga David del examen.

—Sobre las siete de la tarde- le espetó su mujer. Ya sabe, la sala está en la calle Zubieta, enfrente de la playa de la Concha.

—¡Vale, sí!, ya sé más o menos por donde está, hasta mañana, Cari.

   Habitación  del hotel donde se alojan
                   
Carmina, colgó el teléfono con un gesto de desagrado, no le gustaba mentir. Es una mujer muy entera. Deseaba amar y ser amada, deseaba ser leal y exigía lealtad. Albergaba dudas acerca de la felicidad en su matrimonio, pensaba en los cuidados que daba a sus hijos, a su marido y en el manejo de todos los trabajos domésticos. Pero la atracción que siente por Salvador le arrastra hasta la mentira y la deslealtad. Carmina dirigió una súbita mirada a Salvador, como de reproche, pero él la rodeó con un abrazo que la distrajo de sus pensamientos.

—Carmina tengo necesidad de comer algo, ¿bajamos al restaurante? -le dijo-

—Bueno, sí, pero no me apetece cenar demasiado, prefiero picar algo en la cafetería. Podemos pedir que lo suban a la habitación, ¿habrá servicio de habitaciones?

—¡Llamaré por teléfono! -Salvador comunicó a recepción el encargo-

Carmina mientras esperaban tomó una ducha, y después la toma él, no había pasado ni media hora un camarero les subió una cena fría.



  Autorretrato pintado al pastel (70 x 65 cms.) por Mamen Píriz 
    

El dormitorio del hotel está en penumbra. Carmina sentada en el borde posterior de la cama matrimonial, se despoja de sus ropas, mientras que Salvador se desviste de pie en el ángulo próximo a la entrada de la habitación.

La artista cubierta solamente con las dos íntimas piezas de lencería, se levanta, le da la espalda al periodista y dobla los brazos hacia el dorso hasta soltar el corchete de su sujetador negro, cuyos tirantes resbalan suavemente por sus hombro. Se vuelve hacia su amante, quién, en su slip, contempla fugazmente el cuerpo semidesnudo de su amada al mismo tiempo que el deseo por fundirse con ella en un abrazo le produce una ansiedad que le oprime el pecho.

Salvador alterna sus caricias en los redondos y proporcionados pechos con el roce de sus dedos que se introducen dentro de las bragas, con la suavidad de una liana en las grietas de las rocas de la selva, en las nalgas de Carmina, quien le corresponde, mientras se besan apasionadamente en los labios, con ligeras caricias en los cabellos de la nuca y en el torso.

El instinto telepático de los enamorados ha producido en ambos la suficiente empatía que hace innecesarias las palabras para comunicarse en los instantes íntimos. Se miran a los ojos y a través de sus dilatadas pupilas reciben el mutuo mensaje de la pasión que les aboca a extenderse en la cama.

Salvador la atrae hacia sí hasta refundirla como sí, boca a boca, muslo con muslo, pecho con pecho, sexo con sexo, la quisiera hacer más suya, adherirse a ella en la inevitable unidad de un solo corazón y un solo cuerpo siameses.

El periodista se ha acomodado encima de Carmina. Intenta encontrar la postura más adecuada para besarla y acariciarla sin que su corpulencia dañe o moleste al frágil cuerpo de su amada.

Los labios y la lengua de la pintora ofrecen una acción mística, explosiva, equiparable a los ritos del sexo sagrado de algunas etnias, hasta el extremo de experimentar el placer que nace del miembro erecto que ya no encuentra acomodo en él oprimiente textil de sus calzoncillos. Su voluptuosidad aumenta cuando percibe en sus dedos la húmeda vagina de su amor. La despoja de las bragas y contempla el cuerpo completamente desnudo de la mujer con los ojos cerrados, la cabeza ligeramente ladeada en la almohada y el ritmo de la respiración algo más alterado.

