miércoles, 10 de febrero de 2016

ARRUGAS EN LA SABANA II " El paseo " 3º Cp.

  El paseo
















Pintado al óleo (61 x 50 cms.)  por Mamen Píriz

Apenas había pasado unas horas, Carmina se dedicaba a planchar la ropa cuando todavía notaba en un fugaz aroma que emanaba de su pelo, el recuerdo que le transportaba al agradable encuentro con Salvador. Su rostro dejó translucir una leve sonrisa cuando entró su esposo y le dijo

  —Te veo muy contenta- le agarró por la cintura y le atrajo hacia él. Carmina hizo un gesto esquivando el abrazo  y se aferró con más fuerza a su quehacer.

   —¡Cielo déjame planchar que quiero terminar pronto! 

   —Él insistió- Noto que estás contenta, no se pareces nada al día de ayer que fue de perros.

   —¡Bueno Ayer...! Ayer fue otro día, ya sabes todos los días no son iguales.

    Ella intenta disimular y se fue directamente al cuarto de baño a refrescarse ya que notó un ligero rubor en la cara. Volvió a la cocina y siguió planchando.
    Su marido, que estaba contemplando desde la ventana el radiante día que hacía le invitó a salir.
  
 —¡Carmina!.¿Vamos a dar un paseo a la laguna?

 —Cuando termine de planchar, ¿Vale?- Ella aceptó encantada.   

       Una vez que terminó  de planchar Carmina se puso un chándal y se calzó unas zapatillas deportivas. Salieron de casa una vez de comprobar que todo estaba en orden y cada cosa en su sitio, como de costumbre. Fueron caminando dispuestos a gasta sus energías y las últimas horas de la tarde a paso ligero.  

     Caminaron en silencio un largo rato cogidos de la mano, era una tarde tranquila, el sol ya no calentaba con fuerza, una suave temperatura acompasaba e invitaba al paseo. El esfuerzo de la subida de la sinuosa cuesta asfaltada les hizo detenerse unos instantes al acabar la curva.

    Contemplaron el paisaje que a esas horas de la tarde el sol se refleja en las tranquilas aguas del lago. En el agua se reflejan los abetos, los castaños, los sauces, las acacias y la maleza que se asoman en la laguna como si se miraran en un espejo que dejan entrever las distintas tonalidades y formas. A esa hora el atardecer estaba en su máximo esplendor, el colorido de los distintos árboles, el azul del cielo y los rayos del sol mezclados con las tranquilas aguas hacían del lugar un paraíso de paz y tranquilidad.

  El silencio se rompía por las pisadas de Carmina y su marido sobre el polvoriento camino que bordea la laguna. Sólo se oían los trinos de los pajaritos y de vez en cuando el canto de algún grillo, así como las voces de Carmina y su marido.

      —Cariño, casi se me olvida, hoy han dejado en el contestador del teléfono un recado para ti, un periodista de una revista. Quiere hacerte una entrevista de tu próxima exposición de pintura.

    —¡Sí!, y…. ¿no ha dejado su número de teléfono?

      —Si, te lo he dejado encima de la librería, ha dicho que te pongas en contacto con él en ese número y que le llames por la mañana en horas de oficina.

       —¡Bueno pues ya le llamaré mañana!

     Carmina se quedó en silencio, pensativa, sabía de la llamada de Salvador pero no quiso decir nada. Esa llamada era el anticipo de que Carmina se pondría en contacto con Salvador.

     —¿Qué tal van tus cuadros? -le pregunta su marido. 

    —Bien, ya casi están todos terminados, sólo faltan dar algún retoque a dos cuadros y poner los marcos. La exposición será para el próximo mes.

    Siguieron caminando con pasos acompasados y en silencio. Ella estaba en otro lugar en  su pensamiento, aunque no dejaba de disfrutar del paseo. Cómo le gustaría dar ese paseo con Salvador ya que a esas horas de la tarde apenas había gente. Soñaba despierta pero, si es consciente que la realidad es otra. La realidad la tenía delante de sus ojos, su marido. Ella también reflexiona sobre el amor que siente por su marido, también le quiere y además han convivido media vida y no es fácil borrarla de un plumazo ni tan siquiera de su corazón.

  Carmina se agazapa a contemplar unas crías de sapos que se cruzan saltarines en el camino, son muy diminutos apenas se ven a simple vista.

    —¡Mira! cari que criaturas más curiosas, como se esfuerzan en dar saltitos.

    —Ya, hay de vez en cuando crías de sapo por este lugar.

Carmina se entretiene mirando los sapitos y se distancia de su marido que sigue caminando a paso más bien ligero y le sobrepasa unos metros adelante. Ella sigue adelante sin esforzarse en seguir, sigue abstraída en sus pensamientos.



                      Acuarela  (30 x 40 cms) pintada por Mamen Piriz





 continuará.......






Derechos  registrados

Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905



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