martes, 23 de febrero de 2016

ARRUGAS EN LA SABANA I "Las vacaciones " 6ª Cp.


 Las  vacaciones

        
                                                                 Chalupas en el mar pintado al óleo (61 x 50 cms.) por  Mamen Piriz
     Las vacaciones de agosto en una ciudad bañada por el mar Cantábrico, son para Carmina una de las más relajadas que puede imaginar. Días de playa sin demasiado calor, unos días nublados y otros cálidos, que le dejan disfrutar de buenos paseos por las tardes. En la primera quincena, los días se le hicieron demasiado largos sin tener ninguna noticia de Salvador. En sus paseos diarios continuamente le tenía en su pensamiento. No verlo aunque fueran cinco minutos cada día, era lo que más la inquietaba. Una tarde paseando por malecón del puerto, a Carmina le dio un vuelco el corazón, unos metros delante de ella iba una pareja, el hombre tenía la fisonomía de su amado, le pareció que podía ser Salvador, pensar que podría ser él. La manera de andar de aquel hombre, similar a la del periodista, corpulento, más bien alto, con el corte de pelo parecido, al pintora no hizo más que acelerar el paso y al acercarse a su altura se percató de la confusión. Quedó asombrada de su error. Aquella tarde de agosto a Carmina se le humedecieron los ojos y los tenía tristes, por la añoranza.

    En la luminosidad de la luz en el puerto quedó mirando un barco pesquero que salía hacia alta mar en dirección a nordeste. En su partida dejaba tras él, una línea de espuma blanca en forma de oleaje. La pintora se imaginaba que el pesquero navegaba hacia el lugar donde se encontraba Salvador, o quizá pescarían por noche en algún banco de pesca, con otros barcos del mismo puerto pesquero donde veraneaba el periodista.

     La pintora se quedó fija mirando el mar, en él se reflejaba el color de los ojos de su amado. La imagen confundida de los ojos sin rostro se perdió entre las brumas invisibles del horizonte. Su hijo le sacó del letargo en la que estaba inmersa.

   —¡Mamá! esta noche saldremos a pescar con papá, mi hermano y yo, vendremos aquí.

   
—¡Me parece estupendo hijo! -espero que pesquéis la cena de mañana -les contestó sin ni siquiera volver la cara.
     La cálida tarde invitaba a dar un largo paseo, después de los chaparrones que habían caído a la mañana, en el puerto todavía quedaban charcos de agua en el suelo. Carmina y sus hijos recorrieron todo el espigón antes de regresar a casa para cenar.

     Después de la cena, sus hijos y su marido se fueron a pescar. Ella salió a la terraza, sentada en una hamaca miró al firmamento estrellado. Había algunos cirros fragmentados, muy altos y los primeros rayos de la luna plateaban los bordes.

    —¡Una noche perfecta! -dijo en voz baja - ¿Quieres decir que el cielo es perfecto, a pesar de cambiar cada segundo? - Se contestó a sí misma, ¡Sí! agregó- y el mar es perfecto, las nubes son perfectas a pesar de moverse constantemente y dejar paso a ver las estrellas.

     Carmina se fijó en Venus(lucero del alba) que brillaba con más intensidad. Se imaginaba y deseaba que Salvador desde su terraza estuviera mirando la misma estrella. La miraba, titilaba como si le hablara. Se quedó mirándola como si quisiera que se acercara a ella, cada vez más y más. Allí en la serenidad de la noche, lo sentía muy cercano. Cerró los ojos, se sintió abrigada y lúcida bajo el cielo y bajo varios millones de estrellas que tal vez fueran ilusiones, pero bellas de verdad.

      Se estremeció sintió frío, se quedó destemplada y decidió ir la cama. En ese mismo instante sonó el movil:

      —¡Hola!, ¿Carmina podemos hablar?

      —Si, si en estos momentos estoy sola, mi familia han ido de pesca, ¿que tal, como van tus vacaciones?

     —¡Vamos bien!, tranquila, hace un verano como me gusta a mi, no hace demasiado calor y es el clima perfecto. ¡Amor! cuánto te hecho de menos, necesito verte pronto. Pero bueno enseguida llega setiembre.

    —Sí, pronto nos vemos, como me gustaría que estarías hoy aquí, estaba mirando las estrellas y está el firmamento tan hermoso, pesaba en ti, mirabas al cielo y viendo a Venus, pensaba si tu la estarías mirando.