        Amantes pintado al oleo(100 x 81 cms.)Mamen Píriz

Su deseo más ardientes ni siquiera revierte sobre sí mismo, ya que desearía, por encima de todo, que Carmina gozase, que explotara en la orgía sexual de un auténtico orgasmo y si fueran varios seguidos mucho mejor, pero una fugaz sombra aflige su corazón; ¿por qué, después de tantos contactos y encuentros íntimos no lo ha logrado aún? ¿Debido quizá a que Carmina ejerce un poderoso control sobre sí misma y entiende que, por lo que fuere, no ha llegado todavía el momento adecuado para la absoluta entrega como amante?, O ¿se debe tal vez, a que él sea quien no consigue satisfacerla plenamente?. La asunción de esta segunda posibilidad hiere la autoestima del periodista cuando, por otra parte, debe reconocer que su nivel de apasionado deseo hacia ella queda desbordado casi siempre por la erupción seminal cuando todavía la dulce Carmina busca suficiente textura fálica para su deleite.


   Mano de  Carmina agarrando la  sabana
                                                                               

Continuará...

Derechos  registrados

Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905





lunes, 10 de enero de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA " La entrevista" 5º Cp.


 La  entrevista

    Pintura de     Edward Hopper   
                                    

El cansancio del día anterior hizo que Carmina durmiera profundamente, se despertó despacio, amodorrada y relajada, abrió los ojos suavemente. Las primeras imágenes del día fueron para Salvador, se acordó que le tenía que llamar por teléfono. Se levantó de la cama después de dormir toda la noche de un tirón, había dormido como nunca. Después de desperezarse, fue directa al teléfono. Cogió el aparato telefónico y decidida marcó el número de la redacción:

—¡Rin-rin-rin! -desde el otro lado teléfono sonó una voz femenina;

—El Cultural, dígame...

—Sta. póngame con el Sr. Rabie por favor.

—¿de parte de quién...?.

—Soy Carmina la...

—Un momento, enseguida le paso. –La telefonista avisó por el megáfono.

—Salvador le llama por teléfono, la Sra. Carmina.

—Pasa la llamada a mi despacho, por favor Rosa.

—Sí, dime...

—Salvador, me dejaste un mensaje en el contestador.

—Carmina, cariño... ¿te acabas de levantar de la cama?

—Sí, todavía estoy un poco adormilada.

—Se te nota en la voz, ¡me encanta! esa vocecilla mañanera, que voz más dulce tienes. !Cómo me gustaría estar en ese momento junto a ti!


—Yo también lo deseo pero, ya sabes que en estos momentos es imposible ¡anda cielo! —No te pongas romántico a estas horas y dime ¿me llamaste para lo de la entrevista?

—Sí... quiero que vengas esta tarde a la redacción, te la hará la entrevista un becario que tengo a mi cargo, es un buen muchacho, se llama Eneko, y quiero que tu seas su primera entrevistada, ¿no te importa verdad?

—¡No!, no me importa, me parece bien, pero...? estarás tú presente?

—Si, estaremos los dos, verás cómo te hace una buena entrevista, confió mucho en él.

—Bien, vale, ¿A qué hora os conviene que vaya?

—Cuando puedas venir

—Bueno, iré sobre las 17:00 ¿Os viene bien?

—¡Si mi amor! te esperaremos a esa hora, te estaré esperando con impaciencia.


Carmina después de colgar el teléfono, fue al baño, tomó una ducha y se vistió. Después de desayunar, fue a la compra como de costumbre. Hizo los trabajos de la casa y se fue a su estudio, tenía que embalar las últimas obras, para enviarlas a poner los marcos.


Por la tarde después de dejar todo a punto se puso un vestido que le quedaba como un guante, se dirigió a la redacción a la hora acordada. Le estaban esperando Eneko y Salvador.


—Eneko, esta es la pintora Carmina. -Salvador la presentó.

—Carmina, este es el joven becario que te va a hacer la entrevista. -Se dieron la mano en señal de saludo.

—Bien Carmina, toma asiento, Eneko puedes comenzar la entrevista cuando quieras.

—Eneko tomó su bloc de notas y comenzó a interrogar a la pintora:

—Carmina, ¿Cuántos años lleva pintado?
—Me dedico a esto desde hace 10 años más o menos pero, desde niña ya me gustaba pintar, aunque, no he pintado en todas las etapas de mi vida.


