lunes, 22 de agosto de 2016

ARRUGAS EN LA SABANA " Morriña sensual " I entrega del cp. 17º

                Morriña  sensual
Pintado a pastel (50 x 65 cms.) por Mª Carmen Píriz
                  
   Después de que se fue Salvador, Carmina volvió al dormitorio, estiró las sábanas y se tumbó en la cama. No quiso pensar nada, solo se limitó a sentir su cuerpo. Notaba la sensación agradable que emanaba de su interior, una sensación suave y dulzona que le empujaba a pasar la mano por su cuerpo acariciándolo. Su piel seguía sensibilizada por las caricias que anteriormente había recibido de Salvador. Se acarició sus pechos, pasó suavemente su mano por su tripa, por sus piernas, donde sus pelillos se erizaban. La tenía aterciopelada como si de un melocotón se tratara. Se acarició los dedos de sus pies, el cosquilleo que sintió le llevó a tocarse su rostro y acariciarse el pelo. Notaba el aroma de Salvador, lo sentía junto a ella. Apenas se acababa de ir y ya lo echaba de menos. Se quedó envuelta en sus pensamientos y decidió que tendría que luchar contra ellos y sobrepasar la barrera que la atrapaba. 

Tendida allí sobre la cama le sobrevino el sueño. Carmina se volvió de nuevo y se arropó con la manta, porque estaba a finales de invierno y todavía hacía frío a pesar de estar el cielo despejado. Se quedó traspuesta una media hora. Al abrir los ojos la primera impresión de Carmina fue producida por un delicado y alegre rayo de sol que se dejaba entrever de la ventana. Ese rayo pronto se desvaneció barrido por el recuerdo al despertar de su morriña. Se llevó la mano a la frente con un gesto de desesperación al recordar cuantas veces le había pasado lo mismo durante la relación con Salvador y cuántas veces en esa misma habitación. ¿Cuánto tiempo durará todavía esa situación?. Se preguntaba, sus sensaciones no obedecían al fracaso de no conseguir dominar la disfunción eréctil en el pene de  Salvador sino, el contraste que sentía con los preliminares que eran maravillosos. 

En su imagen surgió su relación sexual que mantenía con su marido Joan. Eran tranquilas y nunca habían tenido ningún altibajo y siempre fueron completas y agradables. Carmina se negaba a comparar  las dos relaciones pues tanto una como la otra era satisfactoria, aunque en estos meses estuvo alejada de los dos hombres.

    Carmina se quedó toda la tarde en el estudio trabajando absorta en la pintura. Regresó a su casa ya de noche. Su marido Joan estaba esperándola en la sala leyendo el periódico. Ya había cenado, la suya la dejó tapada en el microondas. Cenó y se calentó un café con leche que lo tomó en la sala. Vieron algo la tv. Y apenas  se cruzaron  palabras. Joan se despidió de su mujer y se fue a la cama. Carmina esperó a que se durmiera y después se fue también.

   Al día siguiente Joan se  despertó temprano y se acercó a su esposa, le acaricio, ella le correspondió forzadamente y comenzaron a besarse. Carmina trató de corresponder a su marido pero su mente se trasladó al día anterior a su estudio y no se pudo concentrar totalmente. Estaba fría y se dejó llevar por Joan. Él la intentó llevar a su terreno y ella se abandonó en sus brazos. Llevaban tiempo con bastante pasividad y ahora no era fácil concentrarse. 

   A pesar del esfuerzo, Carmina no sentía nada. Notaba que el miembro de Joan le rozaba y la penetraba. Ella intentaba corresponderle en la medida de lo posible debido a la fuerza que ejercía hacia ella le era imposible concentrarse. Carmina se sentía mal, pero le veía a Joan tan centrado en su cometido que ella trataba de fingir. Nunca había sentido esta sensación tan forzada y en su mente trató de imaginarse cómo sería hacer el acto sexual sin sentir deseo ni amor.

   Se cambiaba de posición pero su pensamiento no iba más allá de no sentir nada. Joan no se percataba de que Carmina estaba incómoda. El esfuerzo que él hacía se transformaba para la pintora en molestia y dolor. El momento no duró mucho pero a Carmina le pareció largo e incómodo. Pensó en una situación parecida a una violación. Si se sintiese así si alguien la violara alguna vez. Cada vez que cambiaban de postura Carmina sentía más dolor, estaba molesta, rígida e incómoda. No se atrevía a decirle nada a Joan porque él parecía estar disfrutando mucho y ella aguantó el tirón. Hasta que en un momento la pintora hizo un gesto de desfallecimiento y él le preguntó si estaba cansada. Carmina le dijo que sí.

    Sin mediar palabra alguna Joan se retiró y se fue al otro lado de  la cama. Carmina se agarró a la sabana y la arrugó de rabia. No quiso pensar por qué esta vez le sucedió esto. Joan nunca se mereció que Carmina le fuera infiel. Esa carga para ella era lo peor. Se estaba dando cuenta que lo que sentía por Salvador le estaba separando de Joan. Hasta ahora pudo llevar las dos relaciones paralelas pero la atracción que sentía por Salvador era cada vez más fuerte. Tenía que decidirse por una o por otra. Tenía miedo de dejar a su familia, tenía miedo a lo desconocido, a la convivencia con Salvador, aunque en lo sexual la atracción era ya muy fuerte desconocía cómo sería la convivencia.

                        



continuará...... 






Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905

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