lunes, 18 de abril de 2022

Arrugas en las sabanas " Carmina tiene una visita" 1º entrega del cap. 10º

   Carmina  tiene  una  visita 

El recibidor.
   

Los rayos del sol brillaban y se reflejaban en los cristales de las ventanas abiertas del edificio de la cuarta planta. Algunas estaban cerradas y protegidas por contraventanas verdes. La puerta de la entrada de hierro forjado estaba abierta. Todo el edificio estaba rodeado por una verja pintada de verde. Un estrecho camino flanqueado por un jardín de pensamientos de todos los colores le llevaron al portal de la casa. Tocó el timbre, esperó a que le abriera el portero. Preguntó en qué piso vivía la pintora. El portero le indicó el piso. Sin coger el ascensor, Charo subió decidida las escaleras hasta la segunda planta.
Llevaba en la mano la chaqueta de un traje pantalón color marrón. La prenda se conjuntaba con una blusa verde claro que realzaba el moreno de su tez y le resaltaba más el color de sus ojos verdes. Dudó en llamar a la puerta, esperó unos segundos y tocó el timbre. Carmina se asomó la mirilla y no reconoció a Charo, abrió la puerta. Se quedó sorprendida de la visita y la invitó a pasar.

—Buenas tardes, señora Rabie- le saludó amablemente. ¿A qué se debe tu visita?

Charo la miró inmóvil, sin moverse de la puerta.

—Una de las razones de mi visita es porque le debo una disculpa por mi comportamiento del otro día y de paso a ver el retrato que has hecho de mi marido ¿si lo tienes acabado?

—¡No, no está acabado, me faltan unas cuantas pinceladas además, no lo tengo en casa, mis trabajos los tengo en el estudio. Pero.... si quieres otro día te invito a mi estudio y lo puedes ver, aunque prefiero que lo veas acabado. Te puedo enseñar otros cuadros míos que tengo aquí por la casa.

—¡Pasa, pasa, por favor! - Le invita a pasar de nuevo-

—¡Ya estás disculpada! comprendí en todo momento tu nerviosismo y tu estado de desesperación en el hospital.

—¿Qué tal va evolucionando tu esposo? -le preguntó a continuación-

—¡Va bien! en dos días le dan el alta.

—¡Que bien! me alegro Charo.

—¿Entonces volverá a casa?

—¡No exactamente!. Hay un asunto que quiero hablarte.

Carmina dudó extrañada. Al final tras mirarla se hizo a un lado y le indicó a entrar en el recibidor.
—¡Pasa, pasa, por favor!

Comedor tallado.
            

El recibidor le resultaba muy agradable. En algún lugar de la casa sonó un reloj. Frente al recibidor, estaba la cocina y a la derecha, el comedor con una enorme mesa de madera tallada rodeada de sillas tapizadas en la que podían sentarse una docena de comensales. Junto a la pared había dos aparadores uno frente al otro, con adornos de plata y cristal sobre ellos. Brillaban a la luz del sol que se reflejaba por la ventana abierta. Encima, en la pared unos grandes cuadros colgados firmados por la pintora.

—¡Siéntate por favor!- le indicó Carmina indicándole un sofá en el salón.

—Gracias- Charo puso su chaqueta en el respaldo del sillón.

Salón de la  casa. 

                
Un sofá de color salmón, ocupaba parte de las cristaleras, el fondo la chimenea del salón, enfrente dos butacas tapizadas del mismo color, al lado del balcón una mecedora. Entre las butacas y el sofá una mesa baja de cristal con cuatro patas torneadas de madera. En un rincón una mesita con una lámpara y el teléfono. Dos grandes ventanales con cortinas lisas y en las paredes varios cuadros. Aquella habitación emanaba una sensación de serenidad. Charo parecía sentirse incómoda en aquel elegante escenario. Antes de tomar asiento se detuvo frente a la librería que estaba detrás de los sillones y llegaba hasta el techo. Los libros abarrotaban todos los anaqueles.
                 
     Librería pintado al óleo.

                                           

 —¿Cuántos libros, son tuyos?- preguntó.

—Bueno, unos son míos, pero la mayoría son de mi marido, Salvador es un gran lector.

—¿Los has leído todos?

Ella miró como si no entendiese la razón de la pregunta.

—¡Por supuesto que no! Leo algunos que me interesan pero... no todos.

—Se dirigió hacía una butaca y señaló el sofá a Charo mientras sentaba en una butaca.

—Ponte cómoda Charo, ¿te apetece un café o un refresco? - le ofreció Carmina.

—No, pero si me apetece un poco de agua, ¡por favor!

Carmina fue a la cocina y trajo en una bandeja una jarra llena de agua con dos vasos. A ella todo aquello le producía una extraña tirantez, pero estaba dispuesta a escucharla.