—¿Ha aprendido a pintar en algún sitio?
—Si, desde la escuela de primaria me gustaba mucho pintar, mas tarde fui a la Escuela de Arte y hoy es el mejor hobby que tengo.


—Sigue pintando en la escuela, o tiene un lugar donde pintar? 
 —A veces voy a escuela, antes pintaba en mi casa, pero la pintura huele y es molesto para los demás, ahora tengo un estudio y allí paso mucho tiempo entre mis creaciones.

—¿Qué opina su familia de este hobby?
—Mientras me dediqué a cuidar a mí familia alternaba mis ocio con la pintura. La volvió a retomar cuando ya mis hijos no me necesitaban tanto. Me animan a que siga, les gusta lo que hago pero ya no le dan tanta importancia.


—¿Desde cuándo pinta profesionalmente?
—Desde hace unos seis años, dedicarse a esto profesionalmente no es sencillo.


—¿Qué técnicas utilizas en sus cuadros?
—Varias, empecé con carboncillo y sanguina, pastel, acuarela, óleo, acrílico y plumilla...

—¿Qué temas plasma en sus cuadros?
—Paisajes, abstractos, hago retratos e experimento con otros materiales. Primero hago fotos a los paisajes que me gustan y los pinto. Me encanta pintar al aire libre y del natural.


—¿Qué siente cuando pintas?
—Es una sensación que no se puede describir, depende del momento, también de lo que estés pintando, si te sale lo que quieres representar, si ese día tienes duende...


—¿Qué quiere significar con duende?
—Es como la magia, la fuerza que te impulsa a plasmar en el lienzo tu interior, lo que sientes, lo que quieres exteriorizar a través de tus pinturas.


—¿Ha expuesto muchas veces?
—Hice una exposición hace dos años y vendí diez cuadros, no da para ganarme la vida con esto, pero puede mas la afición y me da muchas satisfacciones.

—¿Qué cuadros presenta en esta nueva exposición?
—Una mezcla de todo, desde figurativo, paisaje y bodegón, en modalidad de óleo y pastel, así como retratos.

—¿En qué sala de exposiciones presentará las obras?
—Próximamente a finales de agosto en la Sala de Arte SKF de Madrid y después en septiembre en la costa, en la Galería de Arte de Zubieta de Donosti.


—¿Qué espera de estas exposiciones?
—Bueno, lo principal, darme a conocer en otros círculos, no sólo los de mi entorno. Espero que en Madrid asista gente entendida en arte y se me reconozca mi estilo y mi trabajo.

—¿Por cuánto ha vendido el cuadro más caro?
—Por trescientas mil pesetas, para mi es un lujo que alguien valore tu obra y la compre. En el mundo del arte no puedes pretender llegar mucho mas lejos.

Claro que gusta vender y llegar a que te reconozcan, pero para mi lo más importante es pasarlo bien pintando.

—¿Existen apoyos para los artistas que quieren exponer?
—Bueno si en mi entorno, expongo en los pueblos cercanos y la gente te conoce, por eso ahora quiero dar un salto a que me conozcan en Madrid.


La entrevista de Eneko llegó a su fin.


—Bien, Carmina, yo creo que con lo que tengo, más la información que me ha proporcionado Salvador es suficiente. Gracias, voy a pasarlo al ordenador y ya te avisaremos cuándo lo vamos a publicar.


Eneko, salió del despacho de Salvador cerrando la puerta con suavidad. Quedaron en silencio, mirándose un breve rato sin parpadear. La pintora observó lo desmesurado que le parecía Salvador allí, en su despacho, sentado en su butaca, le parecía más importante, su mirada era más cautivadora, pero él le sonrió en ese instante y rompió esa atracción. Carmina se atemorizó. Sintió ansiedad y se estremeció. Salvador se dio cuenta y le dijo:


—Carmina, ¿Qué te pasa?


—¡Oh!, No me pasa nada. Sólo he sentido un escalofrío. -Rompe el hielo —comenta Eneko tiene madera de periodista.


—¿Tienes frío?

—Un poco, pero estoy bien.
Salvador se recostó en su sillón, y abriendo los brazos, le invitó a Carmina a que fuera hacia él.

—Ven pocholita, ven aquí, dame un beso.

