domingo, 26 de noviembre de 2017

¡Que suene la música!

Dando el discurso del fin de curso

Las fiestas de fin de curso me evocan desde los pliegues más primitivos de los mecanismos de la memoria, brumosas imagenes cinematográficas de prados estadounidenses con señoras en falda plisada hasta media pierna, sonrisa blanca en pugna con lágrimas emocionadas, aplaudiendo en posición piramidal. Caballeros en Smoking sentados en sillas plegables de madera y jovenzuelos pecosos de mirada alelada bajo el birrete de graduado con títulos de pergamino enrollados en cintas azules.

Nosotros sin tradicionalismos ni siquiera al límite de la imaginación organizativa, hemos elegido este foto, testigo mudo de catarsis teatrales, relajamientos celuloides y brincos espirituales en manás asamblearios. 
Atrás quedan ya y hora era, los gramos de matemáticas, lengua o filosofía, derecho, prácticas o sociología del trabajo, encapsulados en indigeribles aulas.

Dicen que hay momentos adecuados para la reflexión sobre lo que pudo ser y no fue. De severa introspección a voluntades inicialmente ilusionadas pero relajadas in crescendo en la confianza en el azar traidor. O también, tiempo de auto-aplauso de quienes han querido y han podido; aquellos que atinadamente han desconfiado de lo más que sospechosa existencia de los hados y hadas madrinas.
Pero, sea lo que fuere, aquí y ahora, ¡Qué más da! Por unas cuantas horas, muera la razón y resucite la pasión. Volad a lo sublime.

No caigamos en la infamia de Nietzsche, al menos por hoy. Escuchad a Don Federico, el viejo caustico, al barrenador de conciencias hipócritas, al demoledor de apuntalamientos culturales carcomidos. Escuchad sus aforismos:
" ¡Elevad, el corazón, hermanos míos, más altos! '¡Y no olvidéis tampoco vuestras piernas! ¡Elevad también las piernas! excelentes danzantes, y mejor que esto:

¡Tenéos de cabeza! Esta corona de reidor yo mismo me la he puesto en la cabeza. Esta corona de reidor os la lanzo a vosotros. ¡Hombres superiores, vamos, aprender a reír!

Tras nueve meses de comedia y drama existenciales, los tramoyistas de la escena de la vida cotidiana han recogido las cuerdas. El telón está a punto de caer.

Las aulas y talleres cerrados con seis llaves o las que fueron menester, duermen la larga siesta del estío y, aquí y ahora, cuando menos hoy, prestas las guitarras, cítaras y timbales..... 

¡Que suene la música!



 363 letras

Este escrito lo escribí para leerlo en el fin de curso cuando  saqué mis estudios de FP II Administrativo. Y ahora lo presento al concurso del Tintero de oro  organizado por David Rubio.

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