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lunes, 30 de enero de 2023

Mi mito caido para el concurso de Microrrelatos de Tintero de oro 30-1-2023

  Mi participación en el reto del blog El Tintero de Oro, hay que escribir un micro de hasta 250 palabras inspirado en algún mito. Yo me he basado en el mito de Tutankamón recien visitado en mi viaje a Egipto.

Mi mito caido

  Tutankamón es uno de los faraones más conocidos, pero la realidad es que el reinado de Tutankamón fue corto y difícil. Dice la historia que reinó durante una década y murió a los 20 años.  Hace dos meses hice mi viaje más deseado a Egipto. Fui a visitar entusiasmada el Valle de los Reyes. Quería visitar la tumba del Faraón donde fue enterrado en un discreto hipogeo, pensaba que su tumba estaba llena de decorados y escritos egipcios, en su tumba no quedaba nada, ni un vestigio, después de que Tutankamón estuvo allí enterrado durante 3.000 años. Siempre pensé que cuando lo descubrió el arqueólogo Howard Carter abrió la pared de su tumba casi intacta sería como un laberinto como los que muestran las películas y, a la pregunta de si veía algo allí, respondiera “sí… cosas maravillosas”. Pero no hay cosas maravillosas, nos lo dijo el guia, que no merecía la pena la visita, a pesar de todo compré el pase, previo pago de una entrada. Solamente lo que quedó era lo que nadie esperaba.

  Quedaba varias muertes entre el círculo relacionado directamente con el descubrimiento del tesoro, reforzaba la creencia de la maldición de los faraones, que caía sobre aquellos que osaban desafiar su descanso. No quise quedarme, me fui a visitar otras tumbas que si tenían escritos y filigranas y me parecieron maravillosas.

  Entonces se me cayó el mito, desilusionada dejé de creer en él. Cuando vi su máscara en el Museo lo miré con indiferencia.

250 palabras.


Máscara de Tutankamón.

 

miércoles, 10 de febrero de 2021

Al cobijo de la encina



Con el paso del tiempo, llegaron eras de sequías que duraron años seguidos. Los campesinos se arruinaron en el campo. Al no poder recolectar cosechas y no ganar lo suficiente para el sustento de sus casas, las tierras fueron abandonadas. Los hombres emigraron a otros lugares de Europa a buscar trabajo para poder mantener a sus familias.

Una tarde de setiembre en la que la temperatura era soportable fuimos hacia la carretera que conduce a un lugar de fábula. Nos desviamos por un camino de tierra, buscando un cortijo cuando, a lo lejos, divisamos un castillo. Hacía tiempo que me habían contado un cuento y quizá éste fuera el lugar. Al acercarnos, vimos una puerta con una verja roñosa y destartalada. Parecía un recinto deshabitado. Nos asomamos a su interior y en el patio del cortijo, vimos varios perros poco cuidados, unos patos, gallinas y unos pavos que picoteaban en el suelo. El lugar estaba muy sucio. Sentimos pena por esos animales solitarios y encerrados. 



De repente, uno de los perros se dirigió a nosotros:

    —Abrirnos la puerta que no estamos conformes con estar aquí encerrados— Se quejó de su miserable existencia. 

Nos contó el animal que su vida ya no era la soñada, que en tiempos de sus abuelos, los animales de allí tuvieron mejor vida. En el castillo vivía mucha gente, amos y criados, tenían mucha alegría y opulencia en este lugar.

Pero llegaron otros tiempos y el lugar quedó abandonado Después de la muerte de sus dueños, los herederos dejaron de vivir en el campo y las tierras fueron descuidadas. Incluso los que vivían en el castillo dejaron de interesarse por el campo.


   —¿Y ahora quién se hace cargo de esto?— pregunté.

—Viene un hombre cada tarde a traernos comida y agua. Pero no salimos de este patio y estamos aquí siempre aburridos. 



  —Ya ni nos crían para ser vendidos en Navidad— dijo el pavo.


Una de las gallinas que estaba en un rincón leyendo “Revolución en la granja” de George Orwell comentó: 

—Vamos a hacer lo que hicieron en esta granja, una revolución y si metemos ruido, nos van a escuchar.



Los patitos picoteaban sin parar y al escuchar a la gallina, asistieron con su cabeza y dieron saltos de alegría gritando, cua... cua... cuaaaaa.  