—¡Pero Salva... aquí! ¿no entrará Eneko?

—No, tiene trabajo para un bien rato.

Carmina se acercó y le dio un beso en la mejilla. Salvador la rodeó por la cintura y la hizo sentar en su regazo.

—Siéntate aquí, yo te daré calor.

—No, no, cielo que me da apuro, aquí no...

Pudo más la seducción que la negativa y se dieron un beso tras otro. Hasta que...

—¡Crash...!, ¡pum...! -la silla se venció y se
cayeron al suelo.

—¡Oh...!, ¡hay...! ¿te has hecho daño, mi amor...?

—¡Uff!, ¡no...!, ¡No-cielo!- ¡ja, ja, ja! A la pintora le entró la risa.

—Ssss... ssss... silencio, ¿Nos habrá oído Eneko?

—No creo, él estará en su departamento y desde allí no habrá oído nada.

La pata de la silla se venció y ellos cayeron al suelo, no se hicieron daño, sólo la silla sufrió el desperfecto, hasta el extremo de quedar inservible en un rincón.

 Pintura de   Edward Hopper

                            

Continuará...



Derechos  registrados

Mª Carmen Píriz García - registro: 0910304797905



lunes, 27 de diciembre de 2021

ARRUGAS EN LA SABANA "II Camino al estudio" 4º Cp.

Camino al  estudio


Autobús de línea pintado en acrílico.
                    
                    
Carmina había cogido el autobús como era su costumbre para ir al estudio. En su mente solo cabía en ese momento su amado periodista y despistada se bajo dos paradas antes de la suya.
Cuando se dio cuenta del despiste, el autobús ya había arrancado, pensó —¡Madre mía, como estoy hoy! recordó que en ese barrio vivía Salvador. No se lo pensó dos veces, entró en una cafetería y le llamó por teléfono:

 Pintado a óleo por un amigo pintor Gogénola.

                                    
—¡Diga, sí, quien...! -Ella antes de contestar se aseguró que la voz al teléfono era la de Salvador.

—¡Salvador...! Soy Carmina, ¿podemos hablar?

—¡Si, si! en este momento estoy solo en casa.

—¡Uff... menos mal! -ella respiró tranquila- ya llamaba un poco dudosa. Ya sabes que no me gusta llamarte a casa, prefiero llamarte a la redacción, pero... hoy me ha pasado algo raro, me he bajado del autobús antes de tiempo y estoy en tu barrio, por eso he decidido llamarte.

—¿Puedes bajar a tomar un café, estoy en una cafetería cerca de tu casa.

—Bueno, si quieres bajo pero, como te he dicho, estoy sólo en casa, a estas horas no vendrá nadie.— ¿Por qué no subes un momento?

—¿De verdad, que no irá nadie?,—¿No te importa que suba a tu casa, estás seguro?

—Sí... además estoy deseando verte a solas.

—Bueno... Subiré, aunque sea un momento pero dime... ¿en qué número y piso vives?

—En el quince, sexto, toca el timbre y te abriré la puerta del portal.

Carmina caminó alrededor de dos edificios y buscó el número del portal, se aseguró que nadie pasaba y tocó el timbre. Salvador la esperaba, le abrió la puerta automática. Al entrar Carmina miró a través del cristal del portal, a ver si no había nadie mirando desde las casas de enfrente. No vio a nadie asomado en las ventanas. Se aseguró que nadie la viera entrar en el ascensor. Una vez dentro ella se miró en el espejo, se arregló con coquetería el pelo.


Al salir del ascensor miró de izquierda a derecha para asegurarse que ninguno de los vecinos salían de sus casas y le pillaran in-fraganti entrando en casa de Salvador. Pero no, nadie la vio, Salvador ya tenía la puerta entreabierta y entró.


Se saludaron con un beso en la mejilla. Salvador la abrazó, le enseñó su casa, habitación por habitación, la de sus hijos, su dormitorio, su despacho lleno de libros. Al llegar a la cocina le ofreció un café que ya tenía dispuesto en el fuego y por último, le hizo pasar a la sala. Era una sala muy acogedora, sencilla con muebles clásicos como el conjunto del resto de la casa. Una vez allí Carmina observó unas fotografías colocadas unas sobre la estantería y otras colgadas sobre la pared. Eran de su familia, su hijo con él, sus hijos juntos, su esposa con sus hijos.

