lunes, 22 de agosto de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA " Se dejaron llevar por la pasión " IV entrega del 16º Cp.

                   
                                          

Carmina le esperaba con los brazos abiertos y lo rodeó por la cintura. Se dejaron llevar por los sentidos. Sus labios se buscaron y el beso apasionado dejó entrever la ansiedad por estar juntos. Carmina buscaba las manos de él y en su encuentro entrelazaron los dedos. Así, juntos, se dirigieron al cuarto contiguo al estudio.

Se desnudaron mirándose el uno al otro hasta quedarse en ropa interior. Ella con un conjunto de braga y sujetador negro y él con un slip blanco. La mirada de Salvador hacia Carmina era tierna, de deseo. Se volvieron a abrazar y las manos de él bajaron desde los hombros, los tirantes del sujetador, hasta la redondez de sus pechos donde sus manos se detuvieron e hicieron un hueco entre el sujetador para tocar sus pezones. Los rodeaba con sus dedos mientras los de la pintora se entretenían entre su cabello.

A su lado, la cama en la que se recostaron mientras apagaban la luz de la mesilla. Desde la ventana entraba un resquicio de luz solar por la que se dejaba traslucir la silueta de sus cuerpos. Se acariciaban la piel, sus labios se buscaron. El beso les transportaba a un lago de sabores y texturas mientras sus lenguas se rozaban.

               

Él volvió a acariciar los pechos mientras los labios se deslizaban desde la boca por todo el cuello hasta llegar a los pezones erectos de Carmina. Los succionaba como un bebé tratando de saciar su hambre y los acariciaba con la lengua mientras sus manos le abarcaban los dos pechos. Carmina le besaba la frente y le daba pequeños mordisquitos en el lóbulo de la oreja.

La boca de su amado continuaba el recorrido por el cuerpo desnudo, hacia el vientre donde los efluvios del sexo comenzaban a desprender su aroma mezclándose con el olor de la piel. Las manos recorrían las curvas de sus cuerpos, los muslos y las piernas hasta el dedo gordo del pie. Comenzó a darle besos deslizándose desde las pantorrillas, a la parte posterior de las rodillas hasta encontrar los muslos por los que su lengua, recorría la zona interior de los mismos.

Las manos de él deslizaron suavemente las bragas pierna abajo hasta quitárselas. La boca de su amado se introdujo en la selva de vello púbico por la que surcaba la vereda en busca de otros labios hundiendo la lengua hasta que ella se retorcía de placer al sentir las sensaciones que su mente multiplicaba.

La sensación de placer que sentía Carmina le hacía perder la cabeza hasta que el impulso de Salvador por ponerse encima de ella tratando de rozar su sexo con el de ella y en el intento de introducirlo en la vagina, no se pudo contener y el líquido seminal terminó por esparcirse.

Salvador hizo un gesto de inconformidad ante la situación. Carmina con gesto enérgico, tomó la cara entre sus manos y le apretó contra su pecho. Trató de tranquilizarlo mientras le acariciaba. Silenciosamente lo calmó dándole besos por toda las partes de la cara.
Después de un rato se levantaron y Salvador lo primero que dijo fue que trataría de visitar al médico.

Salvador sentía una sed ardorosa. Extendió la mano hacia una jarra de agua y se llenó un vaso. Lo bebió. Su sed quedó olvidada en el acto. Seguido le dio un abrazo de honda gratitud a Carmina por todas sus atenciones. Qué atenta, que cariñosa fue para él. Cuánta ternura, y cuanta serenidad se reflejaba en su hermoso rostro. Cuánto amor humilde expresaba su mirada. Y cuán dulce y cercana le resultaba la sensación que dejaban sus besos.

Luego, en la salida, las escenas de despedida tras la puerta. Salvador se marchó. Carmina dio un suspiro que le llegó al corazón, se entregó a sus pensamientos. Pensó, una vez más, en aquel instante lleno de imposibles, mientras una ola de fuego, tan dulce como la miel y tan ácida como el limón, atormentaba su corazón.