Entonces les dije —Es muy buena idea, nosotros vamos a ayudaros a salir de aquí. Cuando venga ese hombre le conminaremos a que os deje salir y vosotros aprovechad la ocasión para escapar.

Al poco, llegó el hombre y le preguntamos:

  —¿Es usted quien les da de comer a estos animales? 


—¡Sí! ¡Pero esto es un desastre! Nadie, ni los dueños, vienen a dar de comer a estos pobres animales. Si no fuese por mí, hace ya tiempo, hubiesen desaparecido. La vida en el campo ya no es lo que era. Los nuevos dueños de este lugar viven en Madrid. Arrendaron las tierras a varios campesinos. El trabajo se hace con máquinas y ya no se utilizan animales. Antes aquí se vivía del campo y con el trabajo que éste producía muchas familias lograban el sustento. Los dueños del castillo tenían muchas criadas y se hacían muchas fiestas. Había mucha vida, muchos animales: caballos, burros, cabras, ovejas, toros, vacas, gatos... y de todos se sacaban beneficios. Hoy solo quedan estos perros, estos dos pavos, estos patos y unas pocas gallinas que están aquí solitarios y tristes.

    —¡Qué pena! que se haya ido la gente del lugar. 

 —Mi abuelo Kea me contó que en otros tiempos eran muy felices. Todos los animales estaban muy alegres— rememoró uno de los perros —Salían del castillo a pasear todas las tardes con una niña que iba a por agua, montada en una burra y todos los animales iban tras ella cantando.
  

  —¡Pero hombre! estos animales quieren vivir en libertad y ellos no desean vivir aquí, siempre encerrados— le espeté —Con que podría abrirles la puerta para que salgan a pasear campo a través de vez en cuando. 

  —Pero ellos están acostumbrados a vivir así y vuelven por las noches a la casa ¡Son cómodos! Mientras les traiga su bebida y comida… 
   —se lamentó el hombre.

  —Ya pero ellos preferirían otro modo de existencia, más dinámico pues no hacen sino quejarse de aburrimiento— intenté disuadirle...

  —¡Bah, que se vayan! De ese modo, no me veré obligado a venir a echarles de comer. Entonces veremos cómo se las arreglan.

Los animalitos salieron y se fueron todos juntos hasta el borde de un riachuelo donde, había una encina muy grande. Debajo se refugiaron y pasaron la noche. De día, correteaban por el campo y cuando tenían calor buscaban la sombra de la encina. 


  —¡Vamos chicos a ver quién corre más! Vamos al río a bañarnos y, a lo mejor, hasta pescamos algún cangrejo— dijo el perro.

   Cuando al mediodía apretó el calor, juntos volvieron a la vieja encina. Ya no estaban solos, una piara de cerdos ibéricos comían bellotas plácidamente. El mayor de los gorrinos les dijo:
     —La encina es muy grande y cabemos todos, pero tengo que poner varias normas.

 —¿Qué normas?—Preguntó el perro con curiosidad.

 —Tenéis que respetar el espacio y la hora del descanso.  Y no hacer ruido...

Y cuentan las crónicas que, de esta manera, vivieron muy contentos y felices. En libertad. Ah, y, como en todos los cuentos, comieron perdices.

 


Moraleja: “El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”

900 palabras




miércoles, 23 de septiembre de 2020

Angustia. Relato para la XXI edición del Tintero de Oro

Este relato está seleccionado para el 3º libro por participar en el concurso XXI edición del Tintero de Oro.  


 

Fui al cine con mi chico a ver la película "El Exorcista". La película era de terror, a mí no gusta nada ver películas de miedo pero, le acompañé, porque sé que a él le gustan mucho. 

 

En la sala mientras la película transcurría, de repente sentí frío y comencé a toser. Tuve que ir al baño y beber abundante agua, cuando se calmó la tos volví a mi butaca. Al salir del cine fuimos dando un paseo para tomar aire, mientras comentábamos la película. A mí no me ha gustado nada. Las escenas fueron muy desagradable sobre todo cuando la niña expulsó aquella mucosidad verde durante el desayuno, me dio nauseas. Del cine salí con mal  cuerpo. Yo estaba aterrorizada y me agarré a mi chico. 