Apareció Salvador con el café y unas tazas en una bandeja:

—¿Quieres sólo o con leche?

—Con un poquito de leche por favor -le contestó.

Le sirvió la leche y tomaron sorbo a sorbo el café sin dejar de mirarse, ella agradecida le sonrió le hizo un gesto que a Salvador no le pasó desapercibido.

—¿Qué Carmina estás incómoda en mi casa.

—No cielo, sólo estoy un poco extraña, Quizás sea porque es la primera vez que vengo, tienes una casa muy bonita y acogedora.

   Pintado al oleo 
                                                               

Salvador encendió el cigarro, que acostumbra cada vez que toma un café, no sin pedir permiso a Carmina, ya que ella no fuma y quizás el humo pueda molestarla. El periodista cogió de la mano y la besó.

—Cariño estaba deseando besarte, no sabes la ansiedad que paso sin ti, no sabes cómo te quiero de verdad a veces pienso, ¿Cómo he podido llegar a quererte tanto?


La abraza con fuerza. Carmina hace un gesto de evasiva.

—¡Cariño aquí no! Que puede entrar alguno de tus hijos y además es tu casa y estoy algo tensa.

—Tranquila, que a estas horas es improbable que venga nadie, normalmente a estas horas estoy solo.


Salvador insiste en el abrazo le pasa la mano por la cintura y la estrecha contra su pecho. Ella se resiste pero es inútil, la embriagada mirada de Salvador le atrae lo suficiente como para dejarse llevar por el instinto. Se besan con insistencia, con pasión, con arrebato, saborean el fruto de sus besos y caricias la respiración es cada vez mas excitada. La pasión se desató y cada susurro en el lóbulo de su oreja, cada beso con lengua hizo que la pasión desatara lo que ella no pudo evitar, pero se dejó llevar. Salvador acarició cada rincón de su cuerpo desprovisto ya de la ropa, ni un trozo del piel se quedó sin explorar, sin besar sin acariciar. Ella se quedó desnuda, tumbada boca a bajo avergonzada por al situación un rato en el sofá.

       Pintado al óleo. 

Una vez repuesta, más tranquila y relajada se vistió. Desvió la atención hacia las fotografías que colgaban de la pared y pregunta a Salvador:

—¿Esas fotos son de tu familia verdad?

—Sí claro, son de hace unos años, de cuando los niños eran pequeños. Están sacadas en lugares que hemos ido de vacaciones.


Se levanta y le acerca las fotos que tiene en la repisa.


—Mira aquí estamos Ibai y yo en Donosti. Tenía unos cinco o seis años.

—Y tú muy guapo más joven, y con más pelo - le responde Carmina.


—¿No tienes fotografías de joven, me gustaría ver alguna?

—No, aquí no tengo ninguna, si queda alguna las tendrán mis hermanas, se quedaron en casa de mis padres, bueno… aquí tengo alguna de la mili.


El periodista se levanto, fue a su despacho y trae el álbum familiar, donde le enseña una foto de militar con casco. Bromearon por la pose de la fotografía, le ensenó el álbum de su boda, después de ver unas cuantos fotos. Carmina le dice:


—No has cambiado mucho de aspecto, bueno aquí eres veinte años más joven, tienes el pelo más largo, la moda de los años setenta y ochenta, mira ja, ja, ja los pantalones anchos. Aunque sigues teniendo el parecido, ahora de mayor, estás mucho más interesante.


Salvador le expresa su agradecimiento por su opinión con un abrazo, pero le insinúa su pesar por no haberla conocido en su juventud. Todo hubiera sido distinto, quien sabe, igual el destino no estaba para ellos en la juventud, sino en la madurez, porque el amor no tiene edad.

El tiempo pasó muy deprisa, viendo fotos, charlando y cómo no, dándose un beso de vez en cuando. Saben que cada minuto que pasan juntos tienen que aprovecharlo. Si tuvieran toda la libertad, la aprovecharían, ya lo creo que la aprovecharían. Carmina miró el reloj:


—¡Cielo!, He de irme ya, gracias por invitarme a tu casa he pasado un rato muy agradable.