Se planteó una vez el problema, de sí le ayudara a Salvador en lo que acababan de hacer o en insistir que intentara acercarse a su esposa y que acudiera al médico con ella. Las dudas le recomían su alma.

Se preguntaba si se estaba haciendo daño contra sí misma, pues si seguía la relación podría enfrentarse con aquella mirada interior que cada ser humano lleva en su fuero interno. O si por lo contrario la necesidad de ayudarlo, no degradaría su dignidad y honor femenino. Sus dudas eran más poderosas que los posibles esfuerzos al dilema.

Cuando Salvador Salió del portal, caía una suave lluvia, pero él levantó su rostro y dejó que las gotas de agua mojaran sus mejillas. Subió por la cuesta empinada y abrió el coche y antes de conectar el motor sacó un cigarrillo de la cajetilla. Lo sostuvo entre las manos y al hacer el gesto de encenderlo lo miró y pensó. ¡Fumo demasiado! Se peguntó; ¿No será este vicio la causa de mi problema de disfunción eréctil? Agarró con fuerza el cigarrillo y lo estrujó en las manos. Bajó la ventanilla del auto y lo tiro con rabia contrariado.

Pensó, ¿Cómo voy a terminar con este problema? No tengo más remedio que acudir al médico. Iré al médico y lo consultaré. Dejaré que me haga un chequeo.... Pero cómo podía terminar con aquello.
         


En su mente seguía viendo a Carmina abandonarse en sus brazos; los pétalos de su boca suaves acariciando la suya, ahogando sus deseos con sus caricias; notando que la dejaba satisfechas de sus caricias, pero en la entrega total la dejaba insatisfecha.

Ella no lo demostraba, pero en su duda sí, ¿Cómo podré darle más? ¡se lo merece! Se miró al espejo retrovisor y dos lágrimas brotaban como dos diamantes y le caían por las mejillas. Vio como sus ojos se le ponían rojos, y con desesperación, cerró con fuerza sus párpados.

¡Loco! - Se dijo a sí mismo- ¡loco!


Continuará...




Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905













sábado, 20 de agosto de 2022

Ruta desde Oleta a Mendetxa y Lekeitio

Tenemos muchas rutas para caminar en el País Vasco. Y esta que os voy a mostrar ahora, es muy bonita. Había oído hablar de ella a mis amigos pero por primera vez la recorrimos con ellos. La hicimos el día 14 de agosto. 

Se trata de ir desde Oleta a Lekeitio por el monte a orillas del rio Lea. Cruzando las marismas de la ría. Nosotros salimos en coche desde Mallavia hasta Oleta. 

Se recorren unos 8'11kms con un desnivel moderado a orillas del río Lea, que nace el las faldas del Monte Oiz. Entre Oleta y Mendexa, es una ruta más larga pero nosotros hicimos este tramo, es el más bonito de la ruta, especialmente su paisaje y la ría del Lea que nos muestra las marismas en baja mar.

Tiene varias cuestas pero, no tienen mucha dificultad. El día estaba nublado lo que nos facilitó el disfrute de la ruta, porque no pasamos calor.

Puente en Oleta sobre el rio Lea.
Una vez de dejar el coche aparcado en el barrio de Oleta cruzamos el puente sobre el rio Lea. Pasamos una pasarela de madera protegida con una maya para evitar resbalones y a la derecha hay un indicador que marca la leprosería o Hospital Viejo.
Rio Lea al comienzo de la Ruta en Oleta.

La entrada al camino, se encuentra balizada, y a lo lejos ya dejamos el barrio de Oleta, tras andar unos metros por una pasarela de madera que evita un tramo embarrado, por el que seguramente pase una acequia o se filtre el agua del río, enlazo con el camino principal.

Los puentes con escaleras los hay en tramos del recorrido.

Nos adentramos en zona boscosa entre pinos y eucaliptus.