Ya en casa comencé a sentirme mal y me fui enseguida a la cama. No podía  dormir y  cuando me quedé dormida, soñé con la película que vimos por la tarde. Toqué mi cara y descubrir los estigmas de mi piel frente al espejo del baño. Desperté temerosa.  Fui al servicio y comprobé ante el espejo que no tenía marcas. Me dio de nuevo otro ataque de tos. Sentía calor, me tomé la fiebre, tenía 39º. Tomé un Paracetamol y me acurruqué en la cama, me  volví a dormir enseguida. Volvieron las pesadillas y me desperté sobresaltada. Tuve miedo.

La noche fue larga, el calor no remitía y la fiebre subía. Soñaba y deliraba no sabía dónde me encontraba.

 

— ¡Cariño que te pasa, estás muy inquieta! Y además estas ardiendo. Voy a llamar al médico.

 

Lo último que oí fue un hombre a mi alrededor que me auscultaba. Noté que me acostaron sobre un colchón duro y frío. La angustia, no me dejaba respirar, me asfixiaba, el aire no me entraba en los pulmones. Intenté coger una bocanada de aire que me faltaba. No notaba mi cuerpo y perdí el conocimiento.

 

En mi subconsciente me encontraba envuelta en una niebla  espesa, sentía frío, mucho frío. Oía muy lejano una sirena, mi cuerpo levitaba hacia una luz clara, potente, resplandeciente. Perdí la orientación y la pérdida de la realidad. Soñaba, esta vez vi al demonio que llevaba de la mano a mi abuela, ella me alargaba su mano y quería tocarme. Oía su voz, me llamaba con un susurro a través de una luz roja intensa que me deslumbraba.


Solo dormía, soñaba, esta vez con unos gatos negros que me miraban con esos ojos amarillos desafiantes. De una forma maligna me clavaron sus garras en la garganta. Noté el dolor que me taladraba.  Advertí una cosa punzante, como uno pincho muy afilado en mi cuerpo. Sentí un miedo aterrador y cerré los ojos. Tuve pavor. Estaba paralizada. Tenía el ánimo bajo, estaba muy sola. No sé cuánto tiempo estuve dormida. Ni cuantos días han pasado.

 

Los sueños esta vez eran más tranquilos, muy hermosos. Se me acercaban gatos blancos de pelo largo, eran suaves como de angora, me rozaban con su pelo la cara. Ya me siento mejor. 

 

Cuando me desperté tenía miedo de abrir los ojos.  Cuando los abrí, vi unas personas disfrazadas, no sé  de qué, me miraban entre cristales.

 

No sabía dónde me encontraba. Miré alrededor y me vi conectada a unos tubos que me enviaba el aire de un respirador. En mis brazos tenía pinchada una aguja conectada a un suero. Una mujer con voz suave se me acercó y me dijo que estaba en buenas manos, que todo iba a ir bien. Cuando tuve conciencia de lo que me pasaba estaba a mi lado una enfermera,  vi sus ojos observándome dentro de una pantalla.  

 

— ¿Dónde estoy? ¿Qué me ha pasado? pregunté.

 

— ¡Tranquila! están con nosotros, en el hospital, te recuperas muy bien. Has cogido un virus muy contagioso. Como tienes bronquitis crónica te ha afectado al pulmón y tienes una neumonía severa. La medicación ya está haciendo su efecto, ¡mejorarás! Si todo va bien irás a planta.

 

— ¿Y lo sabe mi familia, dónde están?

 

— Están en casa, pero todos los días llamamos para informar de cómo te encuentras.

 

— ¿Y por qué no vienen a verme?

 

— Porqué este virus es altamente contagioso y les podrías contagiar. Pero en dos días si estás mejor, te llevamos a planta y te irás  pronto a casa.

 

Estaba asustada, pero sé que si mejoro me irá a casa y todo quedará en una pesadilla.

 


Fui al cine con mi chico a ver la película "El Exorcista".  La película era de miedo, a mí no gusta nada ver películas de terror pero, le acompañé, porque sé que a él le gustan mucho. 
En la sala mientras la película transcurría, de repente sentí frío y comencé a toser. Tuve que salir al baño a beber abundante agua, volví a mi butaca. Al salir del cine fuimos dando un paseo mientras comentábamos la película. A mí no me había gustado nada. Las escenas fueron muy desagradable sobre todo cuando la niña expulsó aquella mucosidad verde durante el desayuno, me dio nauseas. Salí con mal  cuerpo. Yo estaba aterrorizada y me agarré a mi chico. 