Se levantaron del sofá, Carmina aprovecho para ir al baño y se despidieron con un monumental beso.


La pintora igual que cuando entró en la casa, adoptó todas las precauciones al salir, cuidando de que nadie le viese. Salió del portal y caminó con prisa, cogió de nuevo el autobús de línea.


 Cogiendo el bus, pintado en acrílico.

         
          
   Continuará...


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Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905

          

lunes, 20 de diciembre de 2021

ARUGAS EN LA SABANA I " En la alcoba " 4º Cp.

En la  Alcoba


Abstracto pintado al óleo (50 x100 cms) por Mamen Píriz
                                  

La alcoba separada de la sala por unas puertas correderas de madera plastificada, alberga en el lado derecho un sinfonier con varios cajones, la cama matrimonial con un cabezal  amplio de madera,  las paredes de color blanco,  en la parte alta del cabecero un cuadro alargado con figuras geométricas en colores rosados verdes y grana, a los lados dos cuadros mas pequeños color verde adornan la estancia.

Faltan pocos minutos para la medianoche cuando Salvador ha apagado las luces de la casa, ha abierto la ventana de la sala con la persiana baja y se dispone a desnudarse mientras contempla a su mujer dormida con respiración acompasada.

Extendido en la cama experimenta el placentero alivio de la relajación de las tensiones en el duro pero confortable colchón. Bosteza, a modo de fugaz película, pasa revista a los acontecimientos del día que la somnolencia los va encubriendo como la niebla de un pantano hasta que cae en un profundo sueño.

Al rato muestra un desasosiego que le impulsa a cambiar de postura de izquierda a derecha al tiempo que musita sonidos ininteligibles. Abre los ojos súbitamente y mira el reloj despertador de la mesilla cuyos dígitos color escarlata marcan las dos y veinte. 

Se revuelve en la penumbra azulada que se filtra por los resquicios de la persiana, observa el sueño de su mujer, cuyo sereno rostro se transfigura lentamente en el de Carmina debido a los múltiples elementos subjetivos que condicionan la percepción del periodista que, a partir de ahí, fantasea con la imagen de su amada.

La tiene frente a sí, cubierta sólo por las piezas de lencería negra a juego con su melena azabache, cubriéndole los hombros que le prestan un aire de fragilidad que desata su pasión por ella. Le desabrocha el sujetador y mientras acaricia sus pechos se inclinan abrazados hacia la cama donde prosiguen el juego amoroso entre  besos y caricias por todo el cuerpo. Salvador detiene su fantasía en la imagen del rostro ladeado de la pintora con los ojos cerrados y la respiración entrecortada por el placer. 

Con un movimiento impremeditado, mecánico, introduce la mano dentro del pijama y se aferró a su sexo erecto. Experimenta como nunca la pulsión de masturbarse pero la reprime en un acto heroico ya que le fascina, no sin cierto reconocimiento, la posibilidad de entregar toda la energía psíquica y física a su amada.

En un desesperado intento por recuperar el sueño que ha abandonado la pesadez de sus párpados, estira con cuidado para no desvelar a su compañera de cama el enredado cordón del auricular del transistor de bolsillo que, con frecuencia, le ayuda a distenderse de la agitación anímica que bulle en la memoria cuando ha concluido la jornada. Pulsa el botón del interceptor y al tiempo que se enciende un punto rojo que parece flotar como un lejano planeta en la oscuridad del firmamento, percibe una cálida voz femenina:

Créeme, Susana, no sé qué hacer, me carcome esta situación pues si, por una parte me da lástima mi marido porque creo que no se merece  lo que hago, por otra parte amo con locura al otro, -ha arrastrado las últimas palabras por el efecto de un suave suspiro.

La presentadora sin excesivos recursos magistrales recurre al tópico en tono de complicidad.

    —No has contemplado la posibilidad de separarte?       
   -me parece la única...

 —Todo el mundo me dice lo mismo, -le interrumpe con cierta brusquedad Halo de Luna.

