viernes, 12 de febrero de 2016

ARUGAS EN LA SABANA I " En la alcoba " 4º Cp.

En la  Alcoba


                                  Abstracto pintado al óleo (50 x100 cms) por Mamen Píriz


La alcoba separada de la sala por unas puertas correderas de madera plastificada, alberga en el lado derecho un sinfonier con varios cajones, la cama matrimonial con un cabezal  amplio de madera,  las paredes de color blanco,  en la parte alta del cabecero un cuadro alargado con figuras geométricas en colores rosados  verdes y grana, a los lados dos cuadros mas pequeños color verde adornan la estancia.

 Faltan pocos minutos para la medianoche cuando Salvador ha apagado las luces de la casa, ha abierto la ventana de la sala con la persiana baja y se dispone a desnudarse mientras contempla a su mujer dormida con respiración acompasada. 
Extendido en la cama experimenta el placentero alivio de la relajación de las tensiones en el duro pero confortable colchón. Bosteza,  a modo de fugaz película, pasa revista a los acontecimientos del día que la somnolencia los va encubriendo como la niebla de un pantano hasta que cae en un profundo sueño.

 Al rato muestra un desasosiego que le impulsa a cambiar de postura de izquierda a derecha al tiempo que musita sonidos ininteligibles. Abre los ojos súbitamente y mira el reloj despertador de la mesilla cuyos dígitos color escarlata marcan las dos y veinte. 
Se revuelve en la penumbra azulada que se filtra por los resquicios de la persiana, observa el sueño de su mujer, cuyo sereno rostro se transfigura lentamente en el de Carmina debido a los múltiples elementos subjetivos que condicionan la percepción del periodista que, a partir de ahí, fantasea con la imagen de su amada.

 La tiene frente a sí, cubierta sólo por las piezas de lencería negra a juego con su melena azabache, cubriéndole los hombros que le prestan un aire de fragilidad que desata su pasión por ella. Le desabrocha el sujetador y mientras acaricia sus pechos se inclinan abrazados hacia la cama donde prosiguen el juego amoroso entre  besos y caricias por todo el cuerpo. Salvador detiene su fantasía en la imagen del rostro ladeado de la pintora con los ojos cerrados y la respiración entrecortada por el placer. 

Con un movimiento impremeditado, mecánico, introduce la mano dentro del pijama y se aferró a su sexo erecto. Experimenta como nunca la pulsión de masturbarse pero la reprime en un acto heroico ya que le fascina, no sin cierto reconocimiento, la posibilidad de entregar toda la energía psíquica y física a su amada.

En un desesperado intento por recuperar el sueño que ha abandonado la pesadez de sus párpados, estira con cuidado para no desvelar a su compañera de cama el enredado cordón del auricular del transistor de bolsillo que, con frecuencia, le ayuda a distenderse de la agitación anímica que bulle en la memoria cuando ha concluido la jornada. Pulsa el botón del interceptor y al tiempo que se enciende un punto rojo que parece flotar como un lejano planeta en la oscuridad del firmamento, percibe una cálida voz femenina:

Créeme, Susana, no sé qué hacer, me carcome esta situación pues si, por una parte me da lástima mi marido porque creo que no se merece  lo que hago, por otra parte amo con locura al otro, -ha arrastrado las últimas palabras por el efecto de un suave suspiro.

La presentadora sin excesivos recursos magistrales recurre al tópico en tono de complicidad.

    —No has contemplado la posibilidad de separarte?         -me parece la única...

 —Todo el mundo me dice lo mismo, -le interrumpe con cierta brusquedad Halo de Luna.

 —He comentado el caso con un psicólogo y una psiquiatra y ellos también entienden que la solución más idónea es la separación, pero a mí los salo-monismos del tipo de todo o nada, lo tomas o le dejas no me satisfacen.

La luna se ha deshecho de la vaporosa protección de una nube filtra por las persianas estrías plateadas sobre las sábanas azules de la alcoba.

    —Latiguillo final que pretende el inicio de una ilusión. -Si alguien que están escuchando este programa puede arrojar desde su experiencia personal o por conocimientos profesionales alguna luz sobre el caso que nos ha expuesto Halo de Luna, le agradecería se pusiera en contacto con esta emisora.

A continuación el programa pasa a ofrecer las melodías del Vals Triste de Jean Sibelius, cuyos sones transportan las imágenes de Salvador a un florido valle, repleto de flores de manzanilla donde sentados bajo la protectora sombra de un corpulento roble, cruza sus ojos con la luminosa expresión de Carmina.

       No se dirigen la palabra solamente se miran sonrientes. El periodista le ofrece una flor blanca y amarilla y ella la recibe sin apartar sus ojos de los suyos. Siguen sin pronunciar palabra, sólo se sonríen se miran a los ojos.

  Un lejano cencerro pone el contrapunto al moderado trino de pájaros de  distintas especies envolviendo a los amantes en el misterio de las cosas sencillas. No se hablan. Sólo se  miran... sólo se miran... Se miran...

   Salvador se ha quedado dormido mientras el transistor de bolsillo se desliza lentamente por la sábana superior hasta que la moqueta ahoga su golpe contra el suelo.


                                   Dormitorio para  el cual se hicieron esos cuadros 

                     



Continuará...

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