En casa comencé a sentirme mal y me fui enseguida a la cama. No podía  dormir y  cuando lo hice, soñé con la película que vimos por la tarde. Toqué mi cara y descubrir los estigmas de mi piel frente al espejo del baño. Desperté temerosa.  Fui al servicio y comprobé ante el espejo que no tenía marcas. Me dio de nuevo otro ataque de tos. Sentía calor, me tomé la fiebre, tenía 39º. Tomé un Paracetamol y me acurruqué en la cama, me dormí enseguida. Volvieron las pesadillas y me desperté sobresaltada. Tuve miedo.
La noche fue larga, el calor no remitía y la fiebre subía. Soñaba y deliraba no sabía dónde me encontraba.

— ¡Cariño que te pasa, estás muy inquieta! Y además estas ardiendo. Voy a llamar al médico.

Lo último que oí fue un hombre a mi alrededor que me auscultaba. Noté que me acostaron sobre un colchón duro y frío. La angustia, no me dejaba respirar, me asfixiaba, el aire no me entraba en los pulmones. Intenté coger una bocanada de aire que me faltaba. No notaba mi cuerpo y perdí el conocimiento.

En mi subconsciente me encontraba envuelta en una niebla  espesa, sentía frío, mucho frío. Oía muy lejano una sirena, mi cuerpo levitaba hacia una luz clara, potente, resplandeciente. Perdí la orientación y la pérdida de la realidad. Soñaba, esta vez vi al demonio que llevaba de la mano a mi abuela, ella me alargaba su mano y quería tocarme. Oía su voz, me llamaba con un susurro a través de una luz roja intensa que me deslumbraba.

Solo dormía, soñaba, esta vez con unos gatos negros que me miraban con esos ojos amarillos desafiantes. De una forma maligna me clavaron sus garras en la garganta. Noté el dolor que me taladraba.  Advertí una cosa punzante, como uno pincho muy afilado en mi cuerpo. Sentí un miedo aterrador y cerré los ojos. Tuve pavor. Estaba paralizada. Tenía el ánimo bajo, estaba muy sola. No sé cuánto tiempo estuve dormida. Ni cuantos días han pasado.

Los sueños esta vez eran más tranquilos, muy hermosos. Se me acercaban gatos blancos de pelo largo, eran suaves como de angora, me rozaban con su pelo la cara. Ya me siento mejor. 

Cuando me desperté tenía miedo de abrir los ojos.  Cuando los abrí, vi unas personas disfrazadas, no sé  de qué, me miraban entre cristales.

No sabía dónde me encontraba. Miré alrededor y me vi conectada a unos tubos que me enviaba el aire de un respirador. En mis brazos tenía pinchada una aguja conectada a un suero. Una mujer con voz suave se me acercó y me dijo que estaba en buenas manos, que todo iba a ir bien. Cuando tuve conciencia de lo que me pasaba estaba a mi lado una enfermera,  vi sus ojos observándome dentro de una pantalla.  

— ¿Dónde estoy? ¿Qué me ha pasado? pregunté.

— ¡Tranquila! están con nosotros, en el hospital, te recuperas muy bien. Has cogido un virus muy contagioso. Como tienes bronquitis crónica te ha afectado al pulmón y tienes una neumonía severa. La medicación ya está haciendo su efecto, ¡mejorarás! Si todo va bien irás a planta.

— ¿Y lo sabe mi familia, dónde están?

— Están en casa, pero todos los días llamamos para informar de cómo te encuentras.

— ¿Y por qué no vienen a verme?

— Porqué este virus es altamente contagioso y les podrías contagiar. Pero en dos días si estás mejor, te llevamos a planta y te irás  pronto a casa.

Estaba asustada, pero sé que si mejoro me irá a casa y todo quedará en una pesadilla.