 —He comentado el caso con un psicólogo y una psiquiatra y ellos también entienden que la solución más idónea es la separación, pero a mí los salo-monismos del tipo de todo o nada, lo tomas o le dejas no me satisfacen.

La luna se ha deshecho de la vaporosa protección de una nube filtra por las persianas estrías plateadas sobre las sábanas azules de la alcoba.

    —Latiguillo final que pretende el inicio de una ilusión. -Si alguien que están escuchando este programa puede arrojar desde su experiencia personal o por conocimientos profesionales alguna luz sobre el caso que nos ha expuesto Halo de Luna, le agradecería se pusiera en contacto con esta emisora.

A continuación el programa pasa a ofrecer las melodías del Vals Triste de Jean Sibelius, cuyos sones transportan las imágenes de Salvador a un florido valle, repleto de flores de manzanilla donde sentados bajo la protectora sombra de un corpulento roble, cruza sus ojos con la luminosa expresión de Carmina. 

No se dirigen la palabra solamente se miran sonrientes. El periodista le ofrece una flor blanca y amarilla y ella la recibe sin apartar sus ojos de los suyos. Siguen sin pronunciar palabra, sólo se sonríen se miran a los ojos.

Un lejano cencerro pone el contrapunto al moderado trino de pájaros de  distintas especies envolviendo a los amantes en el misterio de las cosas sencillas. No se hablan. Sólo se  miran... sólo se miran... Se miran...

Salvador se ha quedado dormido mientras el transistor de bolsillo se desliza lentamente por la sábana superior hasta que la moqueta ahoga su golpe contra el suelo.

 Dormitorio para  el cual hice ese cuadro.

                                  

                     



Continuará...

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martes, 7 de diciembre de 2021

ARRUGAS EN LA SABANA " 1 En la redacción" de 3º Cp.

Redacción del periódico
     
                                                
          En la  Redacción

El local de la redacción es un remanso de paz en este declinante mediodía. El turno de trabajo de la hora del almuerzo lo acaparan Rosa y Eneko que, concentrados en las multifacéticas pantallas, ni siquiera ha reparado en la entrada de su redactor jefe. 


   —¡Hola, chicos!, ¿Cómo va la mañana?


  —¡Salva!, Ha telefoneado el "sheriff" con el encargo de que llames a Donosti- cuando llegues Rosa le ha dado el recado, sin separar la vista del teletipo.


Salvador toma asiento en su despacho separado del resto de las dependencias por una mampara de cristal, busca el número de la extensión del teléfono del director, mientras tararea una conocida melodía de los Beatles.

  —Sí... dígame... -Una voz de agudo timbre casi femenina, suena a la cuarta señal.

   — ¡Buenos días! Argimiro. Soy Salvador de Rabie...

   —¡Ah! ¡Hola!... ¡Chico... llevamos tanto tiempo sin vernos, ni siquiera hablarnos...

   —¿Cómo marchan las cosas por ahí?, - el tono del director es francamente amistoso.

    —¿Qué tal tu mujer y los chicos? 

   —¿Hombre...! sobrevivimos, que en los tiempos que corren no es algo baladí.

    Salvador tamborilea con el lápiz la superficie de la mesa.
    —Y tú ¿Cómo llevas tu dorada soltería?

    —¡Menos guasa, hombre de orden...! Que los dos sabemos muy bien que no hay oro que reluzca en ninguna de nuestras respectivas opciones, -la risita de Argimiro confirma su satisfacción porque entiende que ha devuelto con creces la ironía de su interlocutor. 

  —De acuerdo, de acuerdo... y bien... Qué te parece que vayamos al grano,-Interrumpe Salvador los saludos protocolarios, pues desde que la comunicación el telefonazo de su director intuyó que pretendían enmendarle la plana en alguna cuestión laboral.

 —Eres un excelente periodista, - carraspea la vocecita — nos conocemos desde hace años y sabes que tengo una inmejorable opinión de ti...

   —¡Al grano, Argimiro, al grano...!

  —De acuerdo..., he leído el acta de la reunión del Consejo de Administración del viernes pasado en el que hay un apartado que té afecta. Se refiere a aquella portada en la que concediste prioridad a las matanzas de Kosovo sobre los posibles desastres de un movimiento sísmico, y parece que tu decisión no agradó a los miembros del consejo -hace una pausa escénica y continua...