—Has dicho que tenías que hablarme de algo. -preguntó la pintora-

—No es tan fácil lo que te voy a contar. Hay cosas que tú desconoce y que debo decirte.

—En ese caso cuéntemelas, te escucho con atención.

Cuando despidió en la puerta a Charo, Carmina cerró y se quedó pegada a la puerta de la entrada aturdida. Primero por la visita y después porque Charo se atreviera a confiar en ella y contarle algunas confidencias sobre Salvador. Que pudiera contárselas con tanta facilidad. Le había parecido tan fácil abrirle el corazón y el alma y revelar todas las cargas que llevaba, todo lo que había tenido que pasar y confiárselo a ella.

De pronto Charo se encontró con que no sabía ni que decir ni que hacer y se recostó en el sofá. Las lágrimas asomaron a sus ojos. La dura mujer que en el hospital le había parecido a Carmina ahora se sinceraba con ella como si de una amiga íntima se tratara.
Carmina pasó el resto de la tarde recordando la conversación que mantuvo con Charo y meditando sobre la situación en que se encontraba ella en este triángulo trazado entre el amor y la amistad. Sólo la llegada de Joan y sus hijos le hizo que sus pensamientos dejaran de latir en su mente.

Ya tenía la cena preparada y en la cocina cenaron todos en familia. Después de cenar y recoger la cocina, los chicos y Joan fueron a ver la televisión y Carmina se fue a su habitación, estaba cansada y prefería estar sola. Una vez en la cama cogió el libro que tenía sobre la mesilla y acostumbraba a leer antes de dormir, convencida de que embebida en su historia dejaría de pensar en la suya.

El sonido del aparato que llegaba hasta la alcoba no le dejaba concentrarse en la lectura. Afloró el cansancio y no lograba enterarse de lo que leía, dejó el libro sobre la mesilla y apagó la luz, dispuesta a dormir. Las escenas del día se repetían en su mente con tal fuerza que le inquietaban cada vez más. Se durmió. Unas dos horas y más tarde se despertó sobresaltada.

Su marido dormía plácidamente a su lado. Se levantó y fue al baño, se mojó la cara y volvió a la cama. Carmina pasó el resto de la noche en blanco, con los ojos fijos en el techo. La angustia se apoderaba de ella. Rogó a Dios que disipara las tinieblas en que se debatía.



Continuará...


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jueves, 14 de abril de 2022

Receta: Pastelitos de Belén o de nata.

Hoy os voy a mostrar esta receta muy fácil de pastelitos de Belén, típicos de Portugal.











Los he  hecho dos veces  y aunque me han salido ricos  todavía no he acertado con su volumen. 

Ingredientes:

1 lámina de hojaldre.

4 yemas de huevo.

100ml de leche entera.

200 ml de nata para montar. 70 gr de azúcar. 30 gr de maizena.

Canela n rama y piel de limón.

Modo de preparación:

Se recorta el hojaldre con un vaso que tenga el diámetro del molde. y se colocan.

En un cazo se pone la leche y la nata  y se aromatiza con la piel de limón y la canela. Se deja templar y se le añaden los huevos batidos, el azúcar y la maicena. Se le da vueltas despacio a fuego lento hasta hacer una crema espesita. Se le pone en los moldes  con el hojaldre sin llenarlos muchos para evitar que se salgan. Se  meten al horno precalentado a 200º durante 20 minutos con el fuego arriba y abajo.




Estos últimos hice la crema con  los mismos  ingrediente de la leche pero los polvos de hacer  el flan Potax y  quedaron  muy ricos. Más Fáciles de elaborar. 




lunes, 11 de abril de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA " Carmina va al hospital" 10º cp.

                             Carmina va al hospital
Enfermera  pintado al óleo.

                                                                                                                                      

El sol de la mañana le calentaba la espalda y su calor le resultaba reconfortante frente a la brisa fresca. Hacía una mañana preciosa. Carmina caminó a paso decidido. Tenía que hacerlo, y cuanto antes, mejor, pero de pronto aflojó el paso. No iba a ser fácil. Entró en el hospital, subió a la planta donde sabía que estaba Salvador. Miró a su alrededor, tras mirar por última vez y cerciorarse de que no había nadie, respiró hondo y llamó. No contestó nadie, volvió a llamar. Miró hacia atrás con nerviosismo y abrió la puerta. La cama estaba vacía con la almohada y las sábanas arrugadas. La ventana abierta, la brisa de la mañana jugaba con los pétalos del ramo de flores de la mesilla.

                                
           Desnudo  masculino  pintado a carboncillo                            Piernas  femeninas pintado a pastel.


