sábado, 7 de mayo de 2016

ARRUGAS EN LA SABANA I " Ascensos" del 12º cp.

                   
                                                        Redacción vacía
  
            Era el primer día de trabajo para Salvador después de salir del  hospital. Entró sonriente en la redacción saludando a todos sus compañeros. Se dirigió a su despacho, se sentó en su mesa y puso en orden todos sus papeles. Sonó el teléfono:

      —¿Sí, diga?

  —Sr. Rabie -decía una voz suave, monótona e inexpresiva- Le paso con el Sr. Presidente de Administración:

—Buenos días Salvador ¿ Ya te has recuperado?

 —Si, ya estoy estupendamente- le contestó- Este descanso me ha venido muy bien.

— Quiero felicitarte por lo bien que has preparado a Eneko, el becario. Ha realizado un trabajo excelente y te ha sustituido con maravillosa eficacia. Tanto los trabajos que tú has dejado pendientes y los que él ha realizado ha sido muy buenos. Se han incrementado las ventas un 50% más de lo habitual, quizá también ha sido por las noticias del malogrado amigo Argimiro. El muchacho promete, lo contratamos de inmediato, estas joyas en los tiempos que estamos no se pueden dejar escapar.


   —Eneko se encuentra en estos momentos en la redacción, le daré la buena noticia de inmediato.


  —Hablando de buenas noticias, en la última reunión del Consejo de Administración hemos votado para elegir al nuevo Director del periódico y tú has sido el elegido. Creemos que posees una fuerte personalidad. Posees la capacidad adecuada para regir el periódico y afrontar las adversidades. Esperamos que lo aceptes.

 Creemos que tú eres la persona más capacitada y con mayor experiencia para dirigir la empresa.

  —No lo esperaba Sr. Goicoetxea. Me deja un poco asombrado, creía que el cargo pasaría al Subdirector en funciones.

—Tendría que pasar y de hecho pasó al faltar Argimiro, pero ha renunciado, no quiere esa responsabilidad, prefiere seguir de Subdirector hasta su  pronta jubilación.

— ¿Me darán un tiempo para pensarlo?

—ihombre! tómate todo el tiempo que necesites. No hay prisa hasta Enero. Si lo aceptas tendrás que trasladarte aquí a Donosti. Pasa un día por aquí y te pondremos al corriente del cargo y del salario.

  —¡De acuerdo, Sr. Goicoetxea!

Salvador se recostó en el sillón y se quedó pensativo. No era nada inoportuno ese cargo. Llamó por el interfono a Rosa.

  —¡Rosa! ¿Está por hay Eneko?

  —No, Ha Salido hace unos minutos a entrevistar a un cliente.

  —Cuando vuelva dile que pase por mi despacho. Rosa, por favor, pasame,los últimos artículos para el próximo número.

  —De acuerdo.

A Salvador se le pasó la mañana sin darse cuenta leyendo los artículos y mirando teletipos, organizando la revista, Eneko llamó a la puerta:

   —Me ha dicho Rosa que querías verme-

—Si, pasa, quiero ponerte una medalla, respondió Salvador-

 —Me ha llamado El Presidente de Administración y me ha dicho que te consultara si aceptas trabajar con nosotros. Les ha gustado mucho tu trabajo. Esperan que quieras trabajar como hasta ahora pero con remuneración.

   —Claro que lo acepto, como no voy a aceptar si es mi primera oportunidad de trabajo. Además estoy muy a gusto con vosotros. Pero, todo a su debido tiempo. En primer lugar añadió Eneko necesito comer. He estado toda la mañana de aquí para allá, en el ordenador y tengo hambre ¿Tu ya has almorzado?-

 Salva miró el reloj, no se había dado cuenta que eran las dos y cuarto.

 —No, contestó-

 —Hoy invito yo- se ofreció Eneko. Ahora que estoy a punto de convertirme en profesional del periodismo -Añadió obsequioso- he de aprender a pagar las cuentas y no se me ocurre otra idea mejor que pagarte hoy la comida.

 —¡De acuerdo, hombre!

Eneko también invitó a Rosa. Salieron juntos de la redacción, insistió en invitarles al Restaurante Lasa de Vergara. Él no había estado nunca allí pero ellos iban de vez en cuando. Les había oído decir que era uno de los mejores de la zona. El restaurante estaba enclavado en el Alto Deba cercano a la ribera del río Deba, en el Palacio Ozaeta monumento artístico. 