   —Han juzgado que relegar el terremoto a un plano secundario relevante sí, pero, secundario al fin al cabo, supuso una ligereza por tu parte.

  —Con que esas tenemos, -Salvador se acaricia la frente con el dedo índice.

   —Y, ¿Cuál es tu opinión?

  —El acta añade que, comparadas las portadas de otros rotativos, las ventas del nuestro, pudieron descender hasta un quince por ciento el día de marras.

Salvador molesto por la actitud esquiva, de voz de su amo, del director, endurece la suya. Habla despacio, sopesa cada palabra que brota del fino trazo de sus labios apretados.

  —Tengo muy presente aquella asignatura que cursamos el último año de carrera en la facultad. Se llamaba Deontología profesional. Seguro que la recuerdas, Argimiro, cuando has hecho referencia a la prioridad o no de esas noticias has añadido los calificativos "posibles" al sustantivo "desastres", así pues, reconoces sea a modo de lapsos freudiano, que ese hecho no se ha producido aunque podría acontecer; pero, insisto, -silabea con rabia- ¡no-se-ha- pro-du-ci-do...! Así no es sino un futurible.

Sin embargo, las desgracias de la guerra de Kosovo son bien reales y están presentes y, por supuesto, ese día lo estaban, vaya que si lo estaban.

  —¡Ah! Y no olvides, sea con el recurso a la etimología, que noticias precede del latín notus, es decir, lo ya conocido porque ha sucedido.

   —Ya, después de todo me consideras implicado en el dictamen del Consejo de Administración, - añade con expresión apesadumbrada- acabas de ensartar en tu monólogo el término deontología... 

    — Creo adivinar a qué te refieres...

    —No es difícil, -ironiza el redactor, prolongando su matiz de sequedad.

   —Creo que es oportuno en circunstancias como éstas apelar al sentido ético aplicado a la profesión, en este caso a la periodística. Me hallo más realizado como persona y como profesional cuando narro hechos de trascendencia universal que sirve al lector de soporte para una reflexión sobre el problema del mal.

La hipocresía, la mentira, la violación, la muerte, el morbo, los puros intereses armamentísticos... todos estos ingredientes componen la satánica ensalada que ¡Ojala! Acabara por indigestar a la ciudadanía y concluyera en el vómito colectivo de tanta tontería efímera de los medios de comunicación en general y de la televisión muy en particular...

   —El anuncio de un terremoto que ni siquiera ha sucedido despierta morbo. De acuerdo. Pero a una guerra que está padeciendo se le debe otorgar en los primeros planos el espacio privilegiado que, como acabo de recordarte, conduzca a la gente hacia una reflexión acerca de la sinrazón de la existencia.

    —¡Salva!, -Argimiro distiende su reflexión de voz- ¿no te habías enterado, por un casual, que ha quedado vacante la cátedra de deontología...? 

    —Bromas aparte, ten presente que la mayoría de los prebostes del Consejo proviene de la Banca...

     —¿Qué más quieres que te diga muchacho?

    —Es que vengan de donde vengan, me jode que todo, incluso la labor profesional tenga que girar en torno a los tantos por ciento y nada más...

  —¡Oye!, Me llaman por la línea interior... Tranquilízate, que lo que te he comentado ni siquiera significa por mi parte un toque de atención. Sobra recordarte que estás bien considerado en la empresa... Eso sí, me gustaría almorzar contigo cualquier día de éstos. Me han encantado tus lecciones de idealismo.    
Ha colgado el teléfono.


Salvador se levanta y se dirige hacia el ventanal. Observa en silencio la frescura de las rosas y tulipanes del terruño ajardinado, acariciado por la tibia temperatura. Unos golpes de nudillo en el cristal interrumpen su estética meditación. Eneko entra en el despacho con unos portafolios. Apenas ha saludado cuando el jefe de redacción, sin interesarse por el motivo de su presencia, le sorprende con una inesperada interpelación.


      Bombillas pintado al óleo
                      
                                                              

Continuará...


Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905