Él estaba en el baño, se había levantado para asearse, tenía el torso desnudo. Carmina se quedó frente al aseo, con el corazón saltándole del pecho y un extraño calor en el cuerpo. Seducirla fue para Salvador un aprendizaje sencillo, los sentimientos son universales, pero cada persona tiene una manera única de reaccionar a los estímulos externos. 
Carmina sintió que el corazón se aligeraba al acercarse a él, ella se quedó sin respiración y le miró. Salvador le alargó la mano y la atrajo hacia sí. La pintora no rechazó sus caricias, sólo sonrió nerviosa con timidez. Cuando su amado le abrazó contra su torso desnudo, la besó, le subió la falda hasta la altura de sus glúteos y la sentó sobre el lavabo. Lo demás fueron jadeos impúdicos por su parte y besos sin límite por parte de Carmina.

—¡Espera! No vayas tan deprisa-Le dijo a Salvador sujetándolas por las manos.

Cuando las manos de Salvador quisieron abarcarlo todo sin reposo, pretendiendo estar a la altura con los dedos, seguros, precisos, experimentados. Le besó los muslos, arrodillado ante Carmina. Ella le acarició el pelo. Sonreía, suspiraba echando la cabeza hacia atrás, apretando la suya, entregada a una excitación exagerada. Los besos fueron lo mejor, debido a la intensidad de sus labios. Y las palabras sólo las pronunció el periodista:

—Deja, déjate hacer, cierra los ojos, no digas nada, sólo siente.


    Pintado al óleo. 
                       

Cuando Carmina se puso de pie contra él, sintió el falo, sus muslos ya estaban mojados. Ella se lavó las piernas con agua fresca y él durante un instante se dedicó a observarle en aquel momento de intimidad. La falda se le quedó subida lo suficiente para que las piernas quedasen al descubierto, Salvador sintió un estremecimiento que le produjo calor, en el instante en que se abría la puerta. Pensamientos de distinta naturaleza se abrieron paso en su cabeza:

—Señor Rabie- entró la enfermera-

Carmina se bajó la falda y tapó su cara. Sus mejillas pasaron del rosa al rojo más encendido. Se lavó la cara. Qué vergüenza que la hubiesen pillado en una postura tan poco delicada ¿Qué pensaría de ella? Pero su vergüenza se transformó en otra cosa al ver la expresión de la cara de la enfermera. No parecía pensar mal de ella, no se debió de dar cuenta.

—¿Quería usted algo? - le preguntó Salvador-

—¿Si le apetece tomar un zumo?

—Sí, de naranja por favor.

La enfermera sirvió el zumo y se marchó. Salvador lo único que era capaz de hacer en aquel momento fue mirar a Carmina y pensar en lo bella que estaba, lo guapa que se ponía con las mejillas arreboladas. Y en sus labios, del mismo color, nunca había basado unos como los suyos. Salvador carraspeó:

—Es hora de tomar el zumo -dijo a Carmina saliendo del baño.

Pero en lugar de decírselo así, sonrió. Él sintió la respiración de su pecho y pensó, no ha sido más que un calentón del momento. Se sentó a los pies de la cama, se hizo a un lado para que ella se sentara y la invitó a compartir el zumo. Sus manos se rozaron. Ella tenía sus dedos cálidos. El periodista la miró a los ojos y se dio cuenta de que ella intentaba no venirse abajo. Parecía tensa y preocupada. Como si estuviera ansiosa por marcharse.
—¿Qué crees que pensará la enfermera de todo esto si nos ha visto?

—¿Qué va a decir? - le dijo-

—Si nos ha visto, que creo que no, guardará el secreto. - Le sonrió con picardía.

Los dos se pusieron a reír, cuando Salvador le miró a los ojos, con aquellos ojos azules, se sintió perdida. Y el también y durante aquellos segundos pensó lo maravilloso que era estar prendido y enamorado de una mujer como Carmina.

Ella comprendía lo que le estaba pasando. Compartía un amor secreto con el hombre al que amaba. Sus ojos brillaban con mucha luz que al mirar al rostro de Salvador estaba aún sin afeitar. Carmina intentó decirle entonces que se tenían que alejar poco a poco. Desde que había conocido a su esposa se sentía peor. Se culpaba de haberse entrometido en su vida y estropeado su matrimonio.

En ese instante Salvador abrió mucho los ojos, volvió a mirar a Carmina y le dijo:

—Eres la única mujer de mi vida a la que hoy deseo poseer plenamente, me renuevas, me haces florecer. Experimento contigo nuevas sensaciones como si volviera a empezar de nuevo como si fuera un adolescente. Como si contigo no existiera obstáculos para mí, como si me convirtieras en un hombre nuevo. Como si, al fin, y de verdad comenzara a sentir de nuevo la esencia del amor...

