lunes, 4 de julio de 2016

ARRUGAS EN LA SABANA " Regreso a casa" I entrega del 15º Cp.


   Regreso a casa

 
                                                                              Atardecer  en San Vicente de la Barquera


Carmina miró al campo con una sensación de melancolía. Tenía un color verde pardusco que contrastaba con el azul del mar y el cielo grisáceo, el sol se escondía tras las montañas dando paso al crepúsculo ante la eminente llegada del invierno. Cerró la ventana y cogió la maleta y la bolsa que estaba sobre la cama. Era la hora del regreso de esta corta estancia. Se sentía serena. Se despidió de la familia que tan bien le habían acogido y partió de regreso hacia a su casa.


Después del viaje Carmina llegó  a  casa cansada y con agujetas de la caminata del día anterior. No había nadie en casa. Joan todavía no había regresado de su viaje de trabajo y los hijos se encontraban en la facultad. Fue hacia el teléfono, escucho los mensajes que le habían enviado entre ellos uno de Salvador, después los borró. Cenó algo ligero y se fue a la cama. Se acurrucó entre las sábanas vencida por el cansancio y la soledad. Una reflexión surgió de la maraña de imagines que le hacía comparar a Salvador y Joan. Las comparaciones eran tan evidentes que se prolongaban solapándose entre alucinaciones y la quimera de la noche. La intranquilidad ni le dejaba dormir, se hundió en un estado angustioso. Se levantó a tomar un tranquilizante con un vaso de leche templada.

 Se concentró en  pensamientos positivos hasta que le hizo efecto el tranquilizante. Y se quedó dormida hasta la madrugada. Despertó y miró el reloj, ya eran las seis de la mañana al poco tiempo adormilada reanudó el sueño, pero tuvo una pesadilla que le hizo revivir las angustiosas andanzas de su relación con Salvador y la duda ante su amor por su marido. 

Con un cambio de postura le desapareció la imagen y se fundió en un leve sueño duermevelas que la mantuvo así hasta media mañana. Despertó con la luz del día. La cabeza le pesaba, los párpados se le caían y no le dejaban abrir los ojos. Se incorporó, las piernas no le respondían y parecía una sonámbula todavía con el efecto del sedante. Tambaleándose fue a la cocina y en el microondas calentó un vaso de leche. Era mediodía cuando después de tomar una ducha se espabiló. Se puso a deshacer las maletas, puso la lavadora colgó la ropa y recogió la habitación. Por la tarde se fue a su estudio a dejar los bocetos y las pinturas.

                                                                                  Acuarela de San Vicente de la Barquera



Los días iban pasando lentamente. Se acercaba la Navidad, una tarde Carmina salió con sus hijos a hacer las compras para las fiestas. Y el resto de los días se encerró en su estudio dibujando los bocetos en los lienzos de la próxima exposición.


Dos días  antes de la Nochebuena por la tarde sonó el timbre del portal en el estudio y Carmina contestó:

Si... ¿Quién es?


—Soy la Sra. Rabie, ¿puedo subir?


Si, como no, pero tendrás que subir muchas escaleras no hay ascensor -le indicó.


No me importa, así hago ejercicio -le contestó.


Cuando llegó Carmina le abrió la puerta, Charo subía cansada y extenuada las escaleras dando bufidos del esfuerzo, con el abrigo en la mano, vestida con un fino traje que le resaltaba el color moreno que había tomado en las vacaciones.

¡Brrr! ¡Qué frío hace! -exclamó dando pisotones sobre la alfombrilla del umbral de la puesta.


—¡Pasa, pasa! Qué guapa estás y que morena bienes, se nota que te han sentado bien los aires canarios ¿A qué se debe tu visita?


Aparte de saludarte, vengo a encargarte un retrato mío ¿Me lo harías?


Claro que sí, es mi trabajo además tienes unas facciones muy artísticas  ¿Cómo lo quieres?


Del mismo estilo del que hiciste a Salvador, lo quiero poner en el mismo lugar junto al de mi marido. Por favor, Carmina... ¿puedo pasar al baño?


—¡Cómo no! pasa, ahí en esa puerta- le indicó con la mano.



Mientras tanto sonó otra vez el timbre: Carmina contestó al interfono del portal, era Salvador


—¡Carmi !¿me abres?, el portal está cerrado.

—¡No!-ella conoció la voz- ¡no puedo recibirte, no, no!

—¿Cómo estás? ¿Cuándo te veré? ¿No puedo subir?

No lo sé, ahora imposible.

   Salvador se resistió, la necesitaba después de tantos días sin verla, desobedeció las órdenes de Carmina y subió, tocó el timbre y ella abrió la puerta aún con el riesgo de que Charo salga del baño:

No, no puedo recibirte -le dijo Carmina al tiempo que le ponía la mano en la boca, para evitar que hablara.

—¡Schiss, siss! ¡No digas nada por favor! -le dijo muy bajito e indicándole con un gesto que estaba alguien dentro.

  Salvador metió la mano en el bolsillo y le entregó un pequeño paquete envuelto en papel de regalo, ella intentó rechazarlo, pero él insistió a que lo cogiera.

No, no, no ¡márchate! Ya estaremos en otro momento ¡Feliz Navidad! - Cerró la puerta-

En ese instante Charo salió del baño y le vio el envoltorio en la mano. Carmina disimulando lo guardó en el armario.

Era un mensajero que me ha traído un paquete.

 
                                                                                 Paisaje de San Vicente de la  Barquera





Continuará.............



                      







derechos registrados

ª  Carmen Píriz García - registro: 0910304797905Entrega anterior


Publicar un comentario