     —Si , ahora mismo veo esa estrella, al verla me acordé de ti, bueno me acuerdo de tí en todo momento. Salí un momento solo y estoy dando unos de mis paseos, ya sabes que en vacaciones pocas veces puedo estar solo. Por eso aproveche a llamarte, lo que no sabia que tu estuvieras sola. Llamé con dudas, y ¿que tal, como llevas esta vacaciones?

     —Bien, solo me faltas tu, amor... pero bueno, ya solo falta una semana. Nos vemos cielo, estoy muy cansada y me iba a la cama cuando llamaste. ¡Te amo cielo!

      —!J´aime!, agur.

      Carmina se arrebujó debajo de la sábana y apagó la lamparilla de la mesilla y sintiendo el calor bajo la manta. Estaba contenta por la llamada.

     En las paredes blancas del dormitorio vio reflejado mil veces el rostro de su amado, que aparecía y desaparecía. De todas las esquinas de la habitación le parecía oía su voz que la llamaba, era la voz grave, penetrante, recordaba la llamada de teléfono, le decía que acudiese donde ella estaba.

        La pintora no pudo dormir, cogió la radio de la mesilla, la melodía Balada para Adelina de Richard Clayderman sonaba suave, la transportó al centro de una sala de baile pequeña, en ella, sólo ellos bailaban al compás de la música. Él la sujetaba delicadamente por la cintura y ella se dejaba llevar suavemente, los movimientos acompasados del ritmo lento, la mirada altamente sugestiva de ella, la atracción de los labios de él, se sellaron con un beso que la volvió a la realidad. Movió la aguja de emisoras de aquí para allá, sin saber lo que hacía, sólo buscaba el dial de su programa favorito para poder oír algún mensaje que le podría enviar su amado. Mientras esperaba, besaba los dibujos imaginarios de su rostro en las paredes en penumbra del dormitorio.

      Ya amanecía. El reflejo del sol entraba entre las rendijas de la persiana a medio cerrar. Despertó entre un resplandor rosado y sombras de oro, recordó a Salvador que estaba por lo menos a cien kilómetros de distancia de aquel lugar, más allá del horizonte.

      Sintió una presión en el costado debajo de ella, era la radio que se había quedado encendida. Ofuscada, la guardó en el cajón de la mesita. Sintió hambre y se levantó, en la cocina calentó un poco café con leche en el microondas y tostó unas rebanadas de pan. No tenía prisa para desayunar le gustaba hacerlo despacio, cuando terminó se puso a preparar la comida del mediodía.

       En la salita su marido dormía plácidamente en el sofá, como una marmota. Miró en la habitación de sus hijos y también dormían. Volvió a la cocina, preparó el desayuno para su familia y puso la mesa para que desayunaran en la terraza.

       A media mañana ella bajó a la playa. Acomodó la toalla sobre la arena y se fue a tomar un baño, después de cambiarse el viquini, dio un largo paseo por la orilla del agua. En el reflujo de la marea baja aparecían conchas de varias formas y tamaños. A Carmina le gustaba recoger caracolillos pequeños y conchitas diminutas, que guardaba celosamente para Salvador. Recreaba mentalmente su historia con él. Le parecía que no podía vivir sin el periodista, le aterraba la idea de no volver a verlo. Sabía que éste era su primer alejamiento de un periodo mínimo, significaba mucho pues se dio cuenta que el amor que sentía por él no era un mero entretenimiento, sino que salía desde el mismísimo corazón.

      Cuando regresó al lugar donde había dejado la toalla, ya se habían añadido su marido y los niños, ellos se fueron al agua a tomar el baño matutino, mientras Carmina permaneció tumbada en la toalla. Su pensamiento era para su amado; la ausencia de no verlo le producía pena, pero tenia que ser así:

        Notar su sonrisa con los ojos lo empapaba todo; Poder ver su cuerpo le excitaba, poder besar sus manos, era como besar el cielo en una noche de luna llena, el recuerdo de su presencia sin él. Le agolpaba la sangre en las mejillas, sin comprender lo que pasaba. Hasta que el sol le quemó los brazos y le obligó a darse un chapuzón.

    En este mes de agosto el sol no calentaba lo suficiente como para derretir sus pensamientos.

                                                     Pintado desde la Atalaya al óleo (46 x 38 cms) pintado por Mamen Píriz


<Estas  pinturas  las pinté  sin ir  a la  escuela de arte,   en un verano de  vacaciones al natural>


Continuará.....
Derechos  registrados

Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905


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