Unos metros más adelante, puedo ver una antigua presa, un elemento muy habitual a lo largo de la ruta, y que servía para llevar el agua a las ferrerías y los molinos.

Continuando la marcha, llego hasta un puente de un solo arco, que dejo a mano derecha, desde este punto puedo ver las ruinas del Hospital Viejo construido en el año 1632, de estilo barroco y que fue construido para atender a los enfermos de la iglesia de Mendetxa y de alrededores. Se dice que también atendieron leprosos.

Hospital Zaharra.

El sendero discurre en parte por un antiguo Camino Real,  es un camino que esta construido con los restos de escoria de la antigua Ferrería de Yarza, camino por el que fue Felipe II, para contratar sus servicios.


En los terrenos de marismas hay un cementerio de barcazas que ahora las están reparando para usarlas en las fiestas de gansos.


Cerca de un caserío unos manzanos en el camino.


Aparte de cuestas también hay en el camino tramos llanos y soleados.




Con la marea baja  al fondo el palacio Zubieta.

Rosa, Pepe y Taxio a la vuelta.

Al ir la marea estaba muy baja, Había mareas vivas.



La marea viva muy baja en la ría cuando llegamos a Mendetxa.

Se podía pasar por el camino de Lumentza a la isla.

Isla de Limentza y playa de Karraspio con marea baja 

Playa de Izuntza.


En la playa de karraspio.

Cuando llegamos a Mendetxa por la mañana estaba nublado. Tomamos el aperitivo en la playa de Karraspio. Fuimos a comer al Batzoki en Lekeitio, el menú sencillo Unas croquetas de entrante, Marmitako, pollo asado y bonito con tomate, regado con vinos y cervezas. Estuvimos dando un paseo por el puerto. Tomamos café en el Hotel Emperatriz. Por la tarde que salió el sol, se quedó una tarde muy agradable.
Por la mañana el puerto el cielo muy nuboso.

Puerto pueblo  y playa de Izuntza.

Con Taxio y Rosa

Sobre las 6 de la tarde decidimos dar la vuelta y emprender el camino al contrario de lo que recorrimos a la mañana.


A un lado del puente, puedo ver el mar cantábrico, una pequeña playa y la embarcación Boga Boga, que es un claro ejemplo de la construcción naval, que se realizó en esta zona, hasta mediados del S.XX.

 La ría con la marea alta bajo el Puente Itzunza.

Antiguos astilleros.

El Molino de Mareas Marierrota. 

El Palacio de Zubieta, 

El Palacio de Zubieta.
De regreso por el área de las chalupas. 



Tras realizar una ligera subida, y descender nuevamente, llego hasta una carretera de acceso a varios caseríos de la zona, que recorro unos metros cruzando un puente sobre el río, que nos lleva hasta las primeras casas de Oleta, hasta llegar a la carretera volvemos al aparcamiento y fin de la excursión.
En la última pasarela al volver.
Rio Lea.
Caseríos en Oleta y al fondo el aparcamiento. 

El recorrido lo hicimos en hora y media, a pesar de que yo me paraba mucho haciendo fotos.
 
¡¡Espero que os haya gustado!!


jueves, 18 de agosto de 2022

Recetas de cocina: Buñuelos de Calabaza

 

Ingredientes:

200 Gr. de calabaza cocida.

150 gr. de harina.

1 sobre de levadura. 

100 gr. de azúcar.

1 huevo.

aceite para freír 

azúcar y canela  para espolvorear. 


Preparación:

Se cuece la calabaza en trozos sobre unos 10 a 15 minutos. Se escurre y se aplasta. 

Mientras se cuece la calabaza preparamos la masa. 

En un bol mezclamos la harina  con la levadura y el azúcar. Mezclo el huevo batido a la masa y la trabajamos. 

Cuando está la calabaza se mezcla envolvente que coja aire.

Ponemos el aceite en un recipiente hondo para poder freír. El aceite si os gusta sin sabor de girasol. Calentarlo bien y ir echando cucharadas de masa y se dejan dorar.