730 palabras




Tema: El relato deberá contar con, al menos, uno de estos requisitos (podéis elegir uno, dos o los tres): 
  • Escribir una historia de Terror sobrenatural: Posesiones, fantasmas, sucesos paranormales...
  • Un relato en el que se mencione con sentido la novela El exorcista o al autor, William Peter Blatty.
  • Un relato en el que la acción transcurra en un cine mientras proyectan El exorcista.


  Extensión: 900 palabras como máximo.

  Publicación: Deberéis publicarlo en vuestro blog en este mes de abril.

  




jueves, 26 de marzo de 2020

Los Marcianos vienen de vacaciones





Yo con un marciano




Queríamos visitar la Sierra de Cazorla y disfrutar de la naturaleza. Reservamos un hotel que estaba situado a la salida del pueblo. Llegamos a media tarde. Recorrimos las estancias y lo que nos ofrecía entorno del hotel. Nos instalamos en la habitación. Desde la terraza se divisaba el impresionante y maravillosos paisaje de las montañas repletas de olivares en todo el contorno. 
  
Se hizo de noche, decidimos pasear sin alejarnos del hotel hasta la hora de la cena. A la entrada de comedores nos recibió el metre, nos indicó el comedor y la mesa a sentarnos. Era un comedor pequeño muy acogedor. Nos sentamos hasta que nos sirvieron la cena. De fondo se escuchaba música suave que invitaba al relax. En el recinto de al lado hay un comedor mayor. Allí se instalaron los grupos más grandes. 

Después de cenar antes de subir a la habitación, fuimos a dar un paseo hasta llegar al centro del pueblo. A la derecha de la carretera hay una desviación con una cuesta que va hacia el castillo. De repente vi una nave que llegó desde el cielo y se posó detrás del castillo. Emitiendo unos destellos de luz muy potente. 

—Has visto que iluminado está el castillo -me dijo Pepe.

—Yo he visto como una nave que se posó allá arriba. ¡Anda, que imaginación tienes! Me contestó.

Desde el final de la cuesta, bajaba un grupo de gente que tenía un aspecto muy extraño.

Estábamos cansados del viaje, decidimos regresar al hotel y nos fuimos a descansar.

A media noche no podía dormir, me asomé al balcón. Visualicé otra nave más grande que la que vi posarse tras del castillo que bajaba en vertical. Esta se posó entre los olivares. Me asusté y llamé a mi marido:

—Mira Pepe otra nave y con esa luz tan brillante, está entre los olivares.

—¡Anda, duerme, estarás soñando! -No me hizo ni caso.

Por la mañana temprano nos despertaron los silbidos y el murmullo de la gente. Un grupo grande siempre hace más ruido en una excursión, pensé. Después de ducharnos bajamos al comedor a desayunar, el camarero nos indicó el comedor pequeño y nos dijo:

—Pueden coger del otro comedor lo que les apetezca del buffet. De momento está vacío, pronto llegará el grupo grande y sería difícil acceder a las cafeteras y los alimentos. No dejen que se lleven nadie de este comedor; ni las aceitunas, ni las aceiteras, que se beben todo el aceite.

De nuevo escuchamos ruidos, gritos, silbidos y murmullos que venían del comedor de al lado. Preguntamos al camarero que pasaba, nos dijo:

 —Es  un grupo grande que habla otro idioma. 

Cogimos nuestras mochilas y con un guía y un grupo pequeño visitamos el pueblo y subimos al castillo. Allí nos cruzamos con otro grupo mal encarado; tenían mal aspecto, demacrados de color verdoso, con arrugas muy marcadas, los ojos deformes y por orejas trompetillas. 

—¿No te parecen raros estos extranjeros?- Le pregunté a mi marido.

—Dado hoy que las modas son diversas, no debemos extrañarnos de la apariencia. -Me dijo.

Subiendo las escaleras de caracol de la torre del castillo, bajaba una señora que enfadada, se quejaba: 

—No hay derecho nos tratan como a borregos parecemos números en vez de personas hoy en día.

