domingo, 14 de agosto de 2016

ARRUGAS EN LA SABANA " Se dejaron llevar por la pasión " IV entrega del 16º Cp.

                                          

   Carmina le esperaba con los brazos abiertos y lo rodeó por la cintura. Se dejaron llevar por los sentidos. Sus labios se buscaron y el beso apasionado dejó entrever la ansiedad por estar juntos. Carmina buscaba las manos de él y en su encuentro entrelazaron los dedos. Así, juntos, se dirigieron al cuarto contiguo al estudio.

  Se desnudaron mirándose el uno al otro hasta quedarse en ropa interior. Ella con un conjunto de braga y sujetador negro y él con un slip blanco. La mirada de Salvador hacia Carmina era tierna, de deseo. Se volvieron a abrazar y las manos de él bajaron desde los hombros, los tirantes del sujetador, hasta la redondez de sus pechos donde sus manos se detuvieron e hicieron un hueco entre el sujetador para tocar sus pezones. Los rodeaba con sus dedos mientras los de la pintora  se entretenían entre su cabello. 

 A su lado, la cama en la que se recostaron mientras apagaban la luz de la mesilla. Desde la ventana entraba un resquicio de luz solar por la que se dejaba traslucir la silueta de sus cuerpos. Se acariciaban la piel, sus labios se buscaron. El beso les transportaba a un lago de sabores y texturas mientras sus lenguas se rozaban.

               

 Él volvió a acariciar los pechos mientras los labios se deslizaban desde la boca por todo el cuello hasta llegar a los pezones erectos de Carmina. Los succionaba como un bebé tratando de saciar su hambre y los acariciaba con la lengua mientras sus manos le abarcaban los dos pechos. Carmina le besaba la frente y le daba pequeños mordisquitos en el lóbulo de la oreja.

  La boca de su amado continuaba el recorrido por el cuerpo desnudo, hacia el vientre donde los efluvios del sexo comenzaban a desprender su aroma mezclándose con el olor de la piel. Las manos recorrían las curvas de sus cuerpos, los muslos y las piernas hasta el dedo gordo del pie. Comenzó a darle besos deslizándose desde las pantorrillas, a la parte posterior de las rodillas  hasta encontrar los muslos por los que su lengua, recorría la zona interior de los mismos. 

 Las manos de él deslizaron suavemente las bragas pierna abajo hasta quitárselas. La boca de su amado se introdujo en la selva de vello púbico por la que surcaba la vereda en busca de otros labios hundiendo la lengua hasta que ella se retorcía de placer al sentir las sensaciones que su mente multiplicaba. 

 La sensación de placer que sentía Carmina le hacía perder la cabeza hasta que el impulso de Salvador por ponerse encima de ella tratando de rozar su sexo con el de ella y en el  intento de introducirlo en la vagina, no se pudo contener y el líquido seminal terminó por esparcirse.

Salvador hizo un gesto de inconformidad ante la situación. Carmina con gesto enérgico, tomó la cara entre sus manos y le apretó contra su pecho. Trató de tranquilizarlo mientras le acariciaba. Silenciosamente lo calmó dándole besos por toda las partes de la cara.
Después de un rato se levantaron y Salvador lo primero que dijo fue que trataría de visitar al médico.


Salvador sentía una sed ardorosa. Extendió la mano hacia una jarra de agua y se llenó un vaso. Lo bebió. Su sed quedó olvidada en el acto. Seguido le dio un abrazo de honda gratitud a Carmina por todas sus atenciones. Qué atenta, que cariñosa fue para él. Cuánta ternura, y cuanta serenidad se reflejaba en su hermoso rostro. Cuánto amor humilde expresaba su mirada. Y cuán dulce y cercana le resultaba la sensación que dejaban sus besos.

Luego, en la salida, las escenas de despedida tras la puerta. Salvador se marchó. Carmina dio un suspiro que le llegó al corazón, se entregó a sus pensamientos. Pensó, una vez más, en aquel instante lleno de imposibles, mientras una ola de fuego, tan dulce como la miel y tan ácida como el limón, atormentaba su corazón.

  Se planteó una vez el problema, de sí le ayudara a Salvador en lo que acababan de hacer o en insistir que intentara acercarse a su esposa y que acudiera al médico con ella. Las dudas le recomían su alma.

 Se preguntaba si se estaba haciendo daño contra sí misma, pues si seguía la relación  podría enfrentarse con aquella mirada interior que cada ser humano lleva en su fuero interno. O si por lo contrario la necesidad de ayudarlo, no degradaría su dignidad y  honor femenino. Sus dudas eran más poderosas que los posibles esfuerzos al dilema.


Cuando Salvador Salió del portal, caía una suave lluvia, pero él levantó su rostro y dejó que las gotas de agua mojaran sus mejillas. Subió por la cuesta empinada y abrió el coche y antes de conectar el motor sacó un cigarrillo de la cajetilla. Lo sostuvo entre las manos y al hacer el gesto de encenderlo lo miró y pensó. ¡Fumo demasiado! Se peguntó; ¿No será este vicio la causa de mi problema de disfunción eréctil? Agarró con fuerza el cigarrillo y lo estrujó en las manos. Bajó la ventanilla del auto y lo tiro con rabia contrariado.

Pensó, ¿Cómo voy a terminar con este problema? No tengo más remedio que acudir al médico. Iré al médico y lo consultaré. Dejaré que me haga un chequeo.... Pero cómo podía terminar con aquello. 
            
         


En su mente seguía viendo a Carmina abandonarse en sus brazos; los pétalos de su boca suaves acariciando la suya, ahogando sus deseos con sus caricias; notando que la dejaba satisfechas de sus caricias, pero en la entrega total la dejaba insatisfecha. 


Ella no lo demostraba, pero en su duda sí, ¿cómo podré darle más? ¡se lo merece! Se miró al espejo retrovisor y dos lágrimas brotaban  como dos diamantes y le caían por las mejillas. Vio como sus ojos se le ponían rojos, y con desesperación, cerró con fuerza sus párpados.

¡Loco! - Se dijo a sí mismo- ¡loco!


Continuará.......




Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905













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