viernes, 18 de marzo de 2016

ARRUGAS EN LA SABANA IV " La exposición " 8º Cp.

   La exposicion
                                             Exposición de la pintora

   Salieron del hotel. A esa hora circulaba poco tráfico. El automóvil pasó como una exhalación ante el oscuro y desmoronado túnel que quedaba esporádicamente suspendido en el acuoso reflejo de los faros. A la luz del sol la piedra era perceptible, testimonio de la división de los dos paseos, el de Ondarreta y la Concha.

    No tardaron mucho en llegar, entraron en un garaje debajo de un dilatado edificio de casas. Todas las cortinas aparecían echadas, pero brillaba una luz al un lado de la puerta. Pulsaron el timbre. De dentro llegaba un sonido de una orquesta de Jazz. El comisario de la sala les abrió.


    — Carmina!, Buenos días, pasen, -dijo el joven-.

    Dejó el bolso posado en una silla dorada decorada con un brocado, pareja de la que flanqueaba la puerta del amplio vestíbulo de mármol. Ahora la música aumentaba de volumen, un radio cassette tocaba la canción; CAN YOU FEEL THE LOVE TONIGHT... 


             
            Abstracto Árbol genealógico, técnica mixta(60 x 60 cm.) pintado por Mamen Píriz


    El comisario no se interesó por el nombre del periodista. Abrió las puertas de par en par y con un gesto con la mano indicó a Salvador que pasara.

   Ella vestía un traje negro con una blusa negra con acentuado escote de forma ovalada. Salvador bestia pantalón vaquero con una camisa de color azul claro.

   Carmina le presentó a Salvador al comisario, se saludaron con un apretón de manos, como si ya se conociesen. Se encendieron todas las luces y focos dejando a la vista todos los cuadros colocados armoniosamente. La sala se quedó muy iluminada, la luz resaltaba la belleza de las pinturas. Había rosas dispuestas en todas partes, en esbeltos búcaros dorados. La pared de enfrente la encabezaban tres acuarelas de colores suaves con reflejos pintados con mucha abstracción.


                                              Exposición abierta el día de la inauguración 


     En la sala entraron dos jóvenes con traje oscuro. La pintora los saludó dirigiéndoles una sonrisa y esbozó un ligero gesto con sus largos dedos en señal de bienvenida. Después entró una joven que vestía unos apretados pantalones verdes y una blusa negra cerrada hasta el cuello, con un collar de perlas verdes del mismo color que el pantalón, saludó a los jóvenes que apenas le hicieron caso. Sus oscuros ojos protegidos por largas pestañas miraron a la pintora con indiferencia. Se dirigió a la mesa de cristal que se hallaba en un rincón de la sala, que hacia de barra donde estaban los vinos. Cogió un vaso y se sirvió un vino blanco, que llevo a su boca y de un sorbo terminó con el contenido.

     A cada momento, entraba más gente en la sala. Amistades de Carmina, amigas y amigas de sus amigas, más una pandilla de colegialas, unos cuantos pintores, y un corrillo de jóvenes franceses, que se dedicaban a mirar a las colegialas sin importarles un bledo el resto de los invitados, ni prestar atención a los cuadros. También asistió un médico amigo de Carmina que habita en Donosti, el cuya amistad les viene de lejos, ya que se hace cargo de la enfermedades de la familia. Los invitados cambian de lugar sin cesar, unos miran las obras de arte y otros se dirigen a la mesa donde está en ágape.


                             Compañeras de trabajo de la pintora le regalan flores      


   El marido y los hijos de Carmina acababan de entrar en la sala. Los chicos le traen un ramo de flores. Buscaron a su madre a la que la descubrieron en la salita posterior, hablando con varias personas sobre un cuadro de mucho colorido. Ella orientó su mirada hacía un grupo de tres hombres que estaban de pie al otro lado de la sala y no se percató de la entrada de su familia. Ellos, que sí la vieron se dirigieron hacia ella y le ofrecieron el ramo, dándole un beso. Su marido la besó y la felicitó por lo bonita que quedó la exposición. Mientras Salvador se le acercaba, Carmina le sonrió y con un gesto le presentó a sus hijos y su marido. Después se fueron hacia la mesa de los vinos y se sirvieron unas copas. Con la copa de vino en la mano, Salvador se fijó en un cuadro de mil colores azules y ocres que representaba una marina del monumento a Chillida. Inconscientemente, le vino el recuerdo del rato que pasaron el día anterior, ante ese lugar, como en una película. Carmina le miró adivinando sus pensamientos, le sonrió y el fulgor de su sonrisa le conturbó.


    De la colección Nubes de Colores II pintado al óleo( 130 x 97 cm) por Mamen Píriz

    Un poco más tarde entraba en la sala Argimiro, el jefe de Salvador. Es un hombre joven, corpulento y lúgubre, con cabello ralo, narigudo y con un semblante bonachón. Iba vestido con traje claro. Salvador presentó al periodista a Carmina y a su familia, conversaron sobre la exposición de la pintora y sobre el éxito que tuvo la anterior en Madrid. La conversación se trasladó a los hijos de Carmina, Argimiro les preguntó si alguno seguiría los pasos de su madre estudiando Bellas Artes, ninguno de ellos admitió tal posibilidad.