Con el guía recorrimos el castillo. Escuchamos atentamente la historia muy interesante de los antepasados que habitaron el castillo. Nos mostró unas tumbas de templarios que allí estaban enterrados. 
Terminamos la visita y bajando la cuesta, nos encontramos con la señora que anteriormente se cruzó con nosotros que se quejaba. Estaba asustada y enfadada. Nos contó que en su hotel pasaba algo anormal. Afirmó:

—Estamos sometidos a un horario que no nos da tiempo ni a comer, ni hacer nada. No nos dejan reposar ni cinco minutos. Nos meten prisa para despejar el comedor y nos dicen que nos vayamos a nuestra habitación. El grupo que entra después, se suben por las paredes dando saltos.  En el comedor, lo primero que se gasta es el aceite de oliva, se lo beben. Estamos sometidos a un estrés tremendo. Le pregunté: 

—¿En qué hotel se aloja? 

—En el Hotel Sierra de Cazorla.

—Es el mismo que nos alojamos nosotros, y se descansa muy bien. Solo hay un grupo grande de turistas extranjeros que hablan extraño. Le dijo mi marido.

—¡Extranjeros, yo diría marcianos! Nos vamos inmediatamente de allí. -Le comentó.

Regresamos al hotel a la hora de la cenar. De nuevo en el comedor de al lado se oía los mismos silbidos, murmullos y gritos. Cenamos incómodos por la incertidumbre, y lo que nos contó la señora. Le pregunté al camarero: 

—¿Qué pasa en el otro comedor? hay ruidos y voces extrañas.

—Hay tres grupos y son extranjeros, hablan idiomas distintos.

—¿No serán marcianos verdad?-No contestó.
  
Nos subimos a la habitación a dormir. La noche era oscura y hacía más frío. Desde el balcón miré hacia el castillo alumbrado, vi a esos seres extraños arrastrando unos olivos, daban grandes saltos subiendo en vertical al castillo, los introdujeron en una especie de óvalo con mucha luz. De pronto varias naves brillantes salieron de la torre dejando destellos y desaparecieron en el cielo. 

Los marcianos vinieron de turismo a conocer la Tierra y la naturaleza en La Sierra de Cazorla. De recuerdo se llevaron unos olivos. Les gustó tanto el oro verde, que los llevaron para cultivar en Marte.


 900 palabras 



domingo, 27 de octubre de 2019

MICRORRELATO " Una noche mágica "






Era medianoche  justo en  el equinoccio de primavera. José y María llegaron a Puente Viesgo y preguntaron a un hombre en la entrada del pueblo.  El señor les indicó el camino. 

—Por ese camino, siga el cauce del río, al fondo está la posada - les dijo-

Era un caserón grande, con aspecto misterioso como las fotos de un cuento. Mientras José estaba en recepción comprobando la reserva, María se había quedado en la entrada esperando con las maletas.  En un árbol cercano, un movimiento le llamó la atención, vio entre las ramas un ser que movía sus alas diminutas, transparentes. Era un ser pequeño, que tenía una tez blanquísima, vestía una túnica blanca y una capa azul. En su cabeza una corona de flores silvestres rodeaba su pelo rubio, peinado con unas trenzas largas. Con una voz dulce le llamó la atención y le dijo:

— ¡Chiiiiss, hola! Soy Anjana,  ninfa de la montaña, si me escondes en tu bolsillo, algo bueno  te pasará en la posada.

— ¡Ala pues! ¡Ven entra! - María abrió el bolsillo-

En la habitación, al cruzar el umbral de la puerta algo sucedió: la ninfa salió del bolsillo de María, dejando un hechizo. Les tocó con su varita mágica de espino y esparció pétalos de rosa. Desapareció dejando un aura dorada de un pétalo de color púrpura.
La felicidad comenzó para esta pareja de enamorados que por primera vez, querían vivir una historia de amor mágica e irrepetible que duró hasta el fin de sus días. 

250 palabras 


Ventana de las escaleras entre pisos de la posada La Anjana

Esta es el cuento que escribí en una noche  que pasé en la Anjana en esa primavera. Creí que la había perdido en la desaparición de mi blog en la Comunidad de la Cadena Ser.  Pero  un recuerdo de I.Harolina Payano T. una compañera del blog ( entrar en su blog, os  gustará) me hizo recordar que en el blog, ella ya había leído un cuento parecido en un concurso. Lo volví a escribir para el objeto mágico del Tintero de Oro, pero nunca se escribe igual. Así que os muestro el original que yo tanto busqué. Gracias compañera por esa pista. Lo encontré en el concurso de Microrrelatos MICROFANTASY III

¡¡Espero que os  guste!!