Se escurren en papel para que suelte el exceso de grasa y se envuelven con azúcar y canela.


¡¡Hacerlos que os gustará!!

lunes, 15 de agosto de 2022

ARRUGAS EN LA SABANA "Nos puede ver alguien" III entrega del 16º Cp.


    Nos puede ver alguien




Carmina se levantó y hecho a andar. Los pasos de él se dejaron oír detrás de ella. Muy poco antes de que la alcanzara, sintió un curioso temor interior. Un temor a alguien, que ni siquiera es su esposo, se cernió sobre ella, Salvador la agarró del brazo y la detuvo:

— Carmina ¡No te vuelvas tú también contra mí! Le imploró con un tono gutural-¡Qué imbécil e insensible soy!. Me pregunto si podría hablar de la cuestión con Charo.

— ¡Salva, cuidado! nos puede ver alguien.

El periodista le soltó del brazo. Carmina siguió adelante, él la siguió con la mirada. Ella le conocía tan bien, que podía adivinar lo que estaba pensando sin necesidad de volverse para mirarlo. El se quedó mirándola. Su gesto allí de pie, y la expresión con la que la veía alejarse, hasta que sus ojos no podían ya verla. Solo la sentía en el corazón.

Carmina se avergüenza y pensó en abandonar a alguien con quien estaba tan identificada y enamorada. Poner entre ambos la distancia de un camino o una vida, bien sea por el momento o para siempre. No se habían unido para terminar así.

—¿Porqué me voy con él?- pensó ella. No se todavía si es amor lo que siento.

Pero no se hubiese podido volver atrás aún cuando lo hubiese querido; algo más poderoso la impulsaba. Tal vez por extraño y paradójico que parezca, era el amor que por él sentía, en su más puro sentido, lo que le inducía a alejarse de él.

Carmina caminaba aún más deprisa, el recodo de la calle quedó atrás. Sus ojos, cuajados de lágrimas, no podrían ver a Salvador aunque lo tuviera delante. No obstante siguió la marcha sin volver la cabeza. Caminando aun más deprisa.

Salvador fue a buscar su coche que lo tenía aparcado. Conducía su automóvil despacio hasta que la volvió a ver y se paró a su lado:

— Sube, Carmina, no es necesario que vuelvas a pie. Yo te llevaré.

Se miraron y un relámpago de calor restalló entre ellos. Imágenes de lo que había ocurrido durante su relación se materializaron ante los ojos de Carmina. Y por el gesto que hizo Salvador supo que él estaba pensando lo mismo. Su mirada volvió a él, y Salvador le devolvió la mirada impertérrita aunque con los ojos encendidos y Carmina con las mejillas algo coloradas.
¿Cuánto orgullo no había tenido que sacrificar para volver a pedirle a ella, después de lo que había pasado entre ellos una nueva oportunidad? Admitir, precisamente ante ella, su carencia infame.

— Carmina asintió- ¡De acuerdo te ayudaré! quedaremos para otro momento-

Tragó saliva. Tenía las emociones destrozadas y para ella sería mejor en otro momento, cuando hubiera más tiempo de prepararse. En aquél momento apenas podía discernir el blanco del negro, pero no se atrevió a negarse.

Él había hecho un enorme esfuerzo para pedírselo y ella estaba en deuda con él.

Ella se volvió suavemente, subió al coche y se sentó a su lado, lo beso en un impulso. Ninguno de los dos dijo nada. Era uno de esos momentos demasiado llenos de emoción para malgastarlos en palabras. Carmina cogió la mano de su amado que la tenia sobre el volante y la llevó a sus labios apretándolos contra ellos febrilmente, en silenciosa gratitud.

Salvador aparcó el automóvil en una pequeña cuesta cercana al estudio de la pintora. Ella se bajó y se dirigió a su estudio, trascurridos cinco minutos le siguió Salvador. No hizo falta que tocara el timbre, la puerta estaba entornada.

                

Continuara...







Mº Carmen Píriz García - registro: 0910304797905