     —¿Qué estudiáis periodismo?- preguntó Argimiro-

    Uno de los jóvenes contestó;

    —Mi hermano estudia Ingeniería y yo todavía no sé lo que estudiaré, acabo de terminar hoy el último examen de COU.

    —Argimiro le preguntó a Salvador ¿Y tu hijo dónde estudia?

    —En la Universidad de Leioa, -le contestó-.

    —Ya, pero... si es muy jovencito,

    —¡No!, Que va, si ya tiene 22 años.

   —¿Cómo es? -le preguntó su jefe- Salvador no contestó enseguida-

    —¡Vaya una pregunta!, Murmuró para sí, ¿Cómo es el hijo de uno?

  —Pues, muy inteligente- dijo Salvador de manera evasiva- Está preparando su doctorado en Biología.

   —¿Te aprecia como padre?, preguntó Argimiro, a la vez separándose del grupo-

   —Salvador titubeó nuevamente, -No le contestó-.

 —Los aspirantes al doctorado no quieren a sus padres en estos tiempos.-Le insinuó su jefe-
  —Hablemos de otra cosa, -respondió evasivamente, Salvador-

  —¿Por qué? ¿Te duele hablar de tu hijo?

  —Supongo que no -Contestó Salvador-. ¡A ti té pasa algo!. ¿Hay algo que quieras confiarme? -Rabie se encogió de hombro.


  —Pues... sí, hay algo, -musitó-


                        Abstracto pintado al óleo(100 x 50 cm.) por Mamen Píriz
   Argimiro aprovechando un momento en que se quedó solo con Salvador, hundió la mano en el interior del bolsillo de su chaqueta y sacó un abultado sobre cerrado. 

   —Guárdame esto una temporada- Entregó el sobre a Salvador -guárdalo, le dijo-

   —Salvador metió el sobre en su bolsillo y preguntó -¿quieres decirme lo que he de hacer con esto?

  —Solo guardármelo. A mi regreso, me lo devuelves.

  —¿Qué significa eso de a mi regreso?


  —Me voy a Kosovo mañana- contestó Argimiro- Voy a cubrir la información en primera línea de fuego. Solo permaneceré una semana. ¿Tú estarás aquí ese tiempo ¿verdad?

    —Si, yo creo que sí, si no hay que cubrir algún imprevisto.

     —Pues... -musito-, si no vuelvo, abre el sobre.

     —Vamos Argimiro, no sé por que no vas a volver - le dijo Salvador.

     —No sé si volveré, -contestó su jefe afligido-.

  —¿Y qué hay del artículo sobre Chillida?- Le preguntó Salvador, para cambiar de conversación.

  —Si regreso lo terminaré entonces, -contestó Argimiro-. Estamos en el Siglo XXI. Las atrocidades son más importantes que el Arte.

  Argimiro, consultó su reloj —Llegaré tarde, -concluyó-

  Dio unos golpecitos en el brazo de Salvador y sonrió. Se despidió de Carmina y su familia y se marchó. Salvador le siguió con la mirada hasta que desapareció, instante en el que palpó el bulto del sobre en el interior de su bolsillo. -Y recordó- Si no vuelvo, abre el sobre...
 

                
                             Jarrón de flores pintado al óleo ( 73 x 60 cms.) Mamen  Píriz

     Carmina dio la espalda a Salvador y se dirigió hacia un rincón donde dos señoras admiraban unos cuadros de flores:

    —¿Os gustan las obras? -les preguntó-

    —Si, son estupendas, a mí me gusta estos cuadros de flores, me interesan para mi casa.

     —¿Que precio tienen?

  Carmina conversando con la señora, no se dio cuenta que Salvador salía de la sala tras su jefe. Lo localizó en el garaje. Poniendo en marcha el coche. Se subió en el auto. 


    —Voy ha hacer un poco de deporte al picadero, -le dijo Argimiro-

    —¡Te acompaño! -le indicó muy seguro Salvador.

    —¿No te importa dejar a esa mujer?

    —¡No!, Está bien protegida con su familia.

   —No sabía que te gustaba el deporte al aire libre, creí que eras carne de gimnasio, -le comentó Argimiro-

   —¡No, hombre, no! A mí me gusta más el deporte al aire libre, pero el de cabalgar no lo había probado. No está mal probarlo y, esta es mi ocasión.

    A Salvador le había dejado preocupado Argimiro con la cara que puso al despedirse de modo tan apresurado:

    —¿Que es eso, que no vas a volver de Kosovo?- le preguntó-

   —¡No sé! Ya sabes que me gusta el riesgo, pero tengo un presentimiento de que esta vez no va a salir bien.

   —Bueno hombre... si vas a irte así, no te vayas, ¿no es mejor que pruebes el paracaidismo que es deporte de riesgo?. Te subes a un avión y te tiras y a volar, a la buenaventura. ¡No te parece! -le dijo Salvador.


   Estuvieron cabalgando un par de horas en el recinto de Hípica y regresaron juntos a la ciudad a la hora de comer.

     Llegada la hora del cierre de la sala Carmina se fue con su familia a la clínica donde está interna su suegra y pasaron el resto del día juntos.



                                                                            Flores pintado al óleo (73 x 60 cms.) Mamen Píriz

Continuará....

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Mª  Carmen Píriz García - registro: 0910304797905





















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