—Trata de comprender lo que te digo, esto que nos está pasando es maravilloso. El amor se ha hecho fuerte entre los dos. Trataré de hablar con mi mujer, explicarle lo que me pasa y lograré que ella que lo comprenda también.

                            

Continuará...

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sábado, 2 de abril de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA " Muchas dudas" IV entrega del 9º cp.


          Muchas dudas 
  Subiendo  al  autobús, pintado en acrílico.

                                                                                           
A la salida del hospital tuvo que correr para coger el autobús, estaba dando el intermitente para salir. El chófer la vio por el retrovisor y la esperó, le abrió la puerta. Carmina mientras pagaba el billete, inclinada buscaba un asiento, en la trasera del bus había uno libre. Ya acomodada se relajó pero, tantos son los pensamientos que revoloteaban por su mente que se topó con la otra realidad. Solo le hizo descubrir que hasta entonces era extrañamente feliz.

Se dio cuenta que se había entrometido en la vida de otra familia. Conocer a Charo, encontrarla tan desesperada le causó impacto, pero claro, en estos momentos estaba en una situación límite. Qué diferente era todo, de lo que ella se imaginaba por lo que le contó Salvador a conocerla y hablar con ella. Le parecía que pertenece a esa clase personas que creen que si no las respetan, las ofenden.

Piensa ahora que Charo sólo concibe la pareja en posesión, que hacen de su vida un presidio en el que los celos son presos de lo que una vez fue llamado amor y después se convierte nada más que en costumbre. Se había dado cuenta que podía con su ayuda ser generosa y no sabía si podría ser capaz de compartir su amor por Salvador con Charo. Y aunque le costara tenía que vivir como hasta ahora, seguir con su vida anterior y tratar de compartirlo.

Porqué ahora tantas dudas, se sentía como una marioneta atrapada en los hilos que los maneja una sola persona. De repente descubrió que poco sabía Salvador, él siempre le decía que estaba enamorado de ella, que la quería, lo decían sus miradas, sus pequeños susurros, sus cortos encuentros y sus largas llamadas. También pensaba en su familia, su marido y en sus sentimientos hacia él. Carmina siguió distraída a lo largo de todo el trayecto. El autobús se paró con un frenazo suave en un semáforo en rojo, se percató que en la próxima parada tenía que apearse.

Minutos antes de llegar a su destino tocó el timbre, el bus paró en la parada ella se bajó. Cabizbaja caminó despacio y sin prisas hacia su casa, necesitaba despejarse, pensó que quizás hubiese debido ser más fuerte, sin levantar los ojos del suelo, respiró profundamente y dejó que las excusas salgan en su defensa diciéndose para sí, en voz baja, nunca fueron culpables los sentimientos, ni enamorarse fuera pecado. Levantó la cabeza, le gustó recibir la sensación del aire en la cara.

Por la noche en la soledad de su dormitorio a Carmina se le multiplicaban aún más las dudas, sabía que esa relación con Salvador estaba mal, y la mantenía, sabía que algo nuevo en su interior sentía cada vez que estaba con él. Unas veces dudaba y no se definía por uno o el otro. Y amor... ¿lo sentía por los dos? Las dudas le corroían y se enfadaba, no lo podía evitar, se agarraba a la sabana y la estrujaba de rabia. Otras veces no estaba segura de su comportamiento, se sentía flotando en una nube. Algo le pasaba que le hacía dar golpes de ciego. ¿Cuánto tiempo podrá vivir dos vidas amorosas paralelas? que distintas son las relaciones. Joan tan tranquilo y sereno y Salvador tan apasionado.

Cuando tenía alguna relación marital con Joan Carmina intentaba disfrutar y él se esforzaba por satisfacerla, pero en la mitad de la escena a Carmina visionaba la mirada de Salvador, la tenía siempre presente. A pesar de todo ella se mostraba piadosa y cauta a la hora de fingir. No emitía ningún gemido, ni decía ninguna palabra, ni cuando estaba en de lleno en pleno coito.

Carmina comprendía que ya tenía su vida, su mundo formado por su familia, por su trabajo y por su hogar. Llegó a darle miedo aquella locura. Pensaba que lo mejor para los dos era dejar de verse, intentar alejarse, pero tan solo de pensarlo se ponía nerviosa. Mientras pensaba, si fue un error demostrar tan pronto sus sentimientos y si fue un error dejarse cegar por su mirada, por el resplandor de sus ojos claros. Se da cuenta que se equivocó, pero a su vez no se arrepiente. Sabe que ese error le puede hacer daño y le duele. Pero también sabe que le ama y sabe que es un amor con un sentimiento verdadero y eso lo compensa todo ese sufrimiento. ¿Será una marioneta a mano de Salvador?

  Txontxonguillo o marioneta.

                                            

Continuará...

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