       
                                   Edificio del palacio Ozaeta       

Llegaron al restaurante, subieron al comedor por unas alfombradas escaleras. Todo el recinto estaba iluminado por la luz natural que penetraban por los ventanales grandes con forma semiarqueadas, conservando en los techos las vigas de madera de roble, que le daban un aire rustico al comedor. Enfrente un aparador antiguo vasco. En las paredes, bodegones pintados por artistas actuales. Las mesas con manteles blancos con las copas de fino cristal y las servilletas colocadas en forma de abanico sobre el plato.
 Se sentaron en una de las mesas que quedaban libres junto a la pared. Salvador estaba de espaldas a la sala mientras Rosa y Eneko se situaron de modo que observaban todo el comedor. Les sirvieron unos combinados mientras esperaban. El maitre les entregó la carta recomendando la especialidad de la casa: entrantes variados, ahumados, una ensalada templada de mariscos y de segundo una merluza a la Lasa, regado con txacoli y un rioja Monje Amestoy.

—Brindemos porque tengamos un buen equipo de trabajo -levantó la copa Eneko-


—Eneko, brindemos por tener suerte en nuestros nuevos puestos. A mí me han nombrado nuevo director.-levantó la copa Salvador-

Enhorabuena -Dijo Rosa- A mí me han ofrecido ocupar tu lugar de directora de redacción en la revista. Todos tendremos un cargo-brindaron, levantando las copas-

Comieron con parsimonia entre plato y plato, copa y copa la alegría iba en aumento. Tomaron a los postres champán. Salvador contemplaba a sus compañeros con una sonrisa inalterable. Eran felices hacían innumerables brindis por la recíproca suerte. Eneko estaba dichoso, porque comenzaba a trabajar en el puesto de periodista como un día se propuso. Salvador estaba contento con su ascenso a director y Rosa no cabía de gozo porque el periódico y la revista habían tenido una buena acogida por parte de los lectores. El último fue para Argimiro. El no estaba celebrando con ellos este triunfo... Por un momento se quedaron callados. Hasta que Salvador, levantó la copa:

   —Amigo Argimiro, allí donde estés, ya sabes que te queríamos aquí con nosotros brindando por la acogida de Eneko. Contigo no estaríamos celebrando mi ascenso, nosotros no queríamos que tú te fueses para siempre... Después de sobrevivir a otras guerras -reflexionaba Salvador, al tiempo que se ponía triste- Tanto insistía que en una guerra u en otra tenía que acabar con él-

   —En Kosovo, -expresó Eneko- No sé quien me da más lástima. Si Argimiro o el pobre que lanzó la granada. A Argimiro no le conocí demasiado, pero por lo que he oído, creo que le gustaba mucho trabajar el periodismo de riesgo.

  —Podía trabajar solamente en su despacho, pero le gustaba al aventura y el riesgo. Era un francés inteligente y testarudo, hacía lo que quería.-dijo Rosa-
    —¿Sabes lo que escribió sobre la guerra antes de morir?- Expresó Eneko- Dijo que no había más que escoria en ambos bandos, que en esta guerra perdían todos.

 —¡Esto parece un velatorio! -interrumpió Rosa- murió haciendo lo que él quería, le gustaba el riesgo. Todos los que le hemos conocido hemos respetado su decisión, murió con las  botas puestas. Vamos a recordarle aquí juntos, como cuando celebrábamos  las cenas en este mismo lugar. Aquí pasó noches felices delante de estos manjares.

— Salvador dirigió una mirada a Eneko. -Creo que como periodista serás tan bueno como Argimiro -le dijo- Con tus éxitos y tus fracasos a la espalda, ¿qué aspecto tendrás? Dentro de veinte años, le pronosticó Salvador con la mirada fija-cuando nos sentemos en esta misma mesa- hoy rebosas juventud pero... ¿qué aspecto tendrás? ¿Estarás gordo y barrigudo como él? ¿Y qué tendrás que decirnos con veinte años más de trabajo y dinero, éxitos o desengaños a tus espaldas?

  —Acuérdate querido amigo, de lo moribundo que estuve hace un mes en el hospital, esta profesión también es estresante - le dijo Salvador, pronunciando las palabras con lentitud y claridad-

  —¿Que demonios té pasa, Salvador? - preguntó Rosa-

             
                                     Variedad de cocochas
Salvador no pudo menos que notar que su voz era más espesa que de costumbre, movió la cabeza con tristeza, tenía presente a su amigo perdido en la guerra. Le brotaron las lágrimas. El metre apareció y pidieron café y copas. Rosa que era la más entera no tomó copa y decidió que tal como estaban las cosas tendría que conducir ella.
Algunos volvieron a la redacción. Eneko se fue a su casa. Rosa miró los teletipos y Salvador desde su despacho llamó a Carmina:

 —¡Hola cariño!  ¿Estás sola?

 —En estos momentos sí.

 —Necesito verte, ¿podría ser?

 — recógeme e iremos al estudio.

 —Al estudio no, iremos a mi casa, no hay nadie,
 Charo se ha ido a ver a su madre y no  volverá hasta mañana y los chavales están en la universidad.
—Un beso, jet`aime

—Un beso, hasta ahora-



Continuará........
derechos registrados

Mª  Carmen Píriz García - registro: